Escribe: Dr. Mario E. Tapia Núñez, especialista en sistemas agropecuarios andinos
El Perú, además de su inmensa agrobiodiversidad, destaca por ser un país con vocación agrícola milenaria, con más de 10,000 años de historia agraria. Nuestra accidentada geografía en los Andes no permite a los agricultores contar con extensas tierras labrantías, sino con pequeños campos y microclimas, que van escalando o descendiendo, según sea la zona agroecológica, en el complejo territorio andino.
En la actualidad y con la decisión política del gobierno de apoyar la producción en las condiciones de andenes en la sierra, es el momento de proponer iniciativas locales. Cada municipio distrital y las comunidades campesinas, con apoyo del Programa “Agro Rural”, universidades y ONG podrían presentar proyectos de recuperación y habilitación de andenes y recibir el apoyo tanto técnico como de inversión, para actualizar el uso de los andenes, ampliar la producción de alimentos, asegurando la comercialización y así mejorar los niveles de nutrición de la población local.
El Perú se merece un proyecto Andenes del siglo XXI, que sea reconocido mundialmente por los aspectos de beneficio ambiental; reducción de la erosión de los suelos; mejora de los niveles de nutrición; respuesta al cambio climático y adecuado uso de la agrobiodiversidad.
Sin embargo, se requiere un plan y programa de acciones para poner en producción los andenes con la participación de las comunidades campesinas, utilizando los conocimientos tradicionales y tecnologías modernas, de manera que exista complementación; en el que se evite la politización de dichas acciones y, sobre todo, se eliminen los trámites burocráticos, así como se ponga en práctica una gestión libre de corrupción.
Escuela tecnológica viva
El antiguo peruano hizo de nuestro complejo territorio una escuela agrotecnológica viva para construir miles de hectáreas de tierras labrantías, en las pendientes y al borde de abismos profundos, utilizando el sistema de andenes como otras civilizaciones de montañas, en el mundo lo hicieron.
Según el último inventario realizado en el 2014 por “Agro Rural” del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), actualmente contamos con 340,720 hectáreas de andenes, distribuidas en 11 regiones políticas, incluyendo Lima (1).
En ellas se utiliza ingeniería hidráulica con tecnologías de riego ancestrales, tales como pequeños reservorios circundantes para la captación de agua de lluvias; microrreservorios artificiales o qochas; amunas, que alimentan los ojos de agua mediante la desviación de acequias y riachuelos; zanjas de infiltración para captar la lluvia; canales de riego; plantación de bosques para captar el agua de la neblina; a esta tecnología se añadieron otras como los camellones elevados o waru waru o suka kollos en terrenos planos de altura (2); etc.
Los agricultores prehispánicos habilitaron los andenes para cultivar la diversidad de especies y cultivares para su seguridad alimentaria (3).
Para comprender la importancia de este sistema en la agricultura precolombina, basta mirar los milenarios andenes, terrazas formando escalinatas agrícolas labrados en diversas cuencas hidrográficas de nuestros Andes, empezando por Cusco, Arequipa, Ayacucho, Puno, algunos abandonados y culminando en la andenería de los distritos de la provincia de Yauyos, región Lima: Huañec, Laraos, Ayavirí, Omas, Tauripampa, Pampas, Víñac y Chupamarca.
Tarea del actual gobierno
Según, la información oficial, de las 340,720 hectáreas de andenes que existían hasta el 2014, están en producción, aunque no permanentemente para la agricultura, 259,319 ha que sigue patrones tecnológicos tradicionales poco innovadores. Eso significa que aún quedarían al menos 81,401 ha por poner en valor, cuya recuperación debe ser tarea del actual gobierno de transición o del próximo gobierno, con el fin de dinamizar la economía rural y contribuir a la preservación del ecosistema, porque es una de las mejores alternativas para responder al cambio climático en los Andes, expandiendo nuestra frontera agrícola.
Sin embargo, la ex Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN) informó que existirían alrededor de 500,000 ha de andenes, terrazas o pata patas (definir los tipos de terrazas y sus condiciones es una tarea por ejecutarse). Estas áreas requieren inversión en el rescate de esta obra prehispánica que resultaría —incluso— mucho más beneficioso social y económico, para el país que los actuales proyectos de riego en la costa que se han venido ejecutando, los mismos que registran costos elevados, porque llevar agua desde los Andes hacia la costa es una fuerte inversión, puesto que se requiere construir grandes represas y una red de canales.
