Escribe: Ing. Zoot. Daniel Aréstegui Otazú, gerente de la Asociación Internacional de la Alpaca
El Perú posee una población estimada de 5 millones de alpacas, lo cual equivale a poco más del 70 % de la población mundial del camélido; siendo las regiones de Puno, Cusco, Arequipa y Huancavelica las que concentran la mayor cantidad de ejemplares.
Por otro lado, el clúster textil alpaquero se focaliza principalmente en las ciudades de Arequipa, Lima, Cusco y Puno, donde se ha desarrollado una industria transformadora y de confecciones altamente competitiva, integrada verticalmente y con presencia internacional.
Nuestro producto bandera, a lo largo de toda su cadena de valor, involucra a más de 150,000 familias, vinculadas a la crianza, transformación, confecciones y artesanía textil. Los eslabones de crianza y artesanía se concentran coincidentemente en las zonas de mayor pobreza del país; siendo dichas actividades vitales para la subsistencia de esas poblaciones. Esto sustenta el impacto social y económico de la ganadería alpacuna y del clúster textil que sobre ésta se ha desarrollado.
Ataque a la crianza
En los últimos años, las fibras de origen animal han sido cuestionadas por el aparente impacto de la actividad ganadera sobre el medio ambiente, así como el supuesto maltrato animal que podría darse en los procesos de crianza y específicamente en la esquila de su fibra.
En junio del 2020, una ONG dio a conocer en sus redes sociales un video, evidentemente manipulado y sacado de contexto, que denunciaba maltrato animal en el proceso de esquila de alpacas, e incitaba al público a no consumir prendas elaboradas con su fibra. Un mes después, la misma ONG incluyó en sus publicaciones el ranking del Higg Materials Sustainability Index (Índice Higg) del Sustainable Apparel Coalition (SAC) que cuestionaba la sostenibilidad de la fibra de alpaca.
La metodología y las fuentes utilizadas en la determinación del puntaje asignado a cada material del Higg Index ha sido duramente cuestionado no solo por expertos y líderes de opinión en moda sostenible, sino también por los gremios y representantes de los sectores afectados, principalmente las industrias de la seda, el cuero, la lana y la alpaca; los mismos que han levantado su voz de protesta a diverso nivel durante los últimos meses. Pero fue la Autoridad Noruega de la Competencia la que, en el mes de mayo último, le dio la estocada final al Índice Higg, acusando a las empresas noruegas que lo usaban para infringir la Ley y utilizar información falsa y engañosa. Finalmente, el SAC, en junio reciente, ha retirado el Índice Higg y se ha pausado la visibilidad de los resultados de dicho índice.
Pero la guerra entre textiles de origen sintético, principalmente derivados de la industria del petróleo, y los textiles de origen animal, todavía no está ganada; pues en su afán de abarcar una mayor porción del mercado, los defensores de los textiles sintéticos siguen cuestionando la sostenibilidad de las fibras de origen natural, en particular las provenientes de pelos animales, como lo es la fibra de alpaca, lana de ovino, y las fibras mohair y cashmere, entre otras.
Mercado postpandemia
El mercado global textil poscovid-19 se caracteriza por la predominancia de los enfoques de sostenibilidad y circularidad, los mismos que nos presentan nuevas exigencias y requerimientos, en particular de los consumidores del nicho de mercado de prendas de pelos finos.
Hace décadas, la calidad de la alpaca se media por la finura de su fibra o por el porcentaje de pureza de la prenda; luego aparecieron otros criterios de calidad, como el factor de confort (que la prenda no pique), algunas preferencias por los colores naturales, o que la prenda sea liviana, etc. Hoy en día el nuevo consumidor es más consciente y exigente, además de los atributos de calidad antes mencionados, quiere estar informado sobre el origen de la prenda: frases como “quien está o que hay detrás de mi prenda” nos obligan a asegurar prácticas sostenibles y responsables con el medio ambiente, con los animales y con las personas.
¿Qué hacer?
El RAS es una norma internacional voluntaria que aborda el bienestar de las alpacas en la cadena de suministro y la cadena de custodia del material de fibra de alpaca desde los fundos certificados hasta el producto final.
El RAS 1.0 fue publicado por Textile Exchange el 21 de abril del 2021, luego de una ardua labor del Grupo Internacional de Trabajo (IWG) conformado por representantes de la cadena de valor de la fibra de alpaca (criadores, empresas transformadoras, marcas de indumentaria y académicos) quienes participaron en su diseño entre junio y diciembre del 2020.
- La certificación ofrece una forma de verificar las mejores prácticas ambientales, sociales y de bienestar animal al comienzo de la cadena de suministro y rastrear el material hasta el producto final, proporcionando un mecanismo de trazabilidad confiable desde el origen de la fibra.
- Luego de la publicación de la versión 1.0 del RAS en abril del 2021, por encargo y sugerencia del mismo Texile Exchange se empieza con la formulación al detalle del Proyecto RAS Gremial que involucra la implementación y certificación de 3000 fundos alpaqueros en el Perú durante los próximos cinco años. Este Proyecto RAS Gremial se ha venido reformulando en función a los requerimientos de las fuentes de financiamiento y está empezando con la implementación con fundos piloto y acciones pre operativas de diagnóstico en el segundo semestre de 2022.
- En paralelo a este trabajo, algunas empresas transformadoras y/o comercializadoras de fibra de alpaca del Perú, en respuesta a la demanda de Fibra RAS, han empezado acciones de implementación y certificación de manera independiente, a estas iniciativas se le denomina RAS Privado. Los resultados han sido sorprendentes pues ya se cuenta con 380 fundos certificados y/o en proceso de certificación en nuestro país, con lo que se espera ofrecer este año, aproximadamente 165 toneladas de fibra certificada (equivalente a tops) con RAS.
- Lo más importante de este sistema de certificación es que permite la articulación comercial directa entre productores individuales y/o asociados a las empresas transformadoras, considerándose un pago diferenciado por encima del precio de mercado (fluctúa entre 10 % y 20 %). Al mismo tiempo se genera una retroalimentación y el reconocimiento de la calidad de los lotes comercializados. Con el fin de darle sostenibilidad a la intervención, las empresas transformadoras están asumiendo el costo de la certificación y el proyecto asume los gastos de implementación del sistema, de tal forma que al productor solo le queda asistir a las capacitaciones, implementar los planes y procedimientos y sobre todo llevar los registros de manera adecuada y permanente; realizando los ajustes e implementando las prácticas sugeridas.
- De la experiencia en otros países y especies, estos sistemas de gestión de buenas prácticas ganaderas, no solo facilitan la identificación de puntos críticos en el proceso de crianza, si no que a la larga permiten un incremento de la eficiencia productiva, mejorando los índices ganaderos, tales como mortalidad, morbilidad, natalidad, peso vivo, peso de vellón, etc. Repercutiendo, todo ello, en la mejora de la rentabilidad de la actividad alpaquera.
