Escribe: Blgo. Felipe Fernando Díaz Silva, asesor fitosanitario y especialista en Manejo Integrado de Plagas (celular 994499636 y correo: ffernandodiazsilva@gmail.com)
Antecedentes del problema
La mosquilla del brote o caracha, como se le denomina en el Perú, es un pequeño díptero de la especie Prodiplosis longifila, que se ha convertido, en las últimas tres décadas, en un problema fitosanitario de gran importancia en cultivos de espárrago, tomate, pimientos y sandía en la costa peruana. Esta especie es nativa de zonas agrícolas costeras y fue reportada desde 1930 en el cultivo de alfalfa; posteriormente, en papa, tomate y marigold en los años 80, y en espárrago y otras hortalizas a partir de los años 90.
Es precisamente en el cultivo de espárrago y en la Irrigación Chavimochic donde se ha desarrollado y documentado ampliamente el proceso de adaptación de P. longifila al manejo agronómico y al desarrollo fenológico de las plantaciones, además de la investigación orientada a posibilitar su control y manejo integrado.
Sin embargo, después de más de 30 años de investigación sobre P. longifila en espárrago, aún permanece vigente entre productores, técnicos y empresas el control químico como única medida de manejo, a pesar de su ineficacia, del desarrollo de resistencia, de la reducción de ingredientes activos permitidos, del riesgo de residuos y de la nueva condición de plaga cuarentenaria para varios mercados de destino del espárrago peruano. Si a ello se suma la negativa de muchos técnicos a considerar la información científica generada en campo y laboratorio durante más de tres décadas, se entiende por qué no se logra un control adecuado de este problema fitosanitario.

Biología y comportamiento en cultivos afectados
Hemos determinado que P. longifila en espárrago puede desarrollar entre 18 a 22 generaciones por año, dependiendo de las condiciones ambientales. La duración del ciclo de huevo a adulto varía entre 11 y 24 días: la incubación oscila entre 6 y 36 horas; el periodo larval total, que comprende larvas I, II y III, dura de 7 a 12 días; la prepupa, correspondiente a la larva III, entre 1 y 6 días; y el periodo pupal, de 4 a 10 días. La longevidad de los adultos machos es de 4 a 7 días y la de las hembras de 8 a 13 días, disminuyendo notablemente en ausencia de humedad.
El potencial reproductivo es de 40 a 82 huevos por hembra, con un promedio de 50. La relación hembra-macho en campo es de 1:1 y en laboratorio de 1.6:1.

Los huevos son colocados en pequeños grupos en brotes, flores o frutos en desarrollo. Las larvas I y II permanecen siempre ocultas y se alimentan raspando la epidermis de los órganos afectados, produciendo cortes y deformaciones características. La larva III no se alimenta y salta hacia la base de la planta para empupar en la capa superficial del suelo, a menos de un centímetro de profundidad, lo que facilita la posterior emergencia del adulto. Se ha registrado que un metro lineal de espárrago puede contener entre 4.500 y 7.500 larvas o prepupas en el segundo brote de campaña.
Los adultos, que constituyen la fase fundamental de control dentro del concepto de Manejo Integrado de Plagas (MIP), inician la infestación emergiendo desde el suelo del mismo campo, a partir de las prepupas de la generación previa, o por migración desde campos aledaños infestados, pudiendo desplazarse más de 300 metros en una noche. A partir de una sola hembra migrante no controlada, es posible el desarrollo de tres generaciones en siete semanas y la producción de más de 20.000 nuevas hembras, considerando su potencial reproductivo y la relación sexual, coincidiendo con el segundo brote de campaña. Esto explica claramente lo que ocurre cuando los productos químicos fallan en el control poblacional de las larvas en cada generación.

Manejo a considerar para iniciar el control o MIP
El manejo cultural es fundamental en el desarrollo de las poblaciones de P. longifila. Es indispensable evitar hospederos cercanos sin control, reducir la presencia de arvenses dentro de la plantación de espárrago y considerar que los cercos vivos o cortinas cortavientos favorecen la infestación. La severidad del ataque no debe condicionar el manejo agronómico óptimo del cultivo.
Las herramientas etológicas, físicas y mecánicas deben considerar el comportamiento de las diferentes fases del insecto objetivo del control. A los adultos no les gusta el viento durante su actividad nocturna y, durante el día, reposan en lugares oscuros, frescos o húmedos dentro de la misma plantación. Al ser insectos nocturnos, no son atraídos por colores, pero sí por fuentes de luz, desde más de 100 metros. Las barreras plásticas y las trampas pegantes han demostrado ser ineficientes.
Actualmente no se cuenta con una feromona específica, aunque se ha determinado que la hembra genera atracción sobre los machos, sin formación de leks, como han citado otros autores, lo cual es lo opuesto. Las capturas en bandejas con agua solo indican presencia de adultos atraídos por la humedad, mientras que las bandejas con melaza resultan más eficientes al combinar una superficie oscura y protección frente al viento. No se recomienda el uso de trampas de luz ni para monitoreo ni para control de P. longifila, debido a su impacto sobre especies no objetivo y a su ineficacia en la reducción poblacional de la mosquilla.

Control de larvas y pupas en espárrago
Desde antes del año 2000 ya se había determinado la pérdida de eficacia de los diversos insecticidas sintéticos empleados para el control larval de P. longifila, lo que generó no solo resistencia, sino también el incremento de otros problemas fitosanitarios, como la aparición de la mosca blanca en el año 2001 en Chavimochic. Hemos documentado la relación directa entre el incremento de la incidencia larval y la pérdida de eficacia de los insecticidas utilizados para el control de la mosquilla en espárrago.
En el año 2024 se determinó la eficacia del extracto vegetal Azasol, formulado a base de azadiractina al 6 % con actividad sistémica, para el control de las fases larvarias de P. longifila dentro de los brotes de espárrago, aplicado vía sistema de riego. El control obtenido con una sola aplicación durante la primera semana de brotamiento se mantuvo durante los primeros 30 días de la campaña, con resultados similares a los alcanzados con 11 aplicaciones de insecticidas convencionales en rotación. Esto confirma que ya se cuenta con una alternativa eficiente y sostenible.

Para el control de las fases subterráneas —prepupas, pupas y adultos emergentes— se dispone desde hace dos décadas de hongos y nemátodos entomopatógenos, que además controlan otros fitófagos en el suelo. Este complejo de controladores biológicos se complementa con el parasitoide de huevo-larva Synopeas varipes y el predador de larva-prepupa Chrysoperla carnea.
¿Y el considerado “indispensable control químico”? Con un programa de MIP correctamente implementado, su uso no es necesario o se reduce a niveles mínimos, tal como se enseña en la universidad: solo como última instancia.

Situación actual y perspectivas para el MIP
El MIP para esta especie nunca se ha implementado de manera integral en campo, a pesar de haberse desarrollado componentes no químicos altamente eficientes y de contarse con la estructura de un MIP para Prodiplosis, luego de la exitosa experiencia del MIP Bemisia en el año 2001. Mientras el enfoque fitosanitario continúe alejado del MIP real —del que se habla con frecuencia, pero al que no se dedica el tiempo necesario para comprenderlo y aplicarlo— la situación no cambiará.
Aun así, se mantiene el optimismo de que exista la oportunidad de hacer realidad el control sostenible de Prodiplosis longifila en espárrago, tomate, pimientos y sandía bajo condiciones de campo.
