Nacida en la localidad altiplánica de Ilave, en la provincia de El Collao, Puno, hace 31 años, y egresada de la Escuela de Posgrado en la especialidad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Nacional del Altiplano, la abogada Thalía Maquera Murillo, decidió renunciar a la estabilidad que le ofrecía su carrera en la ciudad para apostar por emprendimiento familiar que, aunque al principio parecía modesto, estaba lleno de potencial: la producción tecnificada de tunta, un alimento tradicional y orgánico de la región de Puno, rico en carbohidratos, potasio, fibra, calcio, zinc, hierro, fósforo y ácido gálico.

En 2021, nació Suma Moraya SAC, la empresa familiar que, gracias al trabajo incansable de esta joven abogada y su visión como gerente general, se convirtió rápidamente en un referente en la producción y exportación de tunta, un producto deshidratado que se obtiene principalmente de la papa amarga. Lo que comenzó procesando apenas 15 toneladas de papa, hoy maneja alrededor de 75 toneladas por campaña, utilizando papa amarga de las formas alargada y redondas, así como las variedades Chaska y Canchán, de las cuales el 80 % proviene de Apurímac, expandiendo así el negocio más allá de las fronteras de la región Puno.
Thalía ha sabido combinar tradición y modernidad en su esfuerzo por posicionar este ancestral producto en el mercado internacional. Bajo su liderazgo, Suma Moray ha logrado no solo comercializar la tunta en la macrorregión sur, sino también en mercados como Lima Metropolitana. El producto se presenta en envases que van desde los 250 gramos hasta cinco kilos, así como sacos de 84 kilos, con un precio competitivo de 15 soles por kilogramo.
Un producto de exportación
El negocio ya ha dado su primer paso hacia la exportación. En abril de este año, la empresa envió su primera media tonelada de tunta a Bolivia, y actualmente hay interés en Europa, donde los mercados étnicos buscan productos tradicionales de alta calidad. Thalía trabaja arduamente en asegurar la calidad del producto, obteniendo certificaciones como el registro sanitario de Digesa y cumpliendo con los exigentes estándares europeos, lo que le permitirá seguir expandiéndose en mercados internacionales.

Impacto económico y social
Más allá del éxito empresarial, Thalía resalta el impacto económico y social que ha tenido este emprendimiento en su comunidad. Suma Moray genera empleo directo para al menos 10 personas y ofrece múltiples trabajos indirectos, beneficiando a agricultores locales y foráneos. Gracias a la demanda constante de papas, muchos agricultores han encontrado una fuente estable para comercializar sus productos. Para esta joven empresaria, uno de los mayores logros es haber creado un mercado que no solo sustenta a su familia, sino también a muchas otras.
Visión optimista
El futuro de Suma Moray se proyecta con optimismo. Thalía visualiza su empresa como una proveedora principal de tunta tanto en el mercado nacional como internacional, con un compromiso firme de seguir mejorando sus prácticas y productos. Y mientras tanto, sigue adelante con orgullo, llevando a cabo un legado familiar que, gracias a su espíritu emprendedor, ha logrado transformar vidas y fortalecer la economía de su entorno.
