Escribe: Dr. Francisco Palomino García, exviceministro de Agricultura
Albert Einstein acuñó una frase aplicable a la zurda comunista que “desgobierna” el Perú: “Es una locura hacer la misma cosa, una y otra vez, esperando obtener diferentes resultados”.
La genial frase de Einstein cobra invicta vigencia ante el anuncio gubernamental de la denominada “segunda reforma agraria”, en un escenario de amplia y supina ignorancia de políticos y opinólogos, quienes solo han atinado a tragarse, sin el mínimo empacho, la populachera frase que, a la luz de la historia y la realidad, carece de racionalidad, sentido común y de rumbo.
El Midagri desautoriza a Castillo
Lo cierto es que, a la fecha, nadie sabe en qué consiste la anunciada segunda reforma agraria, desde los desubicados burócratas del gobierno, hasta los últimos agricultores de los caseríos más alejados del Ande, incluidos los pusilánimes congresistas de la república. En otras palabras, escucharon cantar el gallo, pero sin saber por dónde.
Mientras tanto, el archi-ineficiente Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), sobre el cual no se ha efectuado a la fecha ningún cambio ni reorganización, salvo la modificación de su denominación en tres oportunidades durante los últimos 10 años, ha salido a ilustrarnos sobre nueve ejes de la segunda reforma agraria, inclusive desautorizando al propio presidente Pedro Castillo quien anunció con bombos y platillos, el pasado 3 de octubre en el Cusco, su segunda reforma agraria, aunque solo con cinco ejes, cuatro menos que los anunciados por el Midagri.
Sin embargo, el hecho por el cual la anunciada segunda reforma agraria tiene cinco o nueve ejes, no debe causarnos preocupación alguna, teniendo en cuenta que estamos ante un gobierno que, desde sus inicios, ha mostrado absoluta improvisación y un profundo desconocimiento de la gestión pública y de la realidad nacional; se trata entonces del gobierno de la media ciencia.
Marco político que no existe
Lo que sí debe preocuparnos es que se ha aprobado, anunciado y divulgado una segunda reforma agraria sin base legal ni fundamento técnico alguno, sin una política de Estado, sin estrategia nacional ni plan que permita su implementación y ejecución. En sentido figurado, han colocado la carreta delante de los caballos.
La nefasta Resolución Ministerial N° 274- 2021-Midagri que crea el Grupo de Trabajo, invoca como marco la segunda reforma agraria, con nueve ejes, pero la realidad nos dice que este marco político no existe, ni siquiera ha sido orgánicamente diseñada o al menos definida, delineada y sistematizada como política de estado. Eso es lo mínimo que exige con rigor técnico y científico, la planificación del desarrollo agropecuario enfrentada a la improvisación equivalente a un barco a la deriva.
Lo corrobora la reciente publicación en el diario oficial “El Peruano” del Decreto Supremo N° 164-2021-MIDAGRI, a través del cual se aprueba recién la Política General del Gobierno 2021-2025, con 10 ejes, entre los que no se considera a la segunda reforma agraria, rezagada a un párrafo puramente declarativo dentro de la “línea de intervención”, pero no como eje de política pública.
Decreto como lista de mercado
Aún más, el reciente decreto supremo se ha limitado a redactar, cual “lista de mercado”, una serie de actividades rutinarias que, en honor a la verdad, el Ministerio las viene realizando décadas atrás: “inclusión, capacitación, asistencia técnica, crédito, promoción de la asociatividad y cooperativismo”. Esto nos demuestra y advierte que lo que se intenta hacer, bajo la monserga de la segunda reforma agraria, es sólo “más de lo mismo” pero “con los mismos”, tratando, seguramente, de obtener resultados diferentes, lo que colisiona con una mínima racionalidad.
Poco a poco vamos, entonces, descubriendo que la denominada segunda reforma agraria, definitivamente, no es una política de estado, no cuenta con estrategia nacional ni plan; pero, además, que fue aprobada, anunciada oficialmente e incorporada en la normatividad, antes de aprobarse la política general de gobierno 2021-2025, lo cual termina siendo un exabrupto por no decir un disparate.
Graves vacíos e incoherencias
A ello debe agregarse que los “ejes de la segunda reforma agraria”, ya sea los nueve planteados por el Midagri en setiembre de 2021 o los cinco anunciados por Pedro Castillo recientemente en el Cusco, contienen graves vacíos e incoherencias adicionales a los ya analizados. Ambos anuncios no han tomado en cuenta aspectos y problemas medulares e impostergables del sector agrario, entre ellos la urgente: I) Formalización de la titularidad de los predios agrícolas y de los derechos de uso de agua, orientados a garantizar la seguridad jurídica, fomentar la asociatividad y el acceso al crédito, además de incrementar el valor del predio y su factibilidad para la incorporación en proyectos de desarrollo productivo. Otros de los grandes vacíos constituye: II) La investigación e innovación agropecuaria. III) La reconversión productiva. IV) La incorporación de los pequeños productores a las cadenas productivas y agro-exportadoras. V) La rehabilitación de tierras desalinizadas. VI) Retomar y destrabar proyectos hidráulicos e hidro-energéticos. VII) La participación de la academia. VIII) La reorganización del ente rector del sistema nacional de gestión de los recursos hídricos; y, IX) El fortalecimiento del rol de las organizaciones de usuarios de agua como operadores de la infraestructura hidráulica pública y ejecutores de la gestión integrada de aguas superficiales y subterráneas.
Lo que se debe hacer
Frente a la improvisación, el abandono y el desconocimiento del sector, casi institucionalizados, solo cabe la planificación del desarrollo agropecuario, el mismo que exige de inmediato un Plan de Emergencia Agraria que salve la campaña agrícola 2021-2022, amenazada no sólo por falta de agua, crédito y acompañamiento técnico, sino por el excesivo incremento de costos de producción, a consecuencia del alza desmesurada del precio de fertilizantes y del costo de vida que han terminado reduciendo el ingreso y con ello la demanda, en un escenario de parálisis económica.
Si el gobierno de Pedro Castillo y Maita Frisancho prefieren taparse los ojos ante a esta cruda y triste realidad que atraviesa el sector agropecuario, insistiendo en una segunda reforma agraria que no tiene pies ni cabeza, ya sabemos hacia dónde quieren conducirnos.
