El cultivo de palto en el panorama frutícola peruano ha experimentado un notable desarrollo en la última década, consolidando al país como el segundo exportador mundial de esta fruta, asegura el Ing. Jaime Bautista Rubio, investigador del Programa de Investigación y Proyección Social en Frutales de la Universidad Nacional Agraria La Molina, asesor y consultor frutícola.
“Aunque la palta cv. Fuerte es apreciado en el ámbito nacional, es la palta cv. Hass el que juega un papel fundamental en las exportaciones, ocupando más del 94 % del área total cultivada, mientras que el cv. Fuerte apenas alcanza el 3 %”, señala.

Este crecimiento del cultivar Hass se ha logrado gracias a la participación de grandes empresas, que han ido expandiendo su producción no solo en la costa, sino también en la sierra y la selva del país.
La diferencia en el manejo técnico del palto cv. Hass y Fuerte reflejan sus mercados de destino: el fruto del palto cv. Fuerte, principalmente, se destina al mercado nacional, mientras que el del cv. Hass se exporta a otros mercados a nivel internacional, aunque su consumo en el país también está en aumento.
Pudrición apical del fruto
La recolección y comercialización de la palta Hass se desarrolla a través de agentes que la procesan en plantas especializadas. Esto contrasta, sostiene el Ing. Jaime Bautista, con la situación de la palta cv. Fuerte, donde estos agentes no suelen procesar la fruta siguiendo los mismos estándares procedimentales, dado que su mercado de destino es diferente.

“La diferencia mencionada ha puesto de manifiesto una problemática significativa para los productores de palto cv. Fuerte en los últimos años: la pudrición apical del fruto, también conocida como Stem-end rot (SER)”, dice.
Esta enfermedad se caracteriza por lesiones marrones e irregulares en la parte proximal del fruto, aledaño al pedicelo, que se extienden rápidamente y se vuelven blandas a medida que la palta madura.
A menudo, se desarrolla un micelio blanco alrededor de la cavidad del pedicelo, y la pulpa de esa zona se ve afectada por una necrosis oscura que, en estados más avanzados, contiene “raicillas negras”, que en realidad son los vasos conductores infectados y necróticos.

Investigación y medidas de control
El Ing. Jaime Bautista señala que a través del acompañamiento técnico a los productores realizado por el Programa de Investigación y Proyección Social en Frutales de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), se ha observado que esta enfermedad puede ser provocada por hongos que inicialmente infectan las ramas y luego se propagan a los frutos. “Es probable que esta enfermedad esté asociada al hongo Lasiodiplodia sp., lo cual coincide con investigaciones que han identificado el SER con otros hongos de la misma familia (Botryosphaeriaceae). Por lo tanto, resulta crucial implementar estrategias de control antes de la cosecha para prevenir la proliferación de este patógeno dentro del árbol”, asegura.
Como parte de una estrategia integrada, la mejora de la arquitectura de la copa del árbol mediante sistemas de poda contribuye a exponer más zonas internas a la radiación solar, lo cual limitaría la proliferación del patógeno al evitar la formación de microclimas favorables. Esta práctica también facilita que las aplicaciones fitosanitarias alcancen áreas de difícil acceso o densamente pobladas de tallos y follaje.
En la misma línea, prácticas que incluyan el tratamiento de los restos de poda pueden complementarse con el uso de microorganismos para acelerar su descomposición dentro del campo o su procesamiento en líneas de compostaje, con el objetivo de promover la competencia contra el patógeno.
En cuanto al uso de fungicidas, la selección del ingrediente activo dependerá de la condición de la planta, el nivel de infestación y los límites máximos de residuos. En campos donde esta enfermedad está presente, el uso de procloraz para reducir el inóculo antes y después de la poda es parte del protocolo de esta práctica, ya que el personal puede contaminar su ropa con este inóculo y diseminarlo dentro o fuera del campo al entrar en contacto con los cortes de poda realizados. Cuando el patógeno se encuentra dentro de la zona del injerto o en casos de infección avanzada, se prefieren productos que puedan ingresar a esa área para controlar su expansión interna, como el tiabendazol o hymexazole.
Durante la cosecha, se identifica otro factor de riesgo: la contaminación causada por herramientas no desinfectadas. Por eso, el investigador del Programa de Investigación y Proyección Social en Frutales de la UNALM recomienda desinfectar las tijeras regularmente antes y durante la cosecha. Además, se debe evitar cualquier práctica que dañe el pedicelo o la zona circundante, ya que las heridas son la principal puerta de entrada del patógeno. Se ha observado que los frutos sin pedicelo o con pedicelo muy largo presentan una mayor incidencia del SER, probablemente debido al daño que se produce al trasladar los frutos de las bolsas cosechadoras a las jabas o bines. Las buenas prácticas de cosecha, que incluyen herramientas que corten los frutos del árbol en lugar de arrancarlos, pueden ayudar a reducir la presencia de esta pudrición en la postcosecha, refiere.

Fomentar el consumo local
El desafío que enfrentan los productores peruanos va más allá de controlar esta enfermedad. La palta, siendo un alimento nutritivo y versátil, tiene un consumo per cápita considerable en países vecinos como Chile, donde los ciudadanos consumen entre 9 y 10 kg al año. En contraste, en Perú, este consumo apenas alcanza los 5 kg por persona anualmente. Para equiparar estos números y aumentar la demanda local, sostiene el Ing. Jaime Bautista, es crucial promover no solo el consumo de la palta cv. Fuerte, sino también del cv. Hass, del cual muchos productores ya tienen áreas instaladas.
“Una estrategia fundamental para impulsar el consumo es garantizar la calidad del producto. Los consumidores peruanos deben asociar a la palta con frescura y sabor excepcionales, independientemente de la variedad. Por su parte, los productores necesitan apoyo para mejorar la comercialización y la distribución de sus productos, asegurando que los frutos lleguen a los mercados locales en óptimas condiciones”, sostiene.
El camino hacia un mayor consumo de palta en el Perú implica una colaboración entre agricultores, autoridades gubernamentales, la academia y consumidores. La educación sobre prácticas agrícolas óptimas, las inversiones en tecnología para el control de enfermedades y las campañas de promoción que destaquen la versatilidad y los beneficios nutricionales del fruto son pasos esenciales hacia este objetivo.
