cosecha y trilla de quinua productores Perú

¡Hay que aprovechar el potencial de los Andes! [INFORME]

La región andina posee uno de los ecosistemas más diversos del mundo, donde se desarrolla el 90 % de la ganadería y dos terceros de los cultivos alimenticios. A pesar de sus potencialidades, las inversiones públicas y privadas son menores en relación a la costa, por ejemplo. En esta región se requiere impulsar proyectos de conservación y manejo racional de los ecosistemas andinos, revalorando el conocimiento de los campesinos, en complementariedad con la tecnología moderna, para producir suficiente alimento para los peruanos, e incluso, exportar los excedentes.

Los campesinos de la sierra, si bien, no están en un espacio uniforme, sino de alta diversidad, trabajan con diversos cultivos y variedades de un solo cultivo, como, por ejemplo, las papas nativas, la quinua, la oca. Y aunque los rendimientos no sean óptimos, son recursos alimentarios singulares.

En los Andes, la productividad disminuye porque las montañas tienen suelos disparejos y un clima muy variable, relativamente adverso a la producción agrícola, pero los campesinos saben superar este problema con el uso integrado de diferentes zonas agroecológicas.

Cuando se habla de incrementar la producción en los Andes, que tiene seis subregiones, las medidas y estrategias deben ser particulares. Lo que puede es óptimo para la sierra norte, centro, centro sur, no necesariamente puede ser bueno para el altiplano, vertiente occidental seca y vertiente oriental húmeda. Las medidas se deben implementar tomando en cuenta las altitudinales, zonas de punas, suni, quechua y yungas.

Solo en el altiplano de Puno –alrededor del lago Titicaca, sobre los 3,800 m s.n.m.– existen, por ejemplo, hasta cinco zonas agroecológicas diferentes: puna seca, puna húmeda, suni altiplano A y B y zona circunlacustre, con diferentes usos agropecuarios y potenciales de producción. En el altiplano puneño, la actividad predominante es la ganadería, mientras que en el área circunlacustre, la agricultura (papa, quinua, haba, cebada, tubérculos andinos). En la zona suni A, prospera la cebada, quinua tolerante a heladas y kañiwa, y la zona suni B, es apta para el cultivo de pastos (80 especies forrajeras nativas como la chillihua, tréboles ichu).

20,000 ha para cebadas harineras

Aunque la puna húmeda no tiene aptitud para cultivos alimenticios, por el alto riesgo de heladas, por lo menos, entre 20,000 y 30,000 hectáreas de las 140,000 ha, que comprende esa zona del altiplano puneño, tienen condiciones para el cultivo de cebadas harineras.

Seguridad alimentaria versus soberanía alimentaria

La crisis sanitaria y la crisis internacional han terminado por desnudar nuestra patética realidad que, como país, hemos descuidado nuestra soberanía alimentaria. Aunque el Perú posee una vasta agrobiodiversidad, no aprovechamos todos los recursos alimenticios que ella atesora, ni producimos en la cantidad, calidad y oportunidad deseadas para garantizar la seguridad alimentaria interna.

Dependemos de las importaciones

El caso del Perú, tres factores han influenciado en la situación de dependencia alimentaria. Los variables y bajos rendimientos de los cultivos en los Andes, el deficiente sistema de transporte en zonas de la sierra y la Amazonía, así como el incremento de la población, lo que ha llevado a una elevada importación de alimentos, muchos de ellos con alto valor agregado. Este problema se ha complicado por el cambio climático, la pandemia y sus secuelas, el incremento de los precios de los insumos y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, según la FAO.

En nuestro país sucede algo extraño. Pese a que posee una extraordinaria biodiversidad, exporta productos alimenticios, pero a la vez, depende de las importaciones alimentarias, principalmente, trigo, harina de trigo, maíz amarillo duro, aceite y leche.

El país tiene la prioridad de tener una alimentación adecuada. Hay que trabajar para incrementar la producción y ampliar el consumo interno

Importamos cerca de 2 millones de t de trigo

Las cifras son elocuentes. Importamos cerca de 2 millones de toneladas de trigo por año, la pregunta es, ¿se puede reducir la dependencia?

En algunos casos, como en el caso de este cereal, la importación resulta justificable, porque lamentablemente, nuestro país no cuenta con suficiente extensión agrícola (solo 7 millones de hectáreas), que conducen cerca de 2 millones de productores.

Sin embargo, un factor limitante en los Andes para la siembra de trigo es su accidentada geografía y la atomización de las áreas agrícolas. Pues para sembrar este cereal se necesita extensas áreas como las que poseen actualmente las grandes empresas industriales en la costa, para sembrar cultivos de exportación.

En la costa se puede cultivar cereales

“Considero que, en situaciones de crisis como ésta, parte del área cultivada en la costa podría destinarse a la producción de cereales con la ayuda de la tecnología para lograr altos rendimientos”, sostiene el Dr. Tapia, destacando que el Programa de Cereales de la Universidad Nacional Agraria La Molina ha desarrollado y seleccionado variedades de trigo y cebada, adaptadas a diferentes climas o pisos ecológicos, como los Andes.  Entretanto, –dice– el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) viene investigando la adaptación de ciertas variedades de yuca y arroz en la sierra. Pero el problema es el agua, un recurso escaso en los Andes.

Dr. Mario Tapia Núñez
Dr. Mario Tapia Núñez

 

Entonces, el reto es masificar la construcción de represas, qochas, e implementar sistema de riego tecnificado en la sierra para incrementar la productividad de los cultivos.

