A sus 35 años de edad se ha convertido en una referente en la investigación de porcinos en Europa. Fue primer puesto de su promoción el 2003-I de la Facultad de Ingeniería Zootecnia de la Universidad Nacional Agraria La Molina, tiene dos maestrías en Ciencias Animales en Holanda y Francia; y, un doctorado en Mejoramiento Genético Animal en la Wageningen University & Research de Holanda.
Entre otras investigaciones busca desarrollar nuevos modelos genéticos que permitan utilizar la información genómica de animales terminales para mejorar la eficiencia alimentaria. Diálogo con la doctora Sevillano, nacida en San Borja, Lima, de ancestros del Callejón de Huaylas, región Ancash, y de Lamas, región San Martín
El 2003 ingresó a zootecnia
— ¿Dónde y en qué fecha nació, Dra. Sevillano?
— Nací el 28 enero 1986, en San Borja, Lima.
— ¿Qué le impulsó a estudiar Ingeniería Zootecnia?
— Siempre me gustaron las ciencias. Por eso cuando culminé mis estudios secundarios en el centro educativo particular Santísimo Nombre de Jesús de Lima, me encontré en un dilema: estudiar medicina humana o medicina veterinaria, por lo que me puse a buscar qué universidades ofrecían la carrera de medicina veterinaria y me llamó mucho la atención encontrar la carrera de Zootecnia y Medicina Veterinaria. Yo no tenía ni la menor idea de qué se trataba zootecnia, hasta que algunos profesores de la Facultad de Zootecnia de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) me explicaron en detalle todo lo relacionado con la carrera. Ese día aprendí que la Zootecnia es la ciencia que investiga la crianza, alimentación, reproducción y genética de los animales, argumento suficiente para quedar cautivada con la carrera.

— ¿Ingresó a la Universidad Nacional Agraria de La Molina?
— Ingresé en el 2003-I entre los primeros quince del ranking general y egresé en el 2007-II en el primer puesto de mi Facultad.
Maestría en Ciencias Animales
— Y luego, ¿buscó trabajo como hace la mayoría de profesionales jóvenes?
— Si, una vez terminada la carrera tuve la oportunidad de realizar dos prácticas profesionales en el extranjero, la primera fue en una granja de reproducción de cerdas de la empresa Smithfield Foods en Estados Unidos y la otra en una granja de menor tamaño en Dinamarca. A mi retorno fui docente en la Universidad Científica del Sur y en paralelo fundé una empresa de producción de chorizos artesanales. En ese momento me di cuenta que si quería llegar más lejos en el mundo académico o industrial me faltaba una especialización. Fue así que el 2011 postulé a una beca para estudiar una maestría en el extranjero, ganando la beca NUFFIC ofrecida por el gobierno de los Países Bajos (Holanda). Realicé una maestría en Ciencias Animales con doble titulación, en la especialidad de Mejoramiento Genético Animal, en la Wageningen University & Research de ese país y en Gestión de Animales, en la Ecole d’Ingénieurs de Purpan de Toulouse, Francia. Luego, el 2018 obtuve el grado de Doctor en la Wageningen University & Research y, como parte de mi proyecto de doctorado, hice una visita científica de un año a la Universidad Federal de Viçosa, en Minas Gerais, Brasil. En este caso, mis estudios de doctorado fueron financiados por Topigs Norsvin y la Organización Holandesa para la Investigación Científica.
— ¿Qué vivencias y experiencias destacables tuvo en las universidades europeas?
— Estudiar o hacer alguna pasantía en el exterior es una experiencia enriquecedora, no solo en términos académicos sino también sociales, porque te abre la puerta a nuevas oportunidades, que muchas veces no las encontramos en nuestro país. En Holanda la relación del alumno y maestro es horizontal, que al inicio me impactó, porque los alumnos polemizaban de igual a igual con los profesores; y éstos no tenían vergüenza de admitir su desconocimiento de algún tema o error en el que incurrían. Estudiar con otros universitarios del mundo amplía nuestros horizontes y visión. Además, uno aprende sobre los sistemas académicos de cada país, los latinoamericanos y africanos generalmente somos de mayor edad y con previas experiencias laborales, en cambio los europeos y asiáticos empalman sus estudios de bachillerato con la maestría, lo cual hace que la dinámica de las clases sea muy interesante. Los estudios de doctorado son aún más interesantes porque también llegas a conocer gente ya con una carrera establecida en su país, generalmente en instituciones públicas, que piden licencia con o sin goce de haber para lograr el título de doctor.
