En Junín se está sembrando algo más que cebada. En Jauja y Huancayo avanzan los primeros ensayos de una variedad maltera adaptada al territorio peruano, una investigación que busca conectar al agricultor andino con una industria que exige calidad, volumen y precisión.
En estas parcelas, el desafío no consiste únicamente en conseguir que la planta crezca. El objetivo es obtener un grano uniforme, resistente a las variaciones del clima y capaz de cumplir con los estándares necesarios para convertirse en malta. Detrás de cada espiga hay investigación, selección genética y una pregunta de fondo: si el Perú podrá producir, a escala industrial, uno de los ingredientes esenciales de su propia cerveza.
El proyecto reúne a Backus, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, la Universidad Nacional Agraria La Molina y el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), y fue reconocido como Mejor Investigación Agrícola en los Premios Summum 2026.
Los primeros resultados son alentadores, pero la prueba decisiva será comprobar si esa calidad puede mantenerse cuando el cultivo deje la parcela experimental y pase a mayores extensiones. El trabajo también se desarrolla en otras zonas del país, entre ellas Ayacucho, Cusco y la sierra de Lima, en busca de calidad, adaptabilidad y consistencia.
La iniciativa también abre una posibilidad para el campo. A través de Herederos del Campo, Backus ha incorporado capacitación, conectividad y herramientas financieras para productores locales. Al cierre de 2025, más de 1 000 agricultores habían sido alcanzados por este programa.
La compañía ya recorre ese camino con otros cultivos. Desde 2021 ha adquirido más de 140 000 toneladas de arroz y maíz producidos en el Perú, ampliando progresivamente el uso de insumos nacionales en su cadena de abastecimiento.
Con la cebada, el reto es todavía mayor. No se trata solo de producir más, sino de demostrar que el grano puede responder de manera constante a los parámetros que exige una operación cervecera de gran escala: calidad, estabilidad y rendimiento.
La meta es que en 2027 pueda producirse cerveza con malta elaborada a partir de cebada cultivada localmente. Para llegar a ese punto, el grano deberá superar pruebas de validación y procesos industriales antes de convertirse en malta.
En Junín todavía hay ensayos, temporadas por observar y mucho por aprender. Pero entre esas espigas ya empieza a crecer una posibilidad: que, algún día, antes de la botella, la espuma y el brindis, la historia de una cerveza peruana comience en un campo de los Andes.
