Incipio
panes fortificados con quinua y kiwicha

“Potenciemos la harina de trigo con quinua y kiwicha”

Escribe: Ing. Ángel Manero Campos

 La famosa canción peruana “Y se llama Perú”, cuya letra menciona “cosechando mis mares, sembrando mis tierras, quiero más a mi patria… y la tierra serrana, nos da a manos llenas, el acero y el pan…”, nos lleva a la reflexión siguiente: el pan no se hace con trigo nacional;  todo el pan comercial del país —además de galletas, fideos y repostería— se elaboran con harina de trigo importado. Proponemos sustituir paulatinamente hasta 3 % de la harina de trigo   por quinua, kiwicha y kañiwa de origen peruano.

Importamos trigo por  valor de US$ 550 millones

De hecho, en el año 2020 hemos importado  de Canadá, Argentina y Estados Unidos cerca de 2.1 millones de toneladas  de trigo por más de   550 millones de dólares.

Según la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) tenemos 20 empresas dedicadas a la molienda de trigo, ubicadas en 12 regiones políticas del país; el 55 % del volumen de harina se destina a la industria de panificación, 28 % a la elaboración de fideos, 7 % a la fabricación de galletas y un 10 % a la pastelería, repostería y otros.

Cerca del 90 % del trigo utilizado por la industria es importado, el resto es abastecido por los productores nacionales. La producción nacional de trigo se orienta principalmente a la culinaria regional (harina de trigo tostado, trigo pelado y trigo tostado) y a la panificación artesanal.

La superficie agrícola con agua disponible, crece cada año en cerca de 50 mil hectáreas (Cenagro 2012/1994) además, la productividad va mejorando en el tiempo. Esto, en un escenario donde la población del país —variable importante para determinar el consumo nacional— crece menos de 1 % al año. La economía —variable de ingreso y poder adquisitivo— crece menos de 3 % anual (sin considerar el 2020) y el efecto de la migración de un millón 200 mil hermanos venezolanos equivale a menos del 3 % de incremento de la población nacional en los últimos 10 años.

En consecuencia, la oferta de productos agropecuarios aumenta en mayor proporción de lo que aumenta la demanda nacional, lo que motiva y motivará precios menores para el campo. El bajo precio de la papa y  de otros productos es probable  que  se repita  en los años siguientes.

No se dio el “acomodo de mercado”

Los modelos econométricos estimaron que progresivamente la oferta disminuirá y los precios mejorarán; sin embargo, este “acomodo de mercado” que debió darse hace más de 20 años, no sucedió ni sucede; debido principalmente a la dispersión y nula coordinación de más de dos millones de pequeños productores y al  estoicismo  que  aquellos  muestran,  renuentes a dejar de cultivar o criar, así hayan tenido malos resultados en las campañas anteriores.

La agroexportación peruana tiene una dinámica positiva y sostenida de crecimiento; sin embargo, estamos llegando a un punto de madurez de mercado donde la demanda no soporta mayores incrementos de oferta sin castigar los precios. Difícilmente podemos pensar  que la agroexportación será una alternativa para buena parte de nuestras más de 2.5 millones de hectáreas bajo riego.

Hay que  desarrollar la demanda industrial

En este escenario, es un imperativo para el país desarrollar la demanda industrial para la oferta del campo. Hace décadas, el cultivo de algodón —que llegó a tener más de 250 mil hectáreas instaladas desde Arequipa hasta Piura— funcionaba como un regulador de la oferta de productos de panllevar. Actualmente, la casi desaparición de este cultivo ha complicado la situación de mercado de productos como  papa,  camote, menestras, choclo, cebollas, entre otros; que han visto incrementados su superficie de siembra.

Algunas alternativas para desarrollar cultivos industriales: cebada para cervecería, algodón orgánico y fibra larga para confecciones, papa pre frita congelada, granos andinos para la industria farinácea, etc.

Granos andinos peruanos

Valor nutricional de la quinua

Para el Instituto Nacional de Salud (INS/Minsa) “la quinua posee un adecuado balance de aminoácidos como la lisina y la metionina, a diferencia de los cereales tradicionales como el trigo, el arroz, el maíz y la cebada. La lisina está relacionada con el desarrollo de las células cerebrales y mejora el desempeño físico, ya que hace eficiente la producción de energía, mientras que la metionina contribuye con el metabolismo de la insulina”.

La producción nacional de quinua ha pasado de cerca de 20 mil t en el año 1991 a 100 mil t para el año 2020: La mitad de la producción nacional se exporta y el rendimiento promedio por hectárea es cercano a 1.5 t/ha. Es necesario señalar que, en el año 2014, se superaron las 120 mil toneladas de producción lo que ocasionó una gran caída de precios para toda la cadena productiva. Enviar más de 50 mil t anuales al exterior tiende a bajar los precios de exportación, ya que el mercado internacional de la quinua aún es reducido.

