Homenaje póstumo al Dr. William Vivanco Mackie

Por: Ing. Iván Mesía Lizaraso, gerente general de Láctea S.A.

Hablar del Dr. William Vivanco Mackie es hablar de visión, de ciencia con propósito y de un compromiso inquebrantable con el desarrollo de la ganadería peruana y mundial. Fue un peruano que trascendió fronteras no solo por su capacidad intelectual, sino por su convicción de que el conocimiento debía servir para transformar realidades.

Formado como ingeniero zootecnista en la Universidad Nacional Agraria La Molina, donde cimentó su vocación por la producción animal, continuó su formación doctoral en la Universidad de Utah, Estados Unidos. Desde entonces, su trayectoria estuvo marcada por la excelencia académica y una curiosidad científica que lo llevó a posicionarse entre los referentes mundiales de la biotecnología reproductiva animal.

Su carrera alcanzó dimensión global en Nueva Zelandia, donde integró equipos científicos de primer nivel que revolucionaron la ganadería ovina. En un contexto en el que la eficiencia productiva y el mejoramiento genético redefinían la competitividad del sector, el Dr. Vivanco participó en investigaciones que ampliaron los límites de la ciencia, especialmente en reproducción asistida y clonación a partir de células somáticas.

Aquellos años coincidieron con uno de los hitos de la biología moderna: la creación de la oveja Dolly, símbolo de una nueva era científica. En ese mismo escenario, el trabajo del Dr. Vivanco y su equipo avanzaba en investigaciones de clonación bovina, reflejando su capacidad técnica y su visión anticipada del impacto de la biotecnología en la producción animal.

Sin embargo, su legado no se limita a los avances científicos. Lo que lo distinguía era su profunda vocación por el desarrollo. A pesar de construir una carrera en los centros más avanzados del mundo, nunca perdió de vista al Perú: el campo, el productor con limitaciones tecnológicas y la necesidad de herramientas para mejorar productividad y calidad de vida.

Creía firmemente que la biotecnología reproductiva no debía ser un privilegio, sino una herramienta democratizadora. Defendía el uso estratégico de la genética como motor de cambio en la ganadería, capaz de reducir brechas en productividad, competitividad e ingresos. Su visión no era solo técnica, sino también social.

Esa convicción lo llevó a promover tecnologías como la fertilización in vitro, la transferencia de embriones y el uso de genética de alto valor. Muchas de sus ideas fueron adelantadas a su tiempo, lo que implicó enfrentar escepticismo; sin embargo, su convicción fue siempre más fuerte que cualquier obstáculo.

A lo largo de su trayectoria recibió reconocimientos internacionales, entre ellos una distinción en China como uno de los científicos extranjeros con mayor contribución al desarrollo de la ganadería, un honor reservado para quienes generan impacto real en sistemas productivos a gran escala. También fue ampliamente valorado en ámbitos académicos y productivos a nivel mundial.

No obstante, su mayor legado no está en los premios ni en los títulos, sino en su forma de enseñar, en su generosidad para compartir conocimiento y en su capacidad de inspirar a pensar en grande con los pies en la tierra.

Tuve el privilegio de ser su discípulo. De él aprendí no solo conocimientos técnicos de alto nivel, sino una forma de entender la profesión con ética, responsabilidad y propósito. Su influencia fue determinante en mi formación profesional y en la visión que busco impulsar en la ganadería peruana.

Con esa inspiración, y con el apoyo del ingeniero Rafael Quevedo Flores en Láctea S.A., Virú, región La Libertad, empresa del Grupo Rocío, impulsamos la instalación del laboratorio Sembryo, un espacio de biotecnología reproductiva animal basado en los principios que él defendía: innovación aplicada, rigor técnico y compromiso con el productor. Hoy, Sembryo Powered by Vytelle, una alianza global, representa la continuidad de esa visión. En este laboratorio se logró la clonación comercial de la primera vaca en el país.

Hoy, muchas de las ideas que promovió el Dr. Vivanco comienzan a consolidarse. La genética superior, las biotecnologías reproductivas y los sistemas más eficientes ya no son conceptos lejanos, sino realidades en el campo. Su visión, que en su momento pareció ambiciosa, hoy demuestra ser necesaria.

Su impacto también se refleja en la adopción de razas y estrategias de mejoramiento orientadas a incrementar la rentabilidad y sostenibilidad de los productores. Su enfoque integral, que unía ciencia, economía y realidad productiva, sigue vigente como guía.

El Dr. William Vivanco Mackie no solo dejó conocimiento, dejó dirección. No solo formó profesionales, formó criterios. Y, sobre todo, dejó claro que la ciencia solo cobra verdadero valor cuando se pone al servicio de las personas.

Hoy, quienes seguimos sus pasos tenemos la responsabilidad de continuar ese camino: llevar la biotecnología al campo, acercar la genética a los productores y contribuir al desarrollo de una ganadería más competitiva, eficiente y justa.

Su legado vive en cada avance, en cada profesional que apuesta por la excelencia y en cada productor que encuentra en la genética una oportunidad. Vive en la convicción de que el Perú puede y debe avanzar hacia una ganadería moderna basada en ciencia y conocimiento.

Y vive, sobre todo, en la inspiración que dejó en quienes tuvimos la fortuna de aprender de él.

 

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