El Dr. Mario Tapia Núñez, investigador en sistemas andinos de producción, sugiere aplicar estrategias de cambio y políticas adecuadas a cada zona agroecológica de la región andina, sobre los 1,500 m s.n.m., considerando la diversidad de sus climas, suelos, recursos hídricos y culturas. Propone diversas medidas para aprovechar el potencial de la agrobiodiversidad andina, como la aplicación de tecnologías tradicionales, la adopción de tecnologías modernas avanzadas, el uso de la energía solar para el riego y la mecanización apropiada, entre otras. Además, sugiere diálogo en busca de la complementariedad con la minería responsable, que cumple patrones estrictos de respeto y cuidado del medio ambiente.
El Perú espera cambios importantes en las políticas de desarrollo rural en los próximos años, especialmente orientada a los Andes, zonas ubicadas sobre los 1,500 m s.n.m., que producen el 60 % de los alimentos que consumimos los peruanos.
Después de la reforma agraria del gobierno militar de Velasco Alvarado hubo cambios en esa región geográfica: en la tenencia de tierras, pero menos en la gestión del ambiente. Las actuales facilidades de transporte, comunicación y el incremento de la población a nivel nacional, crea cada vez más necesidades de alimentos para la población y una menor dependencia del exterior. En los últimos años, el mundo ha sido afectado por el cambio climático y el calentamiento global. La agricultura de montañas dependientes de agua de glaciares se ha visto afectada; sin embargo, la diversidad de ambientes, ha mostrado cierta resiliencia y la propia diversidad ambiental, bien utilizada puede ser un factor a beneficiarse.
En cuanto a la tenencia de la tierra, en la región altoandina se concentran más de 1’200,000 unidades agropecuarias, de las 2ʼ213,506 unidades que existen a nivel nacional, según el último Censo Nacional Agropecuario 2012. La mayoría de propietarios conduce un máximo 5 hectáreas, que no resultan rentables económicamente, en particular en las unidades a mayor altitud. Esto requiere cambios importantes y apropiados.
Como propuestas prioritarias se plantea:
Promover la asociatividad
El minifundio es uno de los problemas que obstaculiza el desarrollo del sector, lo que significa que en forma individual los productores difícilmente lograrán competitividad. En consecuencia, lo que se debe promover es la “asociatividad inducida” para lograr competitividad, reducir costos de producción, fortalecer el poder de negociación y gestión, con el acceso a créditos razonables e incluso en cierto caso pagadero con productos.
Como somos un país caracterizado por la diversidad (ecosistemas con climas, suelos, productos y culturas diferentes), las soluciones deben ser igualmente diversas. No se puede aplicar una sola política económica y agraria nivel nacional, en estas condiciones naturales y culturales tan disímiles. Cada zona agroecológica tiene sus propias ventajas, necesidades y prioridades.
¿Qué debemos hacer como país para lograr el desarrollo de los Andes?
La zona agroecológica quechua se ubica entre los 2,300 y 3,500 m s.n.m. de los Andes peruanos, tiene gran potencial para la producción de maíz, granos andinos (quinua, kañiwa, kiwicha), trigo, cebada y ganado lechero. Las mayores diferencias son la quechua semihumeda y la quechua seca.

La zona agroecológica suni (entre los 3,500 y los 4,000 m s.n.m) destaca por ser productora de papas, tubérculos andinos, cebada y ganadería vacuna y ovina.
Tenemos más de 100 variedades de papas nativas, cada una con usos específicos: para frituras, chips u hojuelas, puré, destilados, chuño, cosméticos. Si sabemos manejar adecuadamente este cultivo originario del Perú, podemos reducir y/o eliminar la importación de papas que acompañan al pollo a la brasa. Además, existen otros tubérculos andinos como oca, olluco, mashua, frutales y raíces, planta medicinales y aromáticas.
En esta zona han trabajado más de 20 ONG´s, entre ellas, Arariwa, CESA, ITDG, Pratec, Aedes, CCTA, Ideas, RAAA, CBC, en la recuperación y promoción de estos cultivos, a través de diversos proyectos, que se deberían replicar.
La zona puna, sobre los 3,900 m s.n.m., incluye cerca de 14 millones de hectáreas de pastos naturales, tiene como principal actividad la ganadería altoandina, especialmente camélidos sudamericanos. No existe un plan de conservación y mejor uso de dichos pastizales que se están degradando, por la quema indiscriminada y la falta de uso de cercos y las rotaciones apropiadas.

No puede ser que el Perú que tiene una hegemonía mundial con más de 3 millones de alpacas, además de llamas y vicuñas (crianza silvestre), países como Australia y Nueva Zelanda hayan acelerado el paso de investigación y fomento, convirtiéndose en importantes productores de carnes y fibras finas de camélidos. A eso se suma la negligencia de las autoridades respectivas que han permitido la saca clandestina de la alpaca.