Europa busca la agricultura de precisión
En Europa, especialmente Suiza, Italia, Francia, Austria, las terrazas en los pre Alpes constituyen espacios para la producción de cultivos como vid, flores, plantas medicinales etc. en forma intensiva y bien mecanizada (mini tractores) con alta rentabilidad, por ser productos únicos.
Paralelamente, en esos países se han implementado modernas tecnologías que facilitan la incorporación de tierras en pendientes para la agricultura; que no dañan la estructura de los suelos, en complemento con sistemas de riego tecnificado, además del uso de drones para la aplicaciones de fertilizantes y control fitosanitario de la producción, para llegar a la agricultura de precisión.
Casi 30 % de los Andes produce alimentos
Tomando como referencia las estadísticas de la desaparecida ONERN, en el Perú no más del 30 % de los Andes se utiliza en la producción de alimentos, por razones económicas, sociales y debido al éxodo de la población campesina hacia las ciudades, además de la baja rentabilidad de la producción de esos ecosistemas.
Actualmente, en los andenes en producción en la zonas de Suni y Puna se cultiva diversidad de papas, mientras que en las zonas quechua, yunga, a menor altitud, maíz. En los andenes cercanos a las ciudades, como Arequipa y Cusco, se cultiva maíz, papa, hortalizas y últimamente, se ha introducido alfalfa.
Cabe destacar la iniciativa del Midagri que impulsó un proyecto de recuperación de andenes para la producción de flores en Matucana, Huarochirí, Lima, así como se tiene experiencias pilotos en algunas comunidades de Ollantaytambo, Cusco, en la producción de plantas medicinales.

Experiencias anteriores
A fines del siglo pasado se empezó a promocionar la campaña “Adopta un Andén”, con el propósito de incentivar la actividad privada en recuperar esa milenaria tecnología de producción y ponerla en valor, para la producción de alimentos, gracias al interés de la Sociedad Peruana de Gastronomía (Apega), pero con pocos avances a la vista. La misma consistía en interrelacionar a la agricultura de andenes familiar y comunal con los mejores restaurantes, hoteles, industrias alimentarias u empresarios del Perú y el mundo, para que éstos aseguren la compra de la totalidad de la producción proveniente de los andes, a precios justos.
(1) “De las 121 millones de hectáreas que abarca el territorio nacional se cultiva menos de 6 millones, lo cual equivale a 1,900 m2 de cultivos por habitante, uno de los índices más bajos de América del Sur. Tenemos una superficie aproximada de medio millón de hectáreas de andenes (Masson, 1984), de los cuales aproximadamente el 10 % está en uso permanente, 20 % en uso temporal o estacionario y el 70 % abandonado o destruido, representando el 4, 8 y 28,1 % respectivamente del área agrícola total cultivada en el Perú” (Fuente: www.fao.org)
(2) “Construyeron camellones o “sukakollos” —suka: surco, kollu: amontonamiento—. Plataformas de aproximadamente 1,0 metro de alto-por un ancho de 12 a 15 m, y el largo podía llegar a los 200 m, compuestas de una capa inferior de piedras irregulares, sobre la que se colocaba una capa de terrones producto de la excavación de los canales, y finalmente tierra cultivable. Entre ellos discurren los canales de agua–“suka uma”: surco de agua, proveniente de las lluvias y en algunos casos desviando el curso de los ríos”. (Fuente: Pueblosoriginarios.com)
(3) “Los campos elevados protegían los cultivos de las inundaciones. Las aguas, en los canales además de constituir un reservorio, producían un efecto termo regulador atenuando las heladas y originaban un ambiente propicio para el desarrollo de diversos cultivos. Finalizada la cosecha, de los canales se saca la tierra húmeda donde han crecido algunas plantas acuáticas, rica en nutrientes y lo coloca sobre el terraplén, a modo de fertilizante. En pocas palabras, se modificaban el clima circundante, y reducía el efecto de las sequias temporales en la etapa del cultivo “veranillos” para convertir áreas con riesgos climáticos en aptas para la agricultura”. (Fuente: Pueblosoriginarios.com).
