Un adagio popular dice que de las adversidades nacen las mejores oportunidades. Y así lo entendió John Tenorio Coaquera, médico veterinario y zootecnista formado en la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann de Tacna. Hace una década, trabajaba en el Estado enfrentando la inestabilidad laboral y percibiendo una remuneración poco acorde con su formación y experiencia. Inquieto y visionario, decidió apostar por su vocación, el conocimiento técnico y la innovación productiva.
Tras explorar múltiples posibilidades, encontró en la crianza de cabras lecheras de raza Saanen —una actividad aún incipiente en el Perú— una opción con potencial. Hoy, su proyecto La Cabrita Lechera, ubicado en el distrito de Pachía, al sur de Tacna, es un referente en la caprinocultura peruana y una muestra tangible del valor del emprendimiento en el agro.
De cinco cabras a una granja de alta genética
Las cabras Saanen, originarias del valle suizo del mismo nombre, son reconocidas mundialmente por su alta producción de leche y temperamento dócil. Su leche es altamente nutritiva, de fácil digestión y recomendada para niños, adultos mayores y personas con diversas patologías como úlceras, asma o eczemas.
“Elegí trabajar con la raza Saanen porque está demostrado que es la mejor productora de leche del mundo”, recuerda John Tenorio. Su aventura comenzó en Locumba, con cinco cabras F2 —cruza de reproductores Saanen puros con cabras criollas locales—. Hoy, tras años de trabajo meticuloso con monta controlada, inseminación artificial y transferencia de embriones, cuenta con 50 cabras puras, conformando un rebaño de alto valor genético.

El crecimiento del proyecto, motivó su traslado al sector de Muculla, en Pachía, donde cuenta con pastos cultivados para asegurar la alimentación balanceada y adecuada de sus animales y suficiente espacio para expandirse.
Producción eficiente y creciente demanda
Gracias al buen manejo técnico y la genética seleccionada, las cabras de La Cabrita Lechera producen en promedio 4 litros de leche por día. El record de la granja la tiene una cabra que produce 6 litros en dos ordeños. Actualmente, 12 cabras están en plena producción, generando unos 50 litros diarios; el resto se encuentra en etapa de amamantamiento, pues otra línea de negocio de la granja es la venta de reproductores.
Las crías nacidas en la granja, se venden a criadores que se inician en la crianza de cabras y para el refrescamiento genético o crecimiento de criaderos, especialmente en la macrorregión sur, pero también a zonas tan alejadas como el norte del país. La demanda va en aumento.

Derivados
Además de leche fresca y leche pasteurizada, La Cabrita Lechera transforma parte de su producción en yogurt, queso fresco, queso pasteurizado y manjar blanco. Estos productos se distribuyen principalmente en Tacna, Cusco y Arequipa, aunque también se realizan envíos bajo pedido a otras regiones, incluyendo Lima Metropolitana.
Pero la visión del Med. Vet. Zoot. John Tenorio va más allá. A mediano plazo, su meta es duplicar la población en producción hasta alcanzar las 100 cabras y diversificar la oferta hacia cosméticos, jabones y productos del rubro belleza elaborados con leche de cabra. A largo plazo, sueña con convertir su granja en un espacio vivencial, donde escolares y visitantes puedan ordeñar, alimentar a los animales y participar en la elaboración de derivados lácteos, promoviendo el vínculo entre el campo y la ciudad.

Una apuesta viable para pequeños productores
Convencido del potencial de esta actividad, el médico veterinario anima a otros productores a seguir este camino: “Las cabras son animales dóciles, rústicos, no requieren grandes extensiones de tierra como los bovinos. La inversión es accesible, su leche tiene un alto valor nutracéutico, y bien manejadas, su crianza es altamente rentable. En el Perú aún hay un mercado virgen que espera ser atendido”.
La historia de La Cabrita Lechera no es solo la de una granja en expansión, sino de un emprendimiento con propósito.
