Lanzamiento de la segunda reforma agraria

“Esta segunda reforma agraria no reforma nada” [OPINIÓN]

Escribe: Milcíades Ruiz Rojas, experto en desarrollo rural

(Lamento tener que hacer objeciones a la anunciada II Reforma Agraria, pero si veo que se procede mal, no puedo decir que está muy bien y aplaudir hipócritamente. He nacido y crecido en el campo, pasando todas las vicisitudes del agro. Por eso, creo tener el conocimiento y la experiencia que me da autoridad moral para hablar del tema).

Milcíades Ruiz Rojas, experto en desarrollo rural

En mis tiempos campesinos, ponerse un sobrero de palma como el que usa el presidente Castillo, era una ostentación. Los pobres usábamos sombrero de junco nada más. Pero, en cualquier caso, siempre nos sacábamos el sombrero en señal de respeto. Así que, con ese respeto, me presento y digo:

No es un clamor campesino

La segunda reforma agraria (SRA), no es un clamor campesino. Esta bandera, salió de los despistados recintos políticos que desconocen la problemática agraria. Es fácil comprobarlo. Solo revisen los antecedentes de las demandas agrarias.

Sabemos, que es un error plantear un asunto fuera de su contexto histórico. La Ley de Reforma Agraria 17716, que estableció  el “Día del Indio” en 1969, (que luego pasó a ser “Día del Campesino”) se expidió en un contexto histórico distinto al actual. Puso fin a un régimen de tenencia de la tierra erigida sobre la conquista del Tahuantinsuyo, despojándosela a la población nativa. En la sierra, latifundismo feudal y en la costa, latifundismo industrial exportador. A inicios de 1960, el Perú, era gobernado por una oligarquía terrateniente, dueña de los poderes del estado.

Esa realidad, la cambió el gobierno del general Juan Velasco (1968-1974). Pero esa reforma agraria, era un clamor nacional, como lo señala la propia ley en sus considerandos: “Que todos los sectores de la ciudadanía han reclamado la transformación de la estructura agraria del país”.

En busca de justicia social

Tampoco era una reforma aislada. Ella, formaba parte de un proyecto de transformación del país, con miras a establecer una nueva república con una democracia de participación plena en una economía socialista autogestionaria.

El fundamento ideológico de esa ley reforma agraria, era: “un ordenamiento agrario que garantice la justicia social en el campo y aumente la producción y la productividad del sector agropecuario, elevando y asegurando los ingresos de los campesinos para que la tierra constituya, para el hombre que la trabaja, base de su estabilidad económica, fundamento de su bienestar y garantía de su dignidad y libertad”. Como sabemos, ese proceso revolucionario se frustró (no fracasó) y la reforma agraria fue envilecida con la parcelación privada y los ataques terroristas.

Si hablamos de la segunda reforma agraria, se supone que es para insistir en la misma filosofía política de la primera. Pero esta, fue concebida dentro de un proyecto político que ya no existe. Tampoco es el mismo proyecto que tiene el gobierno actual. La primera, fue una reforma estructural. Esta, no reforma nada, ni tiene nada que ver con aquella.

El latifundismo ha vuelto, pero lo ignora

La Ley de Reforma Agraria 17716, en su art. 28° dispuso que la extensión de la propiedad de tierras no debería pasar de 150 hectáreas. Hoy con la segunda reforma agraria, se harán irrigaciones financiadas con el dinero tributado por los peruanos y se les subsidiará a las corporaciones multinacionales que ya poseen latifundios, tales como: Gloria S.A. (86 mil ha), Camposol (25 mil ha), Damper (20 mil ha) Virú S.A. (10 mil ha, más 13 mil alquiladas), y sigue la lista larga de latifundios de propiedad mayormente extranjera.

No es que el latifundio sea malo per se. Son las condiciones las que se objetan. Varios obreros agrícolas cayeron bajo las balas, tan solo por pedir mejores salarios y bonificaciones. A los trabajadores les pagan en soles, pero las empresas multinacionales exportadoras ganan en dólares. Con el alza del dólar los salarios se han reducido, mientras que dichas empresas se benefician con la devaluación.

La riqueza no se queda en el Perú

Pero toda la riqueza que generan nuestros recursos naturales, tierra, agua, clima, que otorgan enormes ganancias a las multinacionales, no se queda para desarrollar nuestro agro. Se va para Chile, EE UU, Inglaterra, Noruega, España y demás países de los inversionistas. Al campesino no se le subsidia, pero a estos latifundios sí. Además, se les rebaja impuestos y se le otorga un régimen laboral especial para eludir derechos sociales.

