José Huaraca Vilcameza, representante de la empresa Gran Pangoa, impulsa la transformación de la pituca —también conocida como ñame—, un tubérculo amazónico tradicional, en un snack saludable en forma de hojuelas sazonadas con sal de Maras, buscando revalorar su cultivo y consumo en todo el país.
“La pituca es un producto que el Perú siempre ha tenido, pero que ha sido muy poco conocido y difundido. Lo que hemos hecho como empresa es transformarlo en hojuelas con un toque especial de sal de Maras”, sostiene Huaraca.
Este emprendimiento amazónico tiene ya más de tres años en el mercado y ha logrado posicionar su producto en ciudades como Lima, Arequipa, Tacna e Ica, destacando por su sabor y origen regional. Las hojuelas de pituca, además de ser crocantes y sabrosas, representan una alternativa nutritiva a los snacks convencionales.

Gran Pangoa trabaja directamente con productores de la zona de Pangoa y Satipo, quienes cultivan esta raíz bajo tierra, de manera similar a la papa o la yuca. Se trata de un cultivo de pan llevar, producido en pequeñas parcelas, lo que permite conservar las prácticas agrícolas locales y dinamizar la economía de las familias rurales.
La pituca presenta un aspecto redondeado o alargado, con pulpa blanca y pequeñas vetas moradas. En la Amazonía peruana, se consume hervida o frita, y suele reemplazar a la papa en platos tradicionales como el tacacho con cecina, el inchicapi o el juane.
Con esta propuesta, Gran Pangoa apuesta por un snack con identidad amazónica, que pone en valor los sabores del Perú profundo y promueve la revalorización de cultivos ancestrales.
