Escribe: Ing. Víctor Hernán Torres La Jara, especialista en pastos mejorados y forraje
Por 45 años, Puno ha conseguido adaptar la siembra de alfalfas con rango de dormancia 4 al severo clima de la región, donde la temperatura llega a -15 °C en los terrenos ubicados entre los 3,820 y 4,200 m s.n.m., y con una sola siembra el cultivo permanece por periodos de 15 años (pastoreo) hasta 23 años (al corte), obteniendo rendimientos promedio de 120 toneladas de forraje por hectárea en campañas de cuatro cortes.
Para el presente año, la cantidad de forraje que se obtendrá abastecerá la demanda de todas las crianzas de la región altiplánica. A la par, se instalarán nuevas áreas que obligan a dar el paso a la industrialización, como la elaboración de cubos de alfalfa, el cual consiste en llevar a una secadora de aire caliente la alfalfa cortada en el día, para luego molerla. Posteriormente, la harina obtenida se lleva a una extrusora para transformarla, por presión, en cubos de alfalfa con el mismo valor nutritivo que el de una alfalfa recién cortada.
Los cubos pueden comercializarse a S/ 1,50 el kilo y sustituir al poroto de soya importado cuyo precio es de S/ 2.30 el kilo. Esta propuesta significa un camino hacia el pleno desarrollo de la región al permitir que un campesino siembre una hectárea de alfalfa variedad mejorada con rango de dormancia 4 y venda a la planta que elabora cubos a S/ 0.10 el kg de alfalfa en verde puesta en chacra y obtenga S/ 12,000 por campaña en cuatro cortes de alfalfas orgánicas calificadas así de acuerdo a su sistema de cultivo.
El paquete técnico que se utiliza en el Altiplano ha sido elaborado en el transcurso de estos 45 años de ejecución validando su aplicación con respecto a la ausencia de plagas y enfermedades y a la no utilización de fertilizantes.
Se tuvo especial cuidado en importar variedades mejoradas, porque se comprobó que rinden el doble que las variedades no mejoradas, tienen menor contenido de lignina, tienen mayor carga de hojas y son resistentes a plagas y a la podredumbre húmeda de la raíz (Phitoptora Sp).
Las condiciones del Altiplano, que permitieron a estas alfalfas encontrar su hábitat ideal, aumentaron en 20 veces el forraje comparado con la misma área de una pastura natural y elevar la proteína de 8 % a 18 % son las siguientes:
- Se cultivan en secano sin riego complementario de ninguna clase.
- No utilizan insecticidas ni fungicidas para controlar plagas o enfermedades.
- Se utilizan terrenos planos, profundos, con una napa freática superficial alimentada por los lagos Titicaca, Arapa, Orurillo, Sillustani y toda la red de ríos. Estas condiciones hídricas permiten que las raíces profundas de las alfalfas dormantes, que alcanzan profundidades de hasta 12 metros, permitan que los alfalfares prescindan de riego superficial.
- El régimen de lluvias del altiplano tiene un promedio de 700 mm de precipitaciones pluviales entre los meses de setiembre hasta abril.
- Permite llevar con facilidad los terrenos a una acides no mayor a pH 5.7
- Los terrenos del altiplano tienen una roca madre rica en potasio, al cual acceden las alfalfas dormantes gracias a sus raíces en cabellera y profundas.
- El clima de la región ralentiza las enfermedades por virus.
- Los cultivares de alfalfa soportan las heladas intempestivas del verano y, aunque sea quemado su follaje, rebrota las veces que sea necesario gracias a la reserva de almidones no estructurales de sus raíces.
- El altiplano posee una gran cantidad de guano de corral acumulado por años y ello permite sembrar, aplicando no menos de 5 toneladas por hectárea, para complementar el fosforo para lograr buen follaje.
- La vocación ganadera de los productores de la región constituye la acción fundamental para masificar este cultivar.
- Ante la ausencia total de Rhizobiun meliloti en el altiplano, el uso de semillas inoculadas y pellet izadas, para permitir la simbiosis entre las raíces y la bacteria Rhizobium meliloti, es imprescindible para captar nitrógeno del aire y hacer un alfalfar autónomo en la provisión de este elemento.
- De las 4 millones de hectáreas que tiene el altiplano con pasturas naturales, 1.2 millones tienen las condiciones exigidas para sembrar alfalfa.
El ingreso del Midagri en el año 2016 para proseguir la ampliación del piso forrajero en Puno es un acierto, pues para ese año el Altiplano contaba ya con 85,000 ha en producción y los alfalfares con más de 15 años comenzaban a ser remplazos por nuevas áreas con alfalfas que permitieran mantener la producción de leche a la que estaban acostumbrados a obtener.
Hay que resaltar la participación de todas las municipalidades del altiplano, las que cada campaña han derivado recursos para adquirir semilla y, en otros casos, subsidiar parte del precio y también aportando con maquinaria agrícola.
Con las siembras de las campañas 2016 a 2020 los productores que utilizaban 250 t de semilla por campaña se vieron reforzados por el Midagri, quien cada año distribuyó 300 t de semilla, llegando a sembrar 500 t en 20,000 ha, de las cuales un 40 % remplazaron cultivares que cumplieron su vida productiva.
En síntesis, es la oportunidad para que los productores que hoy día cuentan con aproximadamente 150,000 hectáreas de alfalfa en producción continúen ampliando las áreas y den el siguiente paso ingresando a la industrialización de los excedentes para contar con cubos para la época invernal.
