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La persistente pobreza en las zonas rurales [INFORME]

Por:  Rodolfo Ardiles Villamonte

La pobreza en las zonas rurales del Perú es un problema de larga data que ha resistido diversas políticas y reformas a lo largo del tiempo. Desde la reforma agraria de Juan Velasco Alvarado hasta el shock neoliberal de Alberto Fujimori, muchas fórmulas se han intentado, pero la precariedad económica persiste, especialmente, en los Andes y la Amazonía. A pesar de que las áreas cultivadas aumentan anualmente, la pobreza no ha retrocedido de manera significativa. Entre 2014 y 2023, la pobreza monetaria alcanzó niveles alarmantes, afectando al 43,1 % de la población en la sierra rural y al 36,3 % en la selva rural, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Esto ocurre a pesar de las expectativas de crecimiento en el sector agrario. Por ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) proyectó un incremento del 5,7 % en áreas sembradas para 2023, en comparación con el promedio histórico. Entre enero y abril de 2024, el sector agropecuario creció un 6,4 %, con un aumento notable del 10,6 % en el subsector agrícola, según la Evaluación de Avance de Siembras de junio publicada por Midagri.

Estrategia multisectorial: Antropólogo Carlos Eduardo Aramburu, profesor principal de la PUCP, enfatiza la necesidad de una estrategia multisectorial y multidisciplinaria para cerrar las brechas en acceso a internet, crédito, riego y titulación de tierras. Promover la asociatividad es clave para el desarrollo del agro y la atracción de las nuevas generaciones hacia este sector estratégico.

 

Entonces, si las cifras y proyecciones son alentadoras en el agro ¿por qué la pobreza sigue siendo un desafío en las zonas rurales de los Andes y la Amazonía? El antropólogo Carlos Eduardo Aramburú López de Romaña, profesor principal del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), señala que el simple aumento de las áreas cultivadas no necesariamente reduce la pobreza rural, que es un fenómeno multidimensional que debe abordarse desde diferentes frentes.

“Al analizar la pobreza en las zonas rurales del Perú, especialmente en la sierra y la selva, debemos tener en cuenta factores como el nivel educativo de los agricultores, la edad promedio de los jefes de hogar, el acceso a crédito, títulos de propiedad, la exposición a desastres naturales, la disponibilidad de internet y, sobre todo, el acceso al agua para riego”, explica Aramburú.

Educación vs. productividad

El catedrático de la PUCP agrega que, en base a un reciente trabajo elaborado por el Dr. Eduardo Zegarra, sobre la agricultura familiar en el Perú, se sabe que el bajo nivel educativo de los productores agrarios impacta directamente en la productividad y los ingresos económicos. La mayoría de los jefes de hogar en estas áreas no completó la secundaria, lo que limita el desarrollo del capital humano. Además, la edad promedio de los jefes de familia a cargo de las parcelas es de 54 años, lo que dificulta la realización de las arduas tareas del campo.

La falta de títulos de propiedad impide a los productores agrarios a acceder a crédito del Agrobanco y la banca comercial para incorporar nuevas tecnologías o técnicas para mejorar la producción y productividad.

Irregularidades climáticas reduce los ingresos

Por otro lado, los desastres naturales, como los fenómenos de “El Niño” y “La Niña”, las sequías y las plagas, afectan gravemente la agricultura y la ganadería. Los productores agrarios que han enfrentado las inclemencias climáticas tienen, en promedio, un ingreso 9 % menor que aquellos que no han sido impactados.

Prevención

Frente al creciente impacto del cambio climático y el calentamiento global, es urgente que las autoridades del país tomen medidas preventivas. Esto implica convocar a climatólogos expertos, especialistas en producción agrícola y ganadera, así como a los propios productores, para desarrollar estrategias que preparen al país ante eventos climáticos inesperados. La prevención es esencial, ya que actuar después de una catástrofe no solo es más costoso para el Estado, sino que también genera pérdidas para las comunidades afectadas.

Solo uno de cada tres agricultores accede al agua

Otro factor crucial para mejorar la productividad agraria, y por ende los ingresos económicos, es el acceso al agua para riego. Actualmente, solo uno de cada tres agricultores familiares dispone de este recurso vital, lo que limita significativamente su rendimiento y capacidad de producción.

Generalmente, en los Andes y Amazonía, los cultivos dependen en gran medida de las lluvias, volviéndose vulnerables a las variaciones climáticas, lo que contribuye a la persistencia de la pobreza en el ámbito rural.

Bajos precios

Otro desafío que perpetúa la pobreza en estas áreas es la inequidad en los precios de mercado. En muchas ocasiones, los precios pagados a los pequeños productores no cubren ni siquiera los costos de producción, lo que desincentiva la inversión en mejoras agrícolas y tecnológicas. Este desajuste entre los costos y las ganancias afecta negativamente la estabilidad económica de los agricultores, sumiéndolos en un ciclo de bajos ingresos y baja productividad.