Quinua por papa

La quinua y la papa compiten por el territorio en la región andina; un incremento de la superficie sembrada de quinua disminuirá la oferta de papa. Este tubérculo en su variedad blanca suele llegar a los mercados con una oferta anual de tres millones de toneladas, marcando un precio en chacra de 0.60 soles por kilo para el productor. Si la cantidad ofertada aumentase en 15 %, el precio para el productor baja aproximadamente a 0.30 soles por kilo; pero, si la cantidad ofertada de papa se redujera en 20 %, el precio para el productor subiría a más de un sol por kilo en chacra. Sembrar 20 % menos de papa significaría dejar de instalar papa en unas 60 mil hectáreas; y allí, se sembraría quinua, kiwicha y kañiwa.

Alicorp en el 2013  lanzó al mercado una harina de trigo mezclada con quinua para su uso en panadería, al pan resultante  se le llamó  “Panqui”. Se vendieron  45 millones de unidades a través de panaderías y supermercados a nivel nacional. El  lanzamiento se dio en un momento donde el precio de la quinua, que era cercano a 5 soles por kilo en chacra, luego subió abruptamente a  7 soles y eventualmente, llegó a 10 soles. Esto motivó la baja del producto.

Fortificar la harina de trigo

La experiencia mundial y nacional en estrategias para promover la suplementación o fortificación de productos de consumo masivo requiere, para su éxito, de la aplicación de una norma que la haga obligatoria. El Decreto Supremo N° 008-2005-SA que reglamentó la Ley 28314 (9 de julio del 2004), dispuso la fortificación de la harina de trigo con micronutrientes con hierro (55 mg/kg), tiamina (5 mg/kg), riboflavina (4 mg/kg), niacina (48 mg/kg) y ácido fólico (1.2 mg/kg). Es decir, la industria ya está obligada a hacer un suplementado antes de comercializar la harina.

La bibliografía señala  que la industria puede utilizar, sin experimentar inconvenientes técnicos, y de forma conservadora, una mezcla de hasta 10 % de harina de quinua y 90 % de harina de trigo.

Por las consideraciones anteriores, se propone establecer —mediante ley— la obligatoriedad de incorporar hasta 3 % de harina de quinua en la harina de trigo que se utiliza para panificación, industria alimentaria y consumo de los hogares. La obligatoriedad de la mezcla sería gradual: al 2023, 1 %, al 2025, 2 % y para el 2027, 3 %.

Un nivel de mezcla del 3 % es conservador y contempla no aumentar de forma importante el costo para el consumidor final, puesto que una tonelada de harina de trigo duro, al por mayor, se vende aproximadamente en S/ 2 mil; mientras que una tonelada de harina de quinua puede costar hasta S/ 8 mil.

El tamaño de la oferta industrial de harinas para el año 2027 será aproximadamente de 2.5 millones de t; un 3 % de ello equivale a 75 mil t de harina de quinua que deberá mezclarse con harina de trigo mayormente importada. Para obtener esta cantidad de harina se necesita más de 90 mil t de quinua en grano, lo que equivale a duplicar la producción actual, que con mayor productividad podría desarrollar en 60,000 nuevas hectáreas para atender esta demanda.

Los mejores estándares del tamaño, color e integridad del grano se exportarán como tal y la oferta menos apreciada en cuanto a apariencia, pero   de calidad óptima, se destinará a la industria. Esto permitirá maximizar el ingreso de toda la cadena productiva.

Es perfectamente posible aumentar la producción de quinua en nuestro país para cumplir con la potencial demanda industrial que motivará esta propuesta de ley. Actualmente producimos cerca de 20 mil t de quinua menos que el año 2014; y en un año, podríamos recuperar y superar ese nivel de producción.

Esta ley no requiere presupuesto del erario público; por el contrario, el Estado se verá beneficiado con la recaudación impositiva; principalmente IGV que se generará con el desarrollo productivo rural alrededor del cultivo de quinua.

Los ingresos por venta de quinua

El valor estimado para 75 mil t de harina de quinua es de S/ 600 millones; ingresos anuales que beneficiarán a cerca de 60 mil pequeños productores de nuestra región andina. Además, hay beneficios colaterales como una mejor distribución de la oferta en cuanto a canales de venta (mercado local, industria y exportación) además, el crecimiento de la superficie sembrada de quinua permitirá disminuir la instalación de otros cultivos que tienen riesgo de sobreoferta en los mercados.

Un análisis crítico podría decir que será el consumidor quien pague el costo de esta propuesta; sin embargo, estamos hablando de solo 3 % de mezcla; es decir todo exceso del costo de la harina de quinua será diluido al mezclarse con 97 % de harina de trigo. En el peor de los casos, esta propuesta elevaría el precio de la harina comercializada en canal mayorista o industrial en un 10 %. El impacto de elevar el precio de la harina es algo a lo que el mercado está acostumbrado: Precio CIF histórico de importación del trigo fue USD 245 por TM (año 2020), USD 254 por TM (2019), USD 273 por TM (2015) y USD 348 (2011).

La industria se verá beneficiada con la percepción de ofertar productos enriquecidos con quinua; es decir, el consumo de panes, fideos, galletas, entre otros; ahora serán un poco más apreciados por el consumidor y de forma colateral el sentimiento de responsabilidad social:  así la ciudad estará apoyando al desarrollo del campo peruano.

 

 

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Un comentario

  1. DIONY ABRAHAM ARAPA CHURA

    Muy interesante y la aplicación del Decreto Supremo que beneficiaria a la actividad agrícola por ende a los campesinos.

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