Por: Ermitanio Floriano Hermenegildo
“Vivo con mi conciencia en paz porque no enveneno el planeta ni a la humanidad”, dice complacido el Sr. Alberto Sigisfredo Bustamante Zapata, productor de cacao criollo nativo y mango nativo “Chulucanas” y emprendedor agroecológico en su fundo “La Chongoyapana”, sector de Palo Blanco Alto, Salitral, Morropón, Piura.
El Sr. Bustamante Zapata maneja 2,100 plantas de cacao, que producen unas 6 toneladas por campaña. De mango tiene 200 plantas que rinden 70 toneladas/campaña, además de sus plantaciones de las variedades “Kent”, “Edwards” “Tommy Atkins” y “Haden”, posee plátano, naranja, limón, mamey y cultivos de panllevar, hortalizas y tubérculos de la zona, instalados bajo el sistema de cultivos asociados a cacao y mango, pero solo para consumo familiar.
Una fruticultura limpia
El Sr. Alberto Bustamante labra la tierra desde niño, y se formó con la metodología ayudando-aprendiendo teniendo como profesor a su abuelo materno, pero fue en 1995 que revolucionó su concepción y praxis agroproductiva, cuando llegó a su localidad la ONG “Centro Ideas”, ofreciendo apoyo técnico, financiero y organizativo a los productores audaces que quisieran virar hacia la agricultura ecológica, alternativa limpia y sana para la tierra, los productores y consumidores de las cosechas.
Lección del abuelo
Aunque no le pareció la propuesta como algo totalmente diferente a lo que venía haciendo —encontró cierta afinidad con la agricultura que hacían sus abuelos, en la manera natural del cultivo (sin agroquímicos) y el cuidado amoroso de los suelos, el agua, las plantas— inmediatamente promovió la formación del comité de agricultores ecológicos, que años después se convertiría en asociación y finalmente en la Cooperativa “Asociación de Productoras y Productores Ecológicos del Alto Piura” (APPEAP), en el 2016. Pero fue durísimo el comienzo. Nadie aprobaba esa modalidad agrícola. Todos eran dependientes de los agroquímicos. Las cosechas se malograban porque carecían de demanda, por más que se la promocionaba en radios y periódicos locales y los productos frescos se ofrecían de puerta en puerta.
Comprador norteamericano
De pronto, como caído del cielo, apareció un norteamericano buscando materia prima para su industria de dulces y helados. Él mismo arrancó el mango de una planta y le metió diente, consumiéndolo con cáscara y todo. Era exactamente lo que buscaba, dulzura y aroma. Semanas después ya estaba importando desde su país pulpa de mango de Chulucanas, que el comité de productores vendía a una planta procesadora local.
Ganó el premio “Cacao de Oro”
Dado el éxito del mango orgánico, tiempo después el Comité, ya convertido en Asociación, incorporó la producción de cacao criollo nativo. En este rubro, el Sr. Bustamante Zapata pronto tomó la delantera y se volvió un referente. Ganó el concurso nacional “Cacao de Oro” promovido por el entonces Ministerio de Agricultura, en el 2012, y participó en la presentación del libro “Los guardianes del cacao”, de la embajadora del cacao peruano, Astrid Gustche.
El año pasado, el sector oficial volvió a condecorarlo con la “Medalla Ministerio de Agricultura y Riego”, en la Categoría: Actividad Agrícola, en mérito a su destacada labor como productor del rubro en la región Piura. Tiene el pecho henchido de orgullo por su membresía en la sociedad noble de productores agroecológicos.
Respeto al medio ambiente
Cuando le preguntamos: ¿por qué la agroecología?, él responde “porque ofrece bondades extraordinarias”, y se explaya fundamentando su propuesta: “respeta el medio ambiente y contribuye a restaurarlo; trata a los suelos, el agua, la biodiversidad como seres vivos que son, evitando envenenarlos con sustancias tóxicas (agroquímicos, por ejemplo); produce frutos limpios y saludables para la humanidad, la familia y el productor; deja que las plantas completen su maduración natural, hasta que los frutos alcance su debida concentración de carbohidratos, proteínas y demás nutrientes, no los madura artificialmente aplicando productos químicos; no quema rastrojos, ni malezas, ni deja plásticos en las parcelas, etc”.
El Sr. Bustamante Zapata sostiene que resulta rentable, si se produce para el mercado externo; pues, el consumidor nacional no valora la calidad orgánica de los productos. Al consumidor nacional le interesa el precio barato, y no la buena nutrición y salud de un producto tratado ecológicamente.
Se involucra toda la familia
La agroecología —dice Bustamante Zapata— es una actitud de vida. Involucra a la familia, induciéndola a nuevos hábitos, como no quemar los rastrojos ni la basura, recoger todos los plásticos para reutilizarlos, recuperar los desechos orgánicos para hacer compost y otros preparados. Incluso, los peones deben estar imbuidos de esa filosofía de respeto a la naturaleza, pues esos detalles son evaluados por los organismos de certificación de producción orgánica.
La asociatividad es clave
El Sr. Bustamante Zapata está convencido que no habría llegado a ningún lado si no hubiese trabajado siempre de manera asociada. “Asociado, el agricultor más pequeño adquiere poder”, asegura; y pone el ejemplo de la gallina y el maíz. La primera representa al comerciante (comprador/vendedor), y el maíz, al modesto productor. Si el maíz está desperdigado en granos, la gallina se lo devora de un golpe, lo que no ocurriría si esos granos se mantienen apretados en la mazorca.
Así, el productor fundido en una organización puede negociar favorablemente en la venta de su cosecha y en la compra de sus insumos, herramientas y equipos. Además, la asociatividad facilita el acceso a la asistencia técnica contratada y al crédito bancario. Incluso es útil para recibir el apoyo del Estado.
Y, algo no menos importante. La asociatividad da identidad y reconocimiento, en esta aldea dominada por la agricultura convencional y dispersa. Individualmente, el productor orgánico sería invisible.
Diversificación productiva
Asimismo, con el fin de reducir riesgos en la actividad agraria y generar nuevos ingresos, el Sr. Bustamante Zapata complementa la agricultura ecológica con la crianza de vacunos cebú y cabras criollas de doble propósito (carne y leche), en las praderas amplias, libres y de pasturas limpias de la comunidad campesina “Andanjo”, ubicada al sur este de Morropón, en la que es socio comunero. Asimismo, es miembro de la Cooperativa APPEAP, dedicada a la producción y comercialización de mango y cacao para el mercado externo.