Frente a ello, considero que una medida importante para evitar esa mala práctica, se establezca el aretado obligatorio y apoyado para el registro de toda la población de alpacas y llamas, así como promover y fortalecer la creación de empresas privadas en asociación con los productores para impulsar la transformación local de la fibra.
Además, se requiere de políticas que garanticen el mejor uso de la agro biodiversidad y propuestas que permitan asegurar mercados rentables (nacionales y externos), siguiendo los ejemplos en esta materia de Redar y Aedes.
Acceso a tecnologías
También se requiere crear las condiciones para que los productores agrarios accedan a semillas de calidad, reproductores probados, tecnológicos ya probadas y a créditos a tasas de interés competitivas a nivel mundial.
Adecuada educación alimentaria
A todo ello hay que agregar que se necesita una adecuada educación alimentaria, acompañada de campañas de promoción de los productos locales, incluyendo información acerca de las propiedades nutricionales.
Ejemplos a seguir
Basta ver algunas iniciativas nacionales exitosas, bajo el modelo asociativo: la Cooperativa Agraria de Trabajadores “Atahualpa-Jerusalén”, Porcón, en el distrito de La Encañada, Cajamarca; el Parque de la Papa en Cusco; la Asociación de Productores Agropecuarios y Lácteos de Ccaritamaya, Acora, Puno; y la Asociación Bartolomé Aripaylla, Quispillacta, en Ayacucho, que con la dirección de sus propios técnicos, hijos de los comuneros formados en la universidad y con la asesoría de la cooperación internacional, han implementado un proyecto de desarrollo integral que va desde la cosecha del agua, adecuación del suelo, mejora de la producción de cultivos y forrajes con cercos eléctricos, para una ganadería local, a lo que se suma la construcción de más de 800 viviendas adecuadas (ver foto) para los miembros de esta comunidad, mediante un crédito de un banco alemán de desarrollo.
Los buenos proyectos deben continuar
Para garantizar el éxito de proyectos de desarrollo rural, primero se debe considerar las experiencias ya avanzadas con un enfoque integral caso Sierra Productiva y la continuidad, de por lo menos de 6 y 8 campañas agrícolas, para ser evaluados periódicamente, con el fin de hacer los reajustes necesarios a los proyectos y no caer en el error de cerrar o abandonarlos con el cambio del próximo gobierno, como ocurre normalmente.
Por ejemplo, el Pronamachs, inició sus actividades en 1988, para promover el manejo integral de cuencas hidrográficas mediante la conservación de suelos, reforestación e infraestructura rural, debió continuar. Por otro lado, se debe replicar los proyectos financiados por la cooperación internacional como la AID de Estados Unidos, Cotesu de Suiza, CIID de Canadá, Holanda, Nueva Zelandia, Italia y Finlandia, así como de la FAO, IICA, PNUD, que han intervenido en los Andes y que han echado las semillas del desarrollo.
Es importante valorar la cantidad de resultados ya avanzados y aconsejables a replicar todas esas experiencias que han legado esos proyectos en desarrollo ganadero, siembra de pasturas, siembra y cosecha de agua, manejo de suelos de laderas, la recuperación de terrazas suka kollus o camellones, qochas o micro reservorios.
Es necesario ganar y utilizar esas experiencias con expertos nacionales que felizmente tenemos y abordar los temas centrales como son la cosecha de agua para riego, el manejo de los suelos de laderas, la recuperación de terrazas suca collos y manejos de bosques. En las universidades con facultades agrarias, el plan de estudio debe incluir trabajo de campo para los alumnos de los últimos años de estudio, con el reconocimiento en créditos de estudio, mediante un informe de autoridades de localidades atendidas.
Desde el Estado se debe impulsar y/o fortalecer programas como el Fondo “Sierra Azul” que apoya a las comunidades y pequeños productores en la adecuación y construcción de microreservorios o “qochas” para asegurar el riego para la agricultura andina. Igualmente, se debería replantear el trabajo de AgroRural, que impulsa la siembra de forrajes y la construcción de cobertizos para el ganado de altura, entre otros proyectos productivos.
También es importante impulsar proyecto de uso energía solar para el bombeo de agua y otras aplicaciones en la climatización de las propias viviendas.
La minería como una aliada
Finalmente, se debe considerar a la minería como una aliada en las actividades de desarrollo rural bajo normas de respeto y conservación de la naturaleza, la madre tierra y el agua. Hay varios proyectos de minería responsable que han demostrado la complementariedad entre el agro y esta actividad, cuando ésta se desarrolla cumpliendo patrones estrictos de respeto y cuidado del medio ambiente, bajo un marco de diálogo con los comuneros y fiel cumplimiento de los acuerdos logrados con los comuneros.
