Escribe: biólogo Felipe Fernando Díaz Silva, asesor fitosanitario y especialista en Manejo Integrado de Plagas (MIP).
El cultivo del espárrago, una estrella de la agroexportación peruana, enfrenta nuevos desafíos y mayores exigencias de los mercados internacionales en cuanto a calidad, sanidad e inocuidad, junto con una reciente mejora en los precios. Estos desafíos representan oportunidades para innovar y desarrollar prácticas agrícolas más sostenibles y eficaces, en las que los investigadores peruanos han estado trabajando durante décadas.
Una de las principales limitaciones del cultivo de espárrago a nivel mundial, incluido Perú, es la podredumbre de rizomas y raíces causada por Fusarium spp (Fusarium oxysporum f.sp asparagi y F. proliferatum), asociada con el “declinamiento de las esparragueras”. Los indicadores clave de este declive incluyen la reducción en el número de tallos por corona, falta de vigor en los brotes, despoblamiento de coronas en el campo, y alta presencia de pudrición y daño en raíces, lo cual conduce a cosechas bajas y baja rentabilidad.
La bacteria Pectobacterium carotovorum, común en el suelo y requiriendo heridas previas, está asociada frecuentemente con pudriciones causadas por Fusarium spp. En el espárrago Pectobacterium puede ocasionar pudriciones blandas y húmedas en las raíces reservantes, con un síntoma característico de olor fétido debido a bacterias oportunistas secundarias. En condiciones invernales, persiste en restos vegetales del suelo o la rizósfera, requiriendo alta humedad y temperaturas superiores a 25 °C para multiplicarse.

En poscosecha, la enfermedad afecta a los turiones de espárrago verde, manifestándose con síntomas de flacidez y pudrición húmeda en la punta. También puede observarse este síntoma en el corte basal del turión.
La secuencia epidemiológica para el desarrollo del “declinamiento” en el cultivo de espárrago en Perú abarca varios eslabones: a) lesiones en raíces y coronas por insectos, nematodos o laboreo; b) infección por inóculo de Fusarium spp; c) aumento de la infección y el inóculo por manejo fitosanitario deficiente; d) infección secundaria por Pectobacterium carotovorum (presente en el suelo o residuos vegetales); e) infección posterior por bacterias oportunistas (que generan mayor descomposición y mal olor); y f) presencia de organismos asociados a tejidos vegetales en descomposición como moscas y escarabajos.
Cualquier condición que estrese a la planta favorecerá el proceso de infección, especialmente suelos con mal drenaje, baja porosidad y aireación deficiente que hacen a las raíces más susceptibles al ataque de Fusarium spp.

Manejo agronómico y control
El manejo de la fusariosis se basa principalmente en prácticas culturales como la desinfección de plantines, la mejora de la calidad del suelo con buen drenaje, el control de insectos del suelo y la protección contra daños en las raíces que puedan afectar el desarrollo de la planta. La fertilización balanceada es crucial, ya que ciertos nutrientes pueden influir positiva o negativamente en el desarrollo de la enfermedad.
Entre las plagas identificadas como el primer eslabón en el desarrollo de la fusariosis en el espárrago se encuentran larvas de lepidópteros como Elasmopalpus lignosellus, Opogona sacchari y Agrotis spp., larvas de escarabajos como Paranomala undulata y Cyclocephala sp., ninfas de la chicharra Proarna bergi, y larvas del nemátodo Meloidogyne spp. El control eficiente de estas especies es fundamental para prevenir este primer paso crítico.
Es reconocido que no existen medidas efectivas de control químico para la fusariosis, a excepción de la fumigación del suelo, que implica altos costos y riesgos para los productores. Esto ha contribuido al incremento de la enfermedad en las plantaciones de espárrago y al desarrollo de la ampliamente mencionada “declinación”.
Actualmente, se enfatiza en el uso de agentes de biocontrol como una medida efectiva. Los microorganismos antagonistas aplicados al suelo parasitan a los patógenos, producen compuestos antibióticos, activan mecanismos de resistencia en la planta y mejoran la asimilación de nutrientes.
Durante más de dos décadas, se ha investigado y obtenido resultados satisfactorios con el uso de Trichoderma spp. para el control sostenible de Fusarium spp. en el espárrago de la costa norte. En los últimos cinco años, se ha promovido el uso de formulados con cepas nativas de Trichoderma spp. como T. viride, T. harzianum y T. asperellum, con excelentes resultados tanto en cultivos orgánicos como convencionales en las zonas esparragueras de Paiján, Virú, ambas en la región La Libertad, y Barranca, en Lima.
Además, se refuerza el control del complejo Fusarium–Pectobacterium-bacterias oportunistas mediante la aplicación de Bacillus subtilis, complejos bacterianos para la biofertilización y la mejora de las condiciones orgánicas en la rizosfera del cultivo.
El control permanente de la fusariosis y la “declinación” de la esparraguera se puede lograr mediante la implementación de las estrategias de manejo y biocontrol mencionadas anteriormente, como contraparte al incremento continuo del inóculo y la propagación de la enfermedad en las plantaciones.
