El frijol reventón, numia, ñuña, poroto o pushpu (Phaseolus vulgaris L.) es un legado prehispánico de los andes del Perú y Bolivia. Cultivado por siglos, la ñuña en morfología es idéntica a la del frijol común, posee propiedades únicas.
Dada su versatilidad, el pushpu se puede consumir de diversas maneras. En regiones como Ancash y Huánuco, es común disfrutarlo como un snack tostado con aceite, similar a la cancha, pero con una textura suave y un sabor agradable al paladar. Este delicioso bocadillo es ideal para ofrecer en cualquier ocasión. Durante el proceso de tostado aumenta de volumen entre 30 y 50 %.
El frijol, protagonista de la dieta ancestral de nuestro país, es rica fuente de carbohidratos y proteínas (14-33 g por cada 100 g), minerales, vitaminas del complejo B, y ácidos grasos polinsaturados, brinda un sustento esencial.
Asimismo, la ñuña contiene abundantes polifenoles que actúan como antioxidantes, retardando el envejecimiento prematuro, y la fibra, promueve el tránsito intestinal y reduce el colesterol en la sangre.
Ideal para diabéticos
Sin embargo, su riqueza va más allá: su bajo índice glucémico lo convierte en un aliado para diabéticos, mientras que su fibra dietética previene el estreñimiento y ofrece beneficios en la prevención del cáncer de colon.
A pesar de estos atributos, el frijol reventón ha sido relegado a la categoría de guarnición y, tristemente, estigmatizado como un alimento “de pobres”. Sin embargo, sus propiedades funcionales y nutracéuticos no pasan desapercibido en la era contemporánea. Con consumidores cada vez más conscientes de su salud y bienestar, se ha avivado un interés global en productos naturales con beneficios funcionales.
En un reciente trabajo de investigación para obtener el grado de Maestro, el Bach. Virgilio Valderrama Pacho destaca el frijol nativo “guindo cancha poroto” como una especie de interés especial. Cultivado en la provincia de Acobamba, Huancavelica, este frijol ofrece semillas maduras ideales para la elaboración de snacks saludables.
Además, las ñuñas de color granate y azul poseen compuestos como las antocianinas en la cascarilla de frijol, que tienen propiedades antioxidantes y anticancerígenas, abriendo nuevas puertas para la industria alimentaria.

