En las zonas altoandinas de la región Amazonas, los pastos constituyen el sustento principal del ganado y, por tanto, la base económica de numerosas familias rurales. Sin embargo, el uso intensivo del suelo y los efectos del cambio climático han provocado su degradación, afectando la calidad y cantidad del forraje disponible.
Para hacer frente a este desafío, investigadores del Instituto de Investigación para el Desarrollo Sustentable de Ceja de Selva (INDES-CES) de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza (UNTRM) realizaron un estudio en los distritos de Atuén y Molinopampa, empleando drones equipados con sensores especializados para medir la cantidad de pasto disponible, conocida como biomasa aérea.
Estos drones utilizaron dos tipos de tecnología: LiDAR, que mide la altura y forma del pasto, y cámaras multiespectrales, que captan el color y la salud de la vegetación.
Con la información recopilada, los investigadores elaboraron mapas de alta resolución —con precisión de hasta 20 centímetros— que muestran la distribución y cantidad de forraje en distintas zonas. Los resultados revelaron que los pastos de Atuén presentan mayor biomasa que los de Molinopampa, debido a variaciones en el clima, la altitud y la intensidad del pastoreo.
El método más preciso fue el de bosque aleatorio (Random Forest), un sistema de análisis que combina distintos tipos de datos. Se determinó que los índices de color verde, asociados a la clorofila, permitieron estimar mejor el pasto fresco, mientras que los datos de altura obtenidos con LiDAR resultaron más útiles para calcular el pasto seco.
Este estudio demuestra que el uso de drones permite monitorear los pastos de manera rápida, precisa y sin causar daño al terreno, lo que contribuirá a una mejor planificación del pastoreo, la prevención del sobrepastoreo y el aumento de la productividad en las áreas ganaderas.
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