La limeña mazamorrera Dayana Vargas Ramos, ingeniera textil de profesión y musa inesperada, irrumpió como un destello entre los pasillos del XII Seminario Internacional de Cítricos 2026, realizado el 21 y 22 de abril en Lima. En su mirada, tibia como aurora temprana, parecía madurar la dulzura de la naranja; y de su piel, sutil y luminosa, se desprendía una fragancia imaginada, hecha de notas cítricas y promesas frescas.
Vestida de blanco —como si la pureza hubiera tomado forma— su figura se erguía en delicado contraste frente al estallido cromático de mandarinas, limones y naranjas. La escena, casi pictórica, tejía un equilibrio entre naturaleza y presencia humana, convirtiéndola en el punto de convergencia de todas las miradas.