Además, la falta de acceso a internet es otro obstáculo significativo. La internet no solo facilita el acceso a información clave sobre las tendencias y los precios del mercado, sino que también abre oportunidades para mejorar la comercialización y la gestión de los cultivos.

Según el análisis de Aramburú, los hogares rurales con acceso a internet presentan un ingreso per cápita 40 % mayor en comparación con aquellos que no cuentan con esta herramienta, lo que evidencia su impacto transformador en la calidad de vida de los productores agrarios.

Por su parte, el antropólogo Antonio Alejandro Diez Hurtado, docente del Departamento Académico de Ciencias Sociales PUCP, sostiene que la pobreza rural en los Andes y la Amazonía está estrechamente vinculada a la calidad de las tierras, la geografía, infraestructura, acceso a servicios y clima.

Tener en cuenta particularidades de cada región: Antropólogo Antonio Alejandro Diez Hurtado, docente del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la PUCP, resalta la importancia de adaptar las estrategias de desarrollo a las características únicas de cada región, reconociendo las diferencias entre la Amazonía y los Andes.

 

“El potencial productivo de estas áreas es limitado”, explica Diez Hurtado. “Las tierras de la sierra y la selva no son tan fértiles ni productivas como, por ejemplo, las de la costa, que cuentan con tecnologías avanzadas, infraestructura adecuada, represas, mejores vías de comunicación y acceso a servicios. Además, el clima y la conectividad en la costa son mucho más favorables. En los Andes, la altitud afecta gravemente la productividad de ciertos cultivos, que no se desarrollan de la misma forma que en las tierras bajas y más cálidas de la costa”, manifiesta Diez Hurtado.

Fragmentación de tierras

También señala que la fragmentación de las tierras en la sierra y la selva, donde predominan las pequeñas parcelas, limita las economías de escala. Esto no solo dificulta la competitividad, sino que también profundiza la desigualdad en los precios agrarios, ya que los productos destinados al mercado local se pagan a precios muy bajos, lo que hace que la actividad agrícola sea poco rentable para los pequeños agricultores.

En la Amazonía, la situación es aún más compleja. La presión sobre los recursos naturales, junto con la expansión de cultivos a gran escala como la palma aceitera, ha provocado graves daños medioambientales y el desplazamiento de las comunidades locales, afectando tanto el sustento de los agricultores como la sostenibilidad de la región.

Pilares clave: Infraestructura de riego y vial, precios justos, asociatividad y conectividad son esenciales para impulsar el desarrollo sostenible del sector agrario en las regiones andinas y amazónicas.
Pilares clave: Infraestructura de riego y vial, precios justos, asociatividad y conectividad son esenciales para impulsar el desarrollo sostenible del sector agrario en las regiones andinas y amazónicas.

 

Acciones para superar la pobreza rural

Superar la pobreza en las zonas rurales de los Andes y la Amazonía exige acciones concretas.

Carlos Eduardo Aramburú destaca la necesidad de mejorar la conectividad a internet en estas regiones, lo que facilitaría el acceso a información en tiempo real. Esta herramienta es fundamental para que los productores agrarios se mantengan actualizados. Contar con información adecuada es clave para optimizar los procesos productivos y podría contribuir a reducir la pobreza en hasta 25 puntos porcentuales.

Asociatividad

Además, destaca la necesidad de fomentar una mayor asociatividad entre los agricultores. Esto permitiría optimizar la compra de insumos, mejorar las ventas y el mercadeo, y facilitar el acceso al crédito y servicios. Sin embargo, Aramburú considera que el Estado aún no ha cumplido su rol en fomentar la asociatividad agrícola.

Estrategia multisectorial

Implementar una estrategia multisectorial es esencial para cerrar las brechas en áreas como conectividad, asociatividad, titulación de tierras, acceso al crédito, mercados rentables y sistemas de riego. Estas acciones son fundamentales para hacer que la agricultura sea rentable y atractiva para las nuevas generaciones.

Diez Hurtado enfatiza la necesidad de que las estrategias de desarrollo se adapten a las particularidades de cada región, reconociendo las diferencias entre la Amazonía y los Andes. En la selva, el cultivo ilegal representa un problema grave, mientras que, en la selva baja, la producción no se limita a la agricultura, sino que también abarca la recolección de productos naturales.

Fortalecer programas de compras estatales

En los Andes, resulta crucial mejorar el acceso al crédito y adoptar políticas más agresivas para fomentar el desarrollo tecnológico en la agricultura familiar. Asimismo, fortalecer los programas de compras estatales podría ofrecer a los agricultores una fuente estable de ingresos, mejorando así su calidad de vida.

En resumen, la pobreza rural en Perú es un desafío complejo que demanda un enfoque integral, adaptado a las realidades locales, para ser superado de manera efectiva.

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