En el Perú, los pueblos rurales, así como su biodiversidad y los saberes-haceres que componen su capital humano y social, han sido históricamente marginados por las políticas públicas, acusados de ineficientes y de resistirse a la modernidad. Sin embargo, son los que producen más del 70 % de los alimentos que consumimos.
Si bien es cierto que en las últimas décadas, nuestra biodiversidad ha cobrado importancia a través de la puesta en valor de productos específicos, pero su comercialización aún no se traduce en mejoras para la vida de las personas que los cultivan y salvaguardan, los bajos precios pagados a los campesinos por sus productos, así como la falta de apoyo a la producción, los somete al círculo pernicioso de la pobreza; situación que se ha agravado con la pandemia y más recientemente por los efectos de la guerra entre Ucrania y Rusia.
Para contrarrestar esta situación, es necesario pensar en nuevos paradigmas de desarrollo y nuevos estilos de vida que nos asegure alimentos inocuos para las personas y cuya producción no contamine nuestro planeta.

Desarrollo rural
Para alcanzar el ansiado desarrollo rural se requiere promover una economía circular que permita un desarrollo endógeno en base a los recursos locales existentes, otorgando valor agregado a los productos para su incorporación al mercado de manera justa y gestionando el reciclaje de los residuos y mermas para preservar el medio ambiente.
En tal sentido, la agroindustria rural cumple un rol social y económico muy importante, energizando las fuerzas productivas de la agricultura familiar, facilitando su articulación con los mercados urbanos, generando empleos e ingresos rurales. Por su parte, la economía circular posibilita interacciones entre economía y medio ambiente, permitiendo la retroalimentación de sistemas no lineales y sistemas vivos. Así, su principal característica es que el residuo se convierte en recurso: el material biodegradable vuelve a la naturaleza y el no biodegradable se reutiliza, por tanto, está ligado a la protección del medio ambiente.
Puesta en práctica de la economía circular
Redar Perú, desde hace 20 años, promueve la agroindustria rural, dando valor no sólo a los productos locales, sino también a las personas, sus conocimientos y su biodiversidad; siendo la capacitación uno de los pilares fundamentales para promover el desarrollo rural.
En ese escenario, con el objetivo de fortalecer las capacidades de los jóvenes rurales y promover la agroindustria rural en Huari, Ancash, creó el Centro de Capacitación para Jóvenes Rurales en Agronegocios en alianza con la Asociación Huarimarca.
Conjuntamente con una red de aliados (productores, escuelas, gobiernos locales, la Alianza de Montañas de la FAO y Slow Food, entre otros), el Centro de Capacitación promueve la economía circular trabajando en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria y con todos los actores, principalmente mujeres que trabajan en el cultivo agroecológico de los frutos de la biodiversidad local que antes eran desperdiciados, como el aguaymanto, el tumbo y la numia mullaca, y los transforman en productos saludables e inocuos bajo la marca Ally Misky.
Los deshechos, animales, vegetales y de la agroindustria, son reutilizados a través de la lombricultura y el uso de biodigestores, regresando a fortalecer los suelos y las plantas en forma de bio-abono o humus.
El Centro de Capacitación ha logrado un impacto significativo capacitando a más de 3000 jóvenes rurales de los cuales 60 % son mujeres. Asimismo, se han implementado 180 agronegocios locales, promoviendo cultivos agroecológicos, el uso bioabonos y la diversificación de la dieta local contribuyendo a la seguridad alimentaria de las familias.
Próximos pasos
Para el presente año, las metas del Centro de Capacitación son claras: efectuar una transición a fuentes renovables de energía, y recuperar la cocina tradicional otorgándole visibilidad, fortaleciendo así la seguridad alimentaria y la identidad local.
Redar Perú pone a disposición de las autoridades esta experiencia que puede ser replicada y escalada, en el ámbito nacional, sobre todo en las escuelas rurales para promover el cambio en la mentalidad de nuestros jóvenes rurales, quienes necesitan tener esperanzas de un mundo mejor.