Subsidio  fiscal  a la inversión, y  en la venta de tierras

Un estudio especializado de Lorenzo Eguren,  publicado en libro del Cepes, nos informa que, a esas corporaciones, se ha otorgado subsidio a la inversión (la diferencia entre el costo de la infraestructura y el ingreso obtenido por la venta de nuevas tierras y otros bienes y servicios). Subsidio en la venta de tierras (diferencia de precio de mercado y el obtenido en la venta). Subsidio fiscal (diferencia entre el régimen fiscal ordinario y el régimen fiscal especial). Vean los siguientes cuadros.

“En conclusión (dice Eguren), el subsidio total en la venta de tierras en Chavimochic habría sido entre 18 % y 44 % en los casos de las subastas y entre 26.3 % y 49.5 % en el caso de las ventas directas para un rango de precios bajos y alto.

Montos  de lo subsidiado

Esto, si lo comparamos con la inversión necesaria a precios de mercado para adquirir una hectárea lista para fines agrícolas bajo un rango de precios inferior y superior, significaría un subsidio en el mejor de los casos de US$ 55,823,995 y en el peor de los casos de US$185,598,739.  Esto, si lo dividimos entre el total de hectáreas vendidas, (55,756 hectáreas) nos da un subsidio de entre US$1,001 y US$3,329/hectárea.

“El subsidio más contundente es el subsidio en la inversión. El Estado peruano ha logrado recuperar a lo más solo 7 % del costo total de los proyectos de irrigación. Resulta evidente que estos proyectos, no se diseñaron para recuperar la inversión sino por el contrario para que este sea subsidiado casi en su totalidad” (L. Eguren).

Ni siquiera hay un documento acabado

Entonces pues, lanzar como gran obra de gobierno la segunda reforma agraria, sin considerar nuevas condiciones de la explotación de la tierra es un hecho poco serio. Ni siquiera hay un documento acabado que la sustente ideológica y técnicamente. Se anuncia un próximo “Gabinete de Desarrollo Agrario y Rural”, de carácter burocrático, que lo liderará el presidente Castillo. ¿?

Peor aún, la mal llamada segunda reforma agraria, no tiene financiamiento, ni existe como pliego, programa, o proyecto, en el presupuesto presentado por el ministro de Economía y Finanzas Pedro Francke para el 2022. Entonces, ¿en qué quedamos? No pues, ¿para qué engañar con tanta pomposidad aparentando una grandiosidad que no la tiene? La sinceridad es lo que nos puede salvar de nuestras limitaciones. Hacer pasar gato por liebre no es una buena salida para un gobierno que se deteriora muy rápidamente por sus propias torpezas. ¿Qué necesidad hay de hacer simulacros?

Todo lo anunciado es continuismo

La verdad es que todo lo anunciado es solo continuismo de lo que ya se vienen haciendo con el neoliberalismo desde hace dos décadas. El presidente no tiene necesariamente por qué saber de todo, pues para eso están los consejeros y asesores especializados. Pero, si no son los adecuados, le harán cometer errores. Todo esto, revela que este gobierno no tiene definida una política agraria como integrante de un plan y estrategia de desarrollo nacional.

En esta perspectiva, ¿cómo se conduce el ministerio del ramo? Simplemente se pone la etiqueta de “en el marco de la segunda reforma agraria”, a todo lo que se viene haciendo desde años atrás. Por ello, creo que, lo que se necesita es ayuda. No del gobierno, sino al gobierno. Ayuda de calidad para hacer una buena gestión. Ayuda para conformar un calificado equipo ministerial, descartando los improvisados carentes de visión de gobierno.

Es un listado de ideas sueltas

El pomposo anuncio de la segunda reforma agraria, es solo un breve listado de ideas sueltas, sin concordancia con el funcionamiento sistémico de la economía nacional. Al presidente se le ha hecho creer que la franja de precios es una novedad para frenar la importación de alimentos, evitando la competencia desleal extranjera. Pero la franja de precios fue implantada desde el 2001, por Alejandro Toledo. Sin embargo, solo es para pocos productos y en el caso del maíz, por ejemplo, con la franja de precios hemos pasado de importar un millón de toneladas a cuatro millones actualmente, desplazando al maíz nacional.

Los TLC anulan la franja de precios

Tenemos tratados internacionales de libre comercio (TLC) con EE.UU. y Europa, para no aplicar aranceles, quedando nula la franja, a la cual se opone la Organización Mundial de Comercio (OMC), que dio la razón a la demanda de Guatemala contra la franja peruana penalizando el hecho. Pero, aun salvando lo que pueda proteger al productor peruano, la franja no es suficiente para resolver el problema. Si la franja eleva los aranceles a la importación de maíz amarillo, sin tener stock propio, provocaríamos el alza del precio del pollo y otros alimentos, con la consiguiente inflación fatal en política, aparte de los litigios internacionales.

