Incipio
Segunda reforma agraria

Siete meses y la II reforma agraria ni por asomo [OPINIÓN]

Escribe: Dr. Francisco Palomino García, exviceministro de Agricultura y exjefe de la Autoridad Nacional del Agua

Bastaron solo siete meses para desnudar “la segunda reforma agraria, anunciada a partir de la segunda vuelta electoral, recogida del plan de la fracasada izquierda caviar.

Mientras “la primera reforma agraria”, implementada por Velasco Alvarado, tuvo como eje principal la redistribución de la propiedad agraria, bajo el lema de “la tierra es para quien la trabaja” –cuyo saldo es el  minifundio, el abandono rural y la pobreza migratoria del campo a la ciudad–, la denominada “segunda reforma agraria” carece de eje político y estratégico; pero además, por los hechos y resultados obtenidos, no tiene sentido seguir insistiendo en algo que ni siquiera ha sido definida como política, plan, programa, proyecto o actividades nacidas de la improvisación y la coyuntura.

Mensajes distintos y variopintos

Los mensajes lanzados por el gobierno de Castillo han sido distintos y variopintos, desde aquellos que sostienen que el eje estratégico “podría” ser el agua o el crédito, o la investigación, la tecnología y la reconversión productiva hasta la vapuleada agricultura familiar, sin faltar quienes sostienen que la segunda reforma agraria consistiría en el incremento del presupuesto público, la reingeniería institucional del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) y sus organismos adscritos; inclusive, la seguridad alimentaria y la descentralización política y administrativa de la gestión agraria. Pero lo cierto es que nada bueno ni nuevo se avizora en este sacrificado y difícil camino a seguir por el desolado mundo del productor agrario, quien permanece cargando sobre sus hombros el viejo drama de la incapacidad de nuestros gobernantes de turno; mientras tanto, el agro sigue en el absoluto abandono que nos dejaron los expresidentes Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y Francisco Sagasti.

Sin embargo, lo grave es que el piloto automático adoptado desde años atrás, se expresa en la corrupta, inepta y pésima administración de los escasos recursos destinados a combatir la pobreza rural.

Todo es más de lo mismo

Solo se observa “más de lo mismo” con una rémora ministerial que “no pone ni enclueca”. Lo cierto y real radica en que estamos ante un panorama gubernamental hueco y vacío, sin mensaje y sin mensajeros idóneos y decentes, que busque mitigar al menos el dolor y sufrimiento del campo y las crecientes necesidades de una ciudad cada vez más sedienta y cada día más hambrienta. Aunque parezca apocalíptico, estamos ante un escenario agrario extremadamente crítico, gobernado por la farsa y la estafa pública: donde la segunda reforma agraria es la inminente destrucción de la confianza del hombre del campo, de la producción y de la esperanza.

Para consumar la situación crítica que atraviesa la campaña agrícola 2020-2021, cuyos estragos económico productivos y sociales lo sentiremos en los próximos meses, el poder está cada vez más omnímodo y voraz, ha acudido al aturdimiento colectivo propiciado por una prensa amarillenta y embustera, sumisa y alejada cada vez más de la verdad, esa que nos podría conducir hacia la libertad, al menos a la dignidad. Pero, además, los productores agropecuarios permanecen expuestos a las fauces de un congreso pusilánime y mercader de los intereses nacionales, ajenos al drama del agro y totalmente incapaces de atender los álgidos problemas que afrontan 2 millones de agricultores. Hay un despropósito para mirar el panorama y re-examinar la triste historia a fin de no repetirla como farsa ni como tragedia.

Sin liderazgo y sin norte

Lo cierto es que sin liderazgo y sin norte, lamentablemente, es inminente que la gestión pública agraria vaya hacia el fracaso. El agro requiere como el país, de líderes probos y consecuentes, capaces de sacarnos no solo del largo letargo sino fundamentalmente de la cruel pesadilla originada en las urnas.

Siete meses desperdiciados en el sector agrario, desde julio de 2021, manejado bajo reglas inciertas durante cuatro gabinetes ministeriales que “gobernaron” con los mismos funcionarios que destruyeron la agricultura e impidieron reestructurar y reorganizar, desde sus raíces, sus organismos adscritos, fletados de burócratas dedicados a entorpecer los escasos intentos por mejorar el sector. Es el caso de la Autoridad  Nacional del Agua (ANA), manejada hoy día por una costra burocrática ajena a los fines y objetivos para los que fue creada e implementada, al extremo de la  desnaturalización de su rol de ente rector técnico y normativo y máxima autoridad del sistema nacional de gestión de los recursos hídricos, distorsionada su función de garante de la disponibilidad de agua e impulsora de la ampliación de la frontera agrícola, capaz de atraer inversiones y suficientes recursos económico-financieros frescos con generación de empleo, divisas y desarrollo.

Somos testigos de excepción que nada se ha reformado. Siete meses y la segunda reforma agraria ni por asomo. Todo permanece igual o peor para el sector agrario y su desdicha hace años institucionalizada.

ANA es una rémora

La Autoridad Nacional del Agua es una rémora a la que hay que reorganizarla desde lo más hondo de su oscura estructura, desactivando el enorme cuello de botella, expresada en las burocráticas autoridades administrativas del agua que impiden el funcionamiento adecuado de las minimizadas administraciones locales de agua, atomizadas y creadas sin ningún criterio técnico ni de planificación de la gestión del desarrollo. Ninguna medida orientada al fortalecimiento de las organizaciones de usuarios de agua a quienes se les sigue negando el justo reconocimiento de su importante función de operadores de gran parte de la infraestructura hidráulica pública del país, encargados, además, de su mantenimiento y desarrollo, además de la distribución y suministro de agua de uso multisectorial que el estado no estuvo en capacidad de hacerlo.

 Fracaso de los CAT

Todo lo contrario, se han dictado normas y disposiciones aberrantes como la reciente para crear los fracasados Comités de Administración Temporal (CAT) en grosera transgresión de la Ley de Recursos Hídricos y de la propia Ley Nº 30157-Ley de las Organizaciones de Usuarios de Agua, como tenue remedio de la crónica enfermedad que adolece la Autoridad Nacional del Agua y que es impostergable abordar con la firme decisión de las organizaciones de usuarias unidas, porque UNIDOS TODO LO PODEMOS, DIVIDIDOS NADA SOMOS.

 

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