En la Ciudad de los Sombreros, Rioja, San Martín, dos nombres resuenan entre bosques y sembríos de banano: Dámaris Ramírez Silva y Neimar Berrú Huamán. Estas jóvenes emprendedoras no solo comparten la singularidad de sus nombres, sino también visión empresarial y pasión desbordante por los negocios.
Dámaris, una adolescente de 16 años, desafía las expectativas cursando el quinto año de secundaria mientras alterna sus estudios con los trabajos campo y su incipiente empresa. Por otro lado, Neimar, estudiante de Farmacia en un instituto tecnológico local, combina su educación con la producción de harina de plátano.
Ambas provienen de familias agrícolas modestas, dedicadas principalmente a la producción de arroz y café. Sin embargo, las limitaciones económicas de su entorno las motivaron a buscar oportunidades para generar ingresos adicionales y apoyar a sus familias.
Inicios
El origen de su empresa, “Harinitas de la Selva”, se remonta a la observación de una realidad: los productores de plátanos locales a menudo se veían obligados a vender sus cosechas a precios bajos debido a la falta de demanda.
Con el apoyo del Programa Nacional para la Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres e Integrantes del Grupo Familiar (Aurora), del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Dámaris y Neimar adquirieron las herramientas necesarias para iniciar sus emprendimientos.
El proceso de producción de la harina de plátano es un testimonio de su trabajo arduo y su dedicación. Desde el acopio de los plátanos hasta el embalaje del producto final, cada proceso es realizado con cuidado. Recorren los campos semana tras semana, recolectando los plátanos necesarios para sus emprendimientos, garantizando calidad del producto.

Sello de la calidad
Después de un minucioso proceso de lavado y secado bajo el sol, los plátanos son transformados en harina, lista para su distribución. La marca “Harinitas de la Selva” se ha convertido en un sello de calidad en el mercado local, ofreciendo un producto sin conservantes ni aditivos, lleno de nutrientes y beneficios para la salud.
Más allá de sus logros empresariales, Dámaris y Neimar tienen una visión más amplia: quieren inspirar a otras mujeres jóvenes y promover el empoderamiento económico en su comunidad. Sueñan con consolidar su empresa y crear oportunidades para aquellos que deseen seguir sus pasos.
Desafíos
Sus desafíos son muchos, pero su determinación es aún mayor. Con cada pedido, encuentran la motivación para seguir adelante, sabiendo que están contribuyendo al crecimiento de su comunidad y a la reducción de la pobreza en su zona.
En un llamado a las autoridades locales, estas jóvenes emprendedoras solicitan un mayor apoyo para iniciativas como la suya, con la esperanza de que más personas puedan alcanzar sus sueños y construir un futuro mejor para sus familias. Al mismo tiempo, instan a la acción contra la inseguridad, reconociendo que un entorno seguro es fundamental para el progreso y el desarrollo sostenible.
En las manos de estas dos chicas emprendedoras, el banano se convierte en mucho más que una fruta: es el símbolo de la perseverancia, la creatividad y el potencial ilimitado de aquellos que se atreven a soñar en grande.