Las investigaciones del INIA y universidades han mostrado que los rendimientos de papa podrían aumentarse de 12 a 20 toneladas por hectárea en los Andes, igual que el de trigo, de 1.5 a más de 3 toneladas, con un manejo eficiente, incluyendo buena la dotación de agua y fertilización.

Nombrar ministro para 5 campañas

Por otro lado, un aspecto no menos importante es la política agraria y planes de desarrollo agrícola que deben ser diseñados de acuerdo a la realidad de las tres regiones naturales, es decir, lo que funciona para la costa no necesariamente puede funcionar en la sierra y la Amazonía.

“Por otro lado, los cambios constantes de ministros de Agricultura son contraproducentes. Pues por su naturaleza, el agro es un sector que requiere una gestión estable, es decir, la permanencia de un ministro debería ser mínimo de cinco años. Pero para que eso suceda, se debe designar en ese cargo a personas idóneas, que cumplan con el perfil técnico y profesional”, explica el Dr. Tapia Núñez.

Los países desarrollados subsidian hasta 60 %

Los cambios en la agricultura en general, pero en particular la Andina y Amazónica, no son inmediatos, sino graduales y deben estar acompañados por políticas de fomento, como lo hacen los países que apoyan a su agricultura. Por ejemplo, los subsidios a la agricultura en países desarrollados alcanzan entre un 50 y 60 % de los costos de producción, como medida de asegurar la alimentación y la estabilidad socio económica de los agricultores.

Granos y tubérculos andinos

Cuando se habla de agricultura andina, hay que poner especial énfasis en los granos andinos (quinua, kañiwa, kiwicha), la leguminosa tarwi, papas nativas de colores, mashua, maca, que son productos altamente nutritivos, para combatir el hambre y la desnutrición, especialmente, en niños y madres gestantes.

Recuperar los andenes

Si bien es cierto la superficie con aptitud agrícola en el Perú es insuficiente para atender la demanda de la población nacional, también es verdad que existen más de 300,000 hectáreas de andenes que requieren ser recuperadas y puestas en valor para incrementar el área agrícola intensiva, tal como hacían nuestros antepasados, incluso para reducir el efecto de las heladas en los “terrenos elevados” en las planicies de mayor altura. Pero se requiere implementar en esas áreas tecnologías de riego y mecanizar parcialmente su manejo para optimizar los rendimientos de los cultivos.

Priorizar la agricultura ecológica

La actual coyuntura es una oportunidad para volver los ojos a nuestras raíces, cambiar el actual sistema de producción convencional a la agricultura ecológica, amigable con el medio ambiente, incluso para preservar y proteger los recursos de la agrobiodiversidad. En este esfuerzo obliga el concurso de las universidades, las ONGs dedicadas a la promoción de la agroecología.

Producir bioabonos

Otro aspecto que se debe tomar en cuenta en la política agraria para impulsar la agricultura familiar es considerar seriamente, la producción de bioabonos, como alternativa al uso de fertilizantes inorgánicos. En tal sentido, existen experiencias en el país, como en el Cusco, que son dignas de replicarse a nivel nacional.

Con gas se pueden instalar plantas de fertilizantes

Por otro lado, la implementación de plantas de producción de fertilizantes sintéticos a partir del gas de Camisea, el yacimiento de fosfatos de Bayóvar, es una buena opción para atender el requerimiento de la agricultura convencional, para reducir la importación de fertilizantes.

Promover el consumo de productos locales

Hay que definir alternativas que permitan ir disminuyendo la dependencia alimentaria, con varias alternativas de acuerdo a nuestra realidad y con base en el potencial de las diferentes zonas agroecológicas.

Adicionalmente, promover el consumo de productos alternativos al pan o para complementar las raciones de pan, como cancha, yuca, papa, camote, oca, etc.

“Otra cosa que también resulta viable es reemplazar parcialmente la harina de trigo con harinas sucedáneas, como de cebada, maíz amiláceo, linaza, yuca, papa, camote, etc.”, sostiene el experto.

Según el Dr. Antonio Brack Egg, los antiguos peruanos domesticaron 140 cultivos diferentes, entre granos andinos, tubérculos, cucurbitáceas, hortalizas, raíces, frutales, hierbas aromáticas, ajíes, pero actualmente, el consumo de la mayoría de esos alimentos es bajo y en muchos casos, se limita a la localidad donde se desarrolla el cultivo.

Finalmente, y probablemente lo más importante y difícil, es el cambio en el hábito alimenticio del peruano contemporáneo, que consume trigo, harina y arroz trigo y arroz. Pero se puede lograr con programa educativo que nos enseñe a diversificar nuestra dieta, con base a alimentos locales. No podemos depender solo de fideos y pan de trigo extranjero, o de pollos, que consumen maíz importado.

Todo cambio debe ser gradual y sostenido. Por ejemplo, se puede comenzar a incluir un 10 % quinua al chaufa de arroz o sustituir una ración de pan de harina de trigo por papa, yuca, camote, cancha de maíz. Debemos imitar –en cierto modo– lo que hacen los colombianos, que consumen más arepas que pan, o los mexicanos, que priorizan el consumo de tacos o tortillas.

Esta iniciativa debe contar con una campaña de promoción de los alimentos nacionales, empezando por los andinos.

El Perú tiene recursos alimentarios singulares, tesoros casi ocultos, como las papas nativas de colores, la carne de alpaca, el tarwi, la kiwicha, la quinua. El país tiene la prioridad de tener una alimentación adecuada. Hay que trabajar para incrementar la producción y ampliar el consumo interno.

 

 

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