En las noches más frías de Santa Rosa de Yanaque, en el distrito de Acora, región Puno, cuando el cielo queda completamente despejado y la helada amenaza los cultivos, Luzmila Gladis Mendoza Quispe enciende pequeñas fogatas alrededor de sus papas. El humo forma una cortina que las protege del hielo. No intenta salvar solo una cosecha: resguarda una herencia que comenzó mucho antes de que ella naciera.
Por su destacada labor en la conservación de los tubérculos andinos y la preservación de saberes ancestrales, la agricultora puneña fue reconocida como la mejor productora agrícola en los Premios Summum 2026.
Mendoza Quispe trabaja en parcelas ubicadas entre los 3800 y 4800 metros de altitud, donde conserva unas 60 variedades de papa nativa y ha recuperado otras que se creían perdidas. También cultiva distintas variedades de quinua, cañihua, oca, olluco y mashua. Cada semilla guarda la memoria de sus abuelos.
“Ellos me enseñaron a leer el clima”, cuenta. Aprendió a observar el cielo, el viento y la tierra para anticiparse a las heladas. En 2021 fortaleció esos conocimientos al participar en un proyecto de agrobiodiversidad impulsado por el Ministerio del Ambiente, donde fue reconocida como guardiana de semillas.
Entre las variedades recuperadas destacan las papas pintasqa y pinta milagros, además de la quinua misa jiwra. Estos cultivos, junto con la flor de cantuta, eran utilizados antiguamente en ceremonias dedicadas a la Pachamama para pedir buenas cosechas y proteger los sembríos de las heladas y el granizo.
La vida nunca fue fácil. Soñaba con continuar sus estudios, pero la pobreza se lo impidió y solo pudo concluir una carrera técnica en Turismo. Gracias al trabajo en la chacra logró que sus dos hijos sí llegaran a la universidad.
Hoy, sus jornadas comienzan antes del amanecer y terminan al caer la noche, siempre junto a su esposo, David Noe Aguilar. Además, elabora hojuelas y harina de quinua que comercializa en ferias locales y sueña con impulsar el turismo vivencial para mostrar su tierra y sus cosechas.
Para Luzmila, perder una variedad de papa significa perder una parte de la historia del Perú. Por eso continúa sembrando, cuidando y compartiendo semillas. Sigue leyendo el cielo, la tierra y el viento, como aprendió de sus abuelos.
Foto: ONG SUMA YAPU.
