Por: Nilton Llanos, experto en agroexportaciones y transporte multimodal
Durante la semana 43, en Piura, algunos agroexportadores han decidido suspender temporalmente la cosecha debido a las lluvias. Otros, que ya habían iniciado su campaña y tenían previsto movilizar 120 contenedores reefer semanales, redujeron esa proyección a 70 TEUs semanales debido a la coyuntura. Aunque se trata de un caso puntual, permite observar cómo una interrupción en el campo puede alterar la programación de una campaña agroexportadora y extender sus efectos a toda la cadena logística.
Este caso muestra cómo las condiciones climáticas pueden modificar la programación de una campaña agroexportadora, como las de uva y mango, que enfrentan expectativas de caída de entre el 30 % y el 50 % respecto de la campaña anterior. Lo mismo ocurre con otros productos destinados al mercado local.
Durante muchos años he participado en diferentes campañas agrícolas de la costa peruana, desde los fundos, y estas adversidades climáticas forman parte de la actividad agrícola. Cuando las lluvias cesan, la cosecha puede reanudarse. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la lluvia no da tregua?
Cosechar fruta mojada puede comprometer su calidad y conservación. La pausa busca proteger el producto, pero también obliga a reprogramar el transporte, las citas en el puerto y las inspecciones sanitarias del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa). Mientras tanto, el personal de cosecha queda paralizado y, si no hay fruta cosechada, ¿qué producto procesarán los packings?
La paralización de estas actividades genera pérdidas que asumen los agroexportadores y agricultores. Además, el Perú deja de percibir divisas, con efectos en la economía nacional.
Frente a estas interrupciones, la resiliencia de la agroexportación peruana se pone a prueba en su capacidad para reorganizar las cosechas, ajustar los despachos y coordinar con los operadores logísticos, protegiendo la calidad de la fruta y procurando cumplir con los compromisos internacionales.
