El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha publicado el pronóstico de riesgo agroclimático para el cultivo de papa durante el período de febrero a abril. Según el informe, se espera que las precipitaciones en febrero estén de normales a superiores en la sierra norte, mientras que en la sierra sur se pronostican de normales a inferiores.
En marzo, las precipitaciones estarían de normales a inferiores en la costa sur y sierra sur; y de normales a superiores en la sierra norte. En abril, las condiciones serían normales a inferiores el litoral costero, sierra norte y sierra centro; y superiores en la sierra sur.
Respecto a las siguientes condiciones térmicas diurnas y nocturnas se prevé para el periodo pronosticado predominarían condiciones superiores a lo normal en litoral costero y región andina, a excepción de la costa central y sierra centro occidental con condiciones diurnas de normales a inferiores a lo normal en abril. Así también, el litoral costero y la sierra sur occidental con condiciones nocturnas de normales a inferiores para el mes de abril.
Costa central y sur
Durante el mes de febrero, como consecuencia de las temperaturas propias de verano, se esperaría condiciones de alto riesgo para el cultivo de papa, debido a una mayor presión de plagas y enfermedades, y una escasa tuberización del cultivo.
Para los meses de marzo y abril, las temperaturas previstas en torno a sus normales (otoño), propiciaran el inicio de las actividades de siembra de la campaña chica 2024, por lo que se estima un riesgo bajo.
Sierra norte
Las condiciones durante los meses de febrero y marzo, permitirían continuar a la campaña agrícola acorde a su temporada, ya que se prevé lluvias entre normales y superiores con respecto a su promedio climático, lo que promoverá el desarrollo vegetativo, la floración y maduración de los sembríos.
Sin embargo, estas condiciones pluviométricas aunadas a las temperaturas cálidas continuaran generando un ambiente propicio para la “rancha”, la “alternaria”, entre otras enfermedades fitosanitarias asociadas a la alta humedad, incrementando los factores de riesgo hasta un nivel medio.
Asimismo, no se descartaría una mayor incidencia de la “mosca minadora”, “minador de brotes”, “psílidos”, entre otras plagas, especialmente en la vertiente occidental durante el mes de marzo.
Para el mes de abril, la disminución de lluvias previstas, propias de la temporada favorecerá a las plantaciones en maduración, por lo que se esperaría niveles de riesgo bajo. Sin embargo, para las plantaciones que se encuentran en crecimiento y floración (siembras tardías), dichas condiciones podrían representar un riesgo alto y medio.
Sierra central
Durante febrero y marzo, las lluvias previstas en torno a sus normales contribuirán el avance de la campaña 2023/2024, promoviendo la floración, maduración y cosecha, por lo que se estiman un riesgo entre bajo y medio.
Por otro lado, no se descarta daños por granizadas, descensos bruscos de la temperatura nocturna, lluvias intensas, entre otros eventos extremos de corta duración, propias de la temporada. Asimismo, estas condiciones dificultarían las labores de cosecha de los campos que finalizaron su maduración (siembras adelantadas).
Para el mes de abril, una disminución de la humedad, debido a la estación, contribuirá la maduración y cosecha de los campos, por lo que se espera un nivel de riesgo bajo. Por el contrario, para las plantaciones sembradas tardíamente, el inicio de las primeras heladas podría ser de alto riesgo.
Sierra sur y altiplano
Para febrero y marzo, en gran parte de la sierra sur persistirían lluvias de normales a inferiores a su promedio climático y temperaturas diurnas cálidas, lo que impactaría durante la floración y maduración de las plantaciones de papa; asimismo, es más probable una mayor incidencia de “gorgojo de los andes”, “polilla de papa” entre otras plagas, por lo que los riesgos previstos podrían alcanzar hasta un nivel alto.
Para el mes de abril, para la mayoría de las plantaciones en la fase de maduración, las lluvias previstas de normales a superiores no tendrían impacto significativo en su productividad. Sin embargo, podría propiciar la aparición de problemas fitosanitarios afectando los tubérculos y dificultades para las labores de cosecha, por lo que los riesgos previstos alcanzarían hasta un nivel alto.
