En los Andes peruanos, donde la altura y las bajas temperaturas marcan el ritmo de la vida, la riqueza hidrobiológica emerge como una oportunidad comercial y nutricional de gran importancia socioeconómica. Aunque las especies más destacadas no son autóctonas, como la trucha y el pejerrey, su adaptación al clima altoandino los ha convertido en protagonistas de la piscicultura regional. A esto se suman productos nativos como el cushuro o murmunta, una cianobacteria que se encuentra en las lagunas altoandinas del Perú, Bolivia, Ecuador y el norte de Chile y que se consume desde la época de los incas y es parte de la dieta de los pobladores de estas regiones, dada a su extraordinario valor nutricional, alto en proteína y hierro que podría desempeñar un papel clave en la lucha contra la anemia.

El Ing. Marcelino Jorge Araníbar Araníbar, presidente de la comisión organizadora de la Universidad Nacional Fronteriza Autónoma de Yunguyo y docente en la Universidad Nacional del Altiplano, destaca la diversidad hidrobiológica del país. “Hay especies que, aunque no son originarias, ofrecen un gran potencial comercial, como la trucha y el pejerrey. Entre las especies locales, destaca el umanto (pez de agua dulce que habita en el lago Titicaca) y el tunche en la Amazonía, que lamentablemente están en peligro de extinción debido a la introducción de especies foráneas”, comenta.
Contaminación minera pone en peligro al pejerrey en Arequipa
El caso del pejerrey es paradigmático. Mientras que en los ríos de Arequipa como en el Chili, su población ha disminuido drásticamente por la contaminación minera, en el lago Titicaca este pez ha encontrado un refugio natural donde prospera. “Es un pez de fácil reproducción, y actualmente se está investigando su alimentación para mejorar la especie”, explica el Ing. Araníbar. En otros países, como Argentina, el pejerrey ha alcanzado un desarrollo productivo destacado gracias a su carne blanca de sabor delicado.
Sin embargo, la piscicultura en los Andes enfrenta serias barreras. Para los pequeños productores, el acceso al mercado está obstaculizado por múltiples normativas y la limitada disponibilidad de crédito. A esto se suma la falta de infraestructura básica, como un suministro continuo de electricidad para mantener cadenas de frío esenciales en la preservación de los productos hidrobiológicos.
En este desafiante contexto, existen empresas que han sabido capitalizar la riqueza hidrobiológica, exportando filetes de trucha a Europa. No obstante, otras iniciativas más pequeñas, como Arapa, han disminuido sus operaciones debido a problemas con permisos. A pesar de estas dificultades, la producción de trucha sigue avanzando gracias a mejoras genéticas que aceleran su crecimiento en comparación con las especies locales.

Cushuro: superalimento que comienza a visibilizarse
El cushuro (Nostoc sphaericum), es un tesoro nutricional que crece en las lagunas altoandinas a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Desde tiempos ancestrales, ha sido consumido en el Perú, pero su potencial comercial y su capacidad para combatir problemas como la anemia aún están desaprovechados.
Según el Dr. Mario Tapia Núñez, el Centro Internacional de la Papa incluyó al cushuro en un libro sobre cultivos andinos publicado en 2023, destacando su riqueza en hierro y otros nutrientes esenciales. Por su parte, el Ing. Araníbar propone la liofilización como una alternativa para ampliar su mercado. Este proceso, que elimina el agua mediante congelación y deshidratación al vacío, permitiría que el cushuro llegue a las ciudades conservando sus propiedades y su alta calidad nutricional.
“El cushuro es un producto perecedero, y su falta de procesamiento limita su comercialización. Con tecnologías adecuadas, podría ocupar un lugar destacado en los anaqueles y en las mesas de los peruanos”, concluye el Ing. Araníbar.
La riqueza hidrobiológica de los Andes, con su diversidad de especies y productos, representa una oportunidad invaluable para el desarrollo sostenible de las comunidades altoandinas. Sin embargo, su aprovechamiento pleno dependerá de la inversión en infraestructura, investigación y tecnología que permita superar las barreras actuales. Solo así, este patrimonio podrá convertirse en motor de progreso y bienestar para el país.
