A más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, donde el frío extremo vuelve inviable dedicarse a la agricultura, la Sra. Inés Flores Flores, criadora de alpacas y artesana, con 50 años a cuestas, ha logrado que las fibras de sus alpacas tejan un puente entre los andes y el mercado internacional.
En el anexo Pucasaya, distrito San Juan de Tarucani, provincia de Arequipa, donde la temperatura nocturna desciende a bajo cero grados, los pobladores sobreviven en áreas catalogadas como de pobreza extrema, Inés cuestiona el calificativo de pobre. “No somos pobres porque queremos serlo, sino porque no tenemos oportunidades”, afirma con firmeza. Esa falta de oportunidades, sin embargo, no ha frenado su determinación.

Una tradición que florece con innovación
Desde niña, Inés aprendió de su madre y abuelos no solo el oficio de criar alpacas, sino también el delicado arte del hilado, el teñido con pigmentos naturales y el tejido ancestral. Su vida gira en torno a las alpacas, animales que pastorea junto a su familia, en turnos bien organizados para cuidar tanto a los animales como los bofedales que los sustentan.
El punto de inflexión en su vida llegó en una feria artesanal donde conoció a las diseñadoras Paty Luza y Fiona Curtman, quienes le sugirieron incorporar tendencias de moda en sus tejidos.
Poco después llegó a su comunidad la institución “Alianza Gato Andino” (AGA) que motivó a las 50 alpaqueras y artesanas de la Asociación Pucaqocha a elaborar prendas inspiradas en la flora y fauna de la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca.
Esas sugerencias resonaron en Inés y sus compañeras, y pronto sus prendas ꟷcoloridas, sostenibles y con diseños inspirados en la flora y fauna de la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blancaꟷ comenzaron a ganar reconocimiento.
Hoy, bajo su marca personal “Inés”, sus creaciones han cruzado fronteras, conquistando mercados exigentes como los de Australia y Bogotá. Sus prendas, teñidas con hojas, raíces y flores, encarnan una conexión con la naturaleza y una filosofía de moda sostenible que atrae a un público cada vez más consciente.
En Italia
La labor de Inés no se limita a los tejidos. Ha representado a su comunidad en espacios internacionales como el Foro Mundial de la Alimentación de la FAO, realizado del 14 al 18 de octubre en Roma, Italia, donde compartió no solo sus productos, sino también las historias detrás de ellos. “Llevé a Roma mi puchka y la fibra de alpaca, mostré cómo tejo desde niña. Les encantó”, recuerda emocionada.
Luego en la Alpaca Fiesta 2024, desarrollada en Arequipa, hizo varios contactos con compradores internacionales. Ahora ella espera que los negocios se concreten pronto.
En estas plataformas, Inés no solo exhibe y comercializa sus productos, sino aboga por su gente. Con su voz firme, exige la atención del Estado para un sector históricamente olvidado. Reclama centros de acopio, plantas de transformación y capacitación para darle valor agregado a la carne y fibra de alpaca. También propone soluciones prácticas como construir más cochas para enfrentar la crisis hídrica agravada por el cambio climático.

Prendas con conexión con la naturaleza
“En una prenda de fibra de alpaca que compran nuestras clientes se están conectando con la naturaleza y de vivencias que la artesana compartimos”, manifiesta subrayando que una crianza buena de alpacas debe darse en el campo, y la esquila en un corral. La puchka o hilado se hace caminando, mientras se pastorea. El tejido es en casa.
Tras la esquilada de las alpacas, desde que era pequeña, Inés y su familia tenían por costumbre tejer prendas sin teñir las lanas. Tras la muerte de su madre, ella lidera el tejido en la familia e inició sus ventas en la ciudad de Arequipa con prendas de hilos tinturados. Sin embargo, con el pasar de los años, se dio cuenta que los compradores preferían colores naturales desde los hilos. El papel del comprador es importante: “Las personas que nos compran gustan más de lo natural, lo que es sostenible, le llaman economía circular”, resalta.

Nadie cuida lo que no conoce
La historia de Inés es un testimonio de la fuerza del conocimiento ancestral combinado con la innovación. Para ella, la clave está en la asociatividad y la capacitación. “Queremos que se rescaten los saberes ancestrales, no solo para preservar nuestra cultura, sino para que las nuevas generaciones entiendan cómo es la vida en el campo y aprendan a cuidar la tierra. Nadie cuida lo que no conoce”, enfatiza.
Mientras guía a sus alpacas Tedi y Cayetana, adornadas con borlas de lana teñida, Inés teje no solo prendas, sino también un futuro más justo para su familia y su comunidad. Su mensaje es claro: el mundo debe conocer el potencial de las alpaquería peruana y apostar por ella. Porque, como esta emprendedora lo demuestra cada día, en los hilos de alpaca no solo hay fibra, sino historias de esfuerzo, identidad y esperanza.
