Por: Rodolfo Ardiles Villamonte
La biodiversidad peruana no deja de sorprender y ofrecer oportunidades únicas. En este contexto, los granos andinos, como la quinua, la kañiwa y el tarwi, están posicionándose como nuevos productos con un enorme potencial comercial y nutricional. El éxito de la quinua, convertida en un referente internacional, abre camino para que otros productos nacionales también encuentren espacios de mercado, siempre y cuando se les brinde el apoyo necesario.
El Dr. Mario Tapia Núñez, especialista en sistemas andinos de producción, subraya que el caso de la quinua demuestra cómo un producto local puede transformarse en un superalimento global. Sin embargo, también advierte que replicar este éxito requiere fortalecer la agroindustria nacional y fomentar una libre competencia que permita reducir los elevados precios que enfrentan los consumidores.

El caso de la quinua: éxito y lecciones aprendidas
El interés por la quinua comenzó en la década de 1980, cuando su alto valor nutritivo y su contenido de aminoácidos esenciales, como la lisina, la destacaron como un alimento excepcional. Además, su ausencia de gluten la hizo ideal para personas con celiaquía. El mayor auge ocurrió en la década de 2010, particularmente en 2013, cuando la ONU declaró el Año Internacional de la Quinua al 2013, impulsando su cultivo y exportación. Sin embargo, este auge también trajo retos: la creciente competencia de otros países productores ha disminuido la demanda de quinua peruana, lo que ha afectado los precios y las áreas de cultivo.
Desde entonces, más de 90 países cultivan quinua, incluyendo Canadá, España, Francia, Dinamarca y varias naciones árabes. Sin embargo, el Dr. Tapia advierte que la demanda de quinua producida en Bolivia, Perú y Ecuador ha disminuido tanto en volumen como en precio, lo que ha reducido las áreas de cultivo en estos países.
Por otro lado, el experto destaca que los cereales foráneos como trigo, cebada, avena y centeno son diferentes a los granos andinos, como la quinua, kañiwa, kiwicha o amaranto, que pertenecen a otra familia botánica (amarantháceas).
Una de las principales barreras para el consumo masivo en el mercado interno es el precio. Mientras que un kilo de quinua puede costar más de 20 soles en supermercados, en los mercados regionales el precio es mucho menor, alrededor de 9 soles. Esta diferencia está relacionada con factores como el embalaje y la garantía de pureza. Promover ferias regionales podría ser una solución viable para acercar estos productos a más consumidores y beneficiar directamente a los productores.

Turno para la kañiwa, la kiwicha y el tarwi
La experiencia con la quinua puede servir como base para posicionar otros granos andinos, como la kañiwa, la kiwicha y el tarwi o chocho. El Dr. Tapia afirma que actualmente existen unas 5.000 hectáreas de kañiwa, las cuales podrían incrementarse a 12.000 si se reconoce su alto valor nutritivo. Asimismo, explica que el tarwi posee un valor nutricional superior al de la soya y es equivalente al frijol.
“Sin embargo, es necesario seleccionar variedades (de la leguminosa) con menos alcaloides o libres de ellos, que le dan sabor amargo y requieren un proceso de eliminación. Este proceso debe ser más eficiente que el actual. Existen propuestas avanzadas en investigación por parte de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC). Estos avances también nos enseñan sobre los hábitos alimentarios, que son difíciles de cambiar y están muy ligados a los aspectos culturales y regionales, así como a los precios al público”, puntualiza.
Fomentar el consumo local
El Dr. Tapia también destaca que, además de las mejoras en el procesamiento, es necesario fomentar el consumo local de estos superalimentos. Esto puede lograrse integrándolos a los programas sociales como desayunos escolares, menús en cuarteles y hospitales, promoviendo así hábitos alimentarios saludables y sostenibles.
Innovación en la producción y comercialización
Una de las principales limitaciones para el desarrollo de los granos andinos es la falta de mecanización en la agricultura de los Andes. Para enfrentar esta realidad, el Dr. Tapia propone un plan de mecanización que contemple la instalación de plantas ensambladoras de maquinaria adecuada para los pequeños y medianos productores. Asimismo, considera fundamental que la nueva ley agraria tenga un enfoque equitativo, favoreciendo la inclusión de tecnologías adaptadas a las condiciones de la región.
Otra propuesta clave es la implementación de planes quinquenales que incluyan estrategias como la cosecha de agua, el manejo sostenible del suelo y la producción continua de semillas de calidad. Estos planes deberían ser liderados por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) en colaboración con agricultores locales.
Los granos andinos tienen potencial, lo que falta es visión
El potencial de los granos andinos va más allá de su valor comercial: también pueden ser una herramienta para combatir la desnutrición y la anemia en el Perú. Iniciativas locales, como la Casa de Niños en Ayaviri, Puno, demuestran cómo una alimentación basada en productos locales puede generar impactos positivos en la salud de las comunidades.
En un país rico en biodiversidad, el futuro de los granos andinos dependerá de una visión integral que incluya innovación, sostenibilidad y equidad. Con el apoyo adecuado, productos como la kañiwa y el tarwi podrían convertirse en los nuevos embajadores de la riqueza agrícola del Perú.