Perú, nicho para la investigación
— ¿Qué fortalezas y debilidades encuentra entre la ganadería peruana con la de otros países que Ud. conoce?
— No puedo opinar de la ganadería en general porque no es mi área de experiencia, pero si puedo hacer la comparación en el área de investigación en producción animal. El Perú cuenta con especies locales, como es el caso de los camélidos sudamericanos y el cuy, y ecosistemas muy particulares que nos pueden ofrecer nichos de investigación. Estas oportunidades se deben fortalecer a través de la inversión del Estado en ciencia y tecnología; incluso para aprovechar a los profesionales que se han capacitado en el extranjero y que ahora están armando equipos y laboratorios de investigación en universidades peruanas y que gracias a sus conocimiento aprendidos están alzando la calidad de los estudios de postgrado brindados en dichas universidades.,
— La calidad en la formación académica garantiza un buen trabajo, ¿verdad?
— Es cierto. Mi experiencia personal es que desde hace ocho años formo parte del equipo de investigación y desarrollo de Topigs Norsvin, una empresa holandesa-noruega líder en mejoramiento genético porcino. Aunque desde el 2018 vivo en Francia por razones familiares, continúo trabajando para esa empresa como independiente.
Desarrollo de nuevos modelos genéticos
— ¿Qué trabajo realiza en esa compañía?
— Tengo la misión de acelerar el progreso genético de las características que ofrecemos en nuestros diferentes productos, por ejemplo productividad de lechones o tasa de crecimiento, con el propósito de mantener la calidad de nuestros productos y nuestra posición en el mercado. Al mismo tiempo tengo la misión de desarrollar nuevas características para estar preparados a lo que el mercado futuro va a demandar o va a tener que afrontar. En los últimos años he realizado investigaciones en inclusión de la temperatura ambiental y el fotoperiodo en los modelos de evaluación de performance, la implementación de la estimación de los valores genéticos para malformaciones congénitas, el desarrollo de nuevos modelos genéticos que permitan utilizar la información genómica de animales terminales para mejorar la eficiencia alimentaria; y, últimamente me estoy enfocando en poder seleccionar animales más robustos contra problemas ligados a ciertos sistemas de producción, como es el caso de muertes súbitas por necrosis de orejas y colas.
— ¿Volverá al Perú a volcar sus conocimientos y experiencias ganadas en el extranjero?
— Por el momento, no. Aunque estoy volcando mis conocimientos y experiencias ganadas a través de seminarios que organizan algunos colegas peruanos y también colaboro en proyectos de investigación.
Hermoso es trabajar en lo que nos gusta
— ¿Qué aconsejaría a los jóvenes peruanos, especialmente a los estudiantes molineros?
— Que sigan su vocación, porque no hay nada más bonito que trabajar haciendo lo que nos gusta. Yo creo que si eres bueno en tu rubro, siempre vas a salir adelante. Para mis colegas molineros, que nos une el amor por la tecnología y las ciencias naturales, aprovechen sus años de formación universitaria para aprender a crear y trabajar en equipo, porque hay mucho que hacer y reinventar en el campo agrario para contribuir al desarrollo del país.
— Algunas menciones…
— Agradecer a mis mentores, los Dres. Julio Alegre Orihuela de la Facultad de Agronomía, y Dr. Manuel Rosemberg Barrón, exdecano de la Facultad de Zootecnia, que siempre me incentivaron y ayudaron a hacer pasantías y estudios en el exterior, siempre que puedo intento retribuir ese apoyo.