Entonces, lejos de estabilizar los precios como se presume, podría tener efectos contrarios. Si la franja ya existe, se puede mejorar en beneficio del productor nacional, pero no es para tanto. “Tenemos que luchar para que el agro goce de soberanía alimentaria”, sostuvo el presidente Castillo. Quizá no entiende que éste es un asunto de los consumidores y no de los productores.

Falso, el gran problema del agro no es la  falta de urea

Se le ha hecho creer al presidente que el gran problema del agro es la carestía de los fertilizantes y que, el gobierno ganaría mucho abaratándolos, para lo cual contamos con los fosfatos de Bayóvar (concesionados a empresas extranjeras). Como no conoce el tema, cree que los fertilizantes son iguales y confunde los derivados del petróleo con la roca fosfórica natural. “En mi gobierno tendremos una planta de fertilizantes en base a fosfatos en favor de nuestros productores, incluso pasaremos a ser exportadores de fertilizantes fosfatados en la región”, manifestó “sacando pecho”.

Pero, los que más usan fertilizantes son los consorcios terratenientes de la agroexportación y serían los mayores beneficiarios. Lo que más se utiliza en el agro peruano es urea y otros fertilizantes nitrogenados. Oficialmente, el 97 % de las unidades agropecuarias es de agricultura familiar, en su mayoría de 4 a 5 ha, de los cuales solo el 4,4 % usa fertilizantes químicos.

El agro familiar no usa  fosfato natural

Nadie usa el fosfato natural porque su efecto no es inmediato, pues no es soluble en agua de riego, y por más que se le pulverice, necesita degradarse para ser absorbido. Solo es aplicable a cultivos permanentes de años de vida.

Si no se conoce el tema, es mejor ser cauteloso, porque vanagloriarse con una “ignorantada”, nos hace quedar en ridículo. Tampoco las compras públicas al agro, como los mercados de productores, son novedad digna de resaltarse como gran bondad de la segunda reforma agraria. Es un error de concepción, creer que, con eso se resuelve el problema económico campesino. El mercado nacional es uno solo y la demanda no varía, sea que lo venda el agricultor o el comerciante. Estos programas ya existen y no gravitan en el mejoramiento económico del campesinado.

El agricultor no es comerciante

Es que la dinámica de los flujos económicos determina que el agricultor, no es comerciante. Son dos especialidades diferentes. El agricultor prefiere vender en chacra sin tener que adquirir balanzas, envases, estibadores, vehículos, que los comerciantes si los tienen. Si los precios son bajos, es porque la oferta supera a la demanda y esto es lo que se tiene que manejar buscando alternativas de mejoramiento económico de los agricultores, vía exportación o, como lo hace el gremio de construcción civil, que cada año, pacta reajuste de salarios y beneficios, pero eso se carga a los consumidores y no al revés como se hace con el agro.

El programa de siembra y cosecha de agua, la intensificación del riego tecnificado como componentes de la segunda reforma agraria, tampoco es novedoso. Desde el 2013 existe el programa “Mi Riego” que se inició con un presupuesto de 384 millones, y el ministro del sector de aquel entonces, Econ. Milton  Von Hesse elevó a 1,500 millones de soles, lo que no los tiene esta seudoreforma. Hasta Kuczynski puso en marcha el programa “Sierra Azul” para lo mismo que propone la segunda reforma agraria. Actualmente, hay duplicidad burocrática para reservorios y riego tecnificado que ya vienen ejecutando “AgroRural” y también, “Sierra Exportadora”.

Los agricultores están en insolvencia

Ni hablar de Agrobanco y el crédito agrario, que el presidente anuncia como gran cosa. No se le ha informado al presidente que los agricultores están en situación de insolvencia. Si lo que produzco no alcanza para sostener la familia, ¿con qué voy a pagar el préstamo? En el mejor de los casos, el campesinado prefiere acudir a la caja municipal de ahorro y crédito antes que Agrobanco. A junio de este año, ellas habilitaron 8 veces más préstamos que Agrobanco, y financiaron al agro 7 veces más en dinero.

Podría seguir tocando los otros puntos anunciados como parte de la segunda reforma agraria, pero para no extenderme más, quizá lo señalado podría ser suficientemente indicativo de las falencias de su concepción y factibilidad.

 

 

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Un comentario

  1. Nesecitamos apoyos para la comunidad campesina de chupan

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