Tiene 42 años, es descendiente de la conocida familia Bazo Velarde, con incuestionables aportes al desarrollo agrario y, en particular, la ganadería andina, tiene una trayectoria profesional en alta gerencia, que constituye un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones.
El Ing. Jorge Bazo Cannock nació en San Isidro, Lima, ex estudiante del colegio Markham y graduado en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional Agraria La Molina, actualmente se desempeña como gerente global de negocios para el área de Bienestar y Nutrición de Société Générale de Surveillance (SGS S.A.) de Gibebra, Suiza, estando bajo su mando todos los países de Latinoamérica; además, para temas netamente agronómicos, Marruecos, Portugal, España, Egipto, Turquía, entre otros.
En sus días libres, el Ing. Bazo Cannock se da tiempo para darle valor a la casa hacienda y al fundo de sus abuelos, con 300 años de existencia, en San Juan de Pillo, Pampas, Tayacaja, donde desarrolla un proyecto agroforestal y turístico.
— ¿Qué llevó a un joven de San Isidro y estudiante del Markham a elegir una profesión relacionada con el mundo rural como es la ingeniería agronómica?
— En primer lugar, yo tengo raíces agrarias, mi bisabuelo Juan Bazo Velarde, fue un destacado ingeniero agrónomo de su época y fundador de la empresa Negociación Ganadera Bazo Velarde S.A. (Tayacaja, Huancavelica), hoy adquirida por la empresa Laive, y, en segundo, lugar, los amigos que conocí en el Markham, cuyos padres tenían estrecha relación con el agro influyeron en mi elección de la carrera de agronomía. Ahí hice amistad con Felipe Chepote Cavero (+), hijo del Ing. Agr. Jorge Chepote Gutiérrez, pionero de la irrigación Villacurí, de Ica, reconocido importador de semillas y referente en los inicios de la agroexportación, así como con Alfonso Velásquez Chonyen, hijo del Ing. Alfonso Velásquez Tuesta, pionero en la exportación de menestras, dirigente gremial y exministro de Estado; y, Darío Matsufuji, productor de aceitunas y pionero en la exportación de uva Red Globe a Inglaterra, actividad en la que participé como parte de mis primeras prácticas universitarias. Con algunos de mis compañeros de promoción, fundamos la ONG Sonqo Perú, dedicada a brindar apoyo social a las poblaciones altoandinas de las regiones Huancavelica, Junín, Ayacucho, Puno y Cusco, mediante la distribución de ropas y frazadas para protegerlas del frío.
— ¿Fue el agro y sus problemas el que pesó más en la balanza?
— Cuando terminé el colegio tenía tres opciones muy claras: estudiar diplomacia, cocina y agronomía, las tres me gustaban por igual, pero fui descartando de acuerdo a mi visión y proyección. Opté por la Agronomía, pues en mis genes llevo el agro, hay varios ingenieros agrónomos en mi familia, empezando por mi bisabuelo. Ingresé a la Facultad de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), en 1996, donde me desempeñé como presidente del Centro Federado de la Facultad y de la Federación de Estudiantes de la UNALM. Ambas fueron experiencias muy valiosas que enriquecieron y ampliaron mi visión como agrónomo para proyectarme al campo. Me gradué en el año 2002.
— ¿Dónde inició a ejercer su profesión?
— Luego de graduarme como ingeniero agrónomo, ingresé a trabajar en el fundo citrícola de Huaral, propiedad de mi tío Juan Bazo; luego pasé a Chef Escargots, empresa que exportaba por mayor caracoles a Europa; y, luego a SGS del Perú S.A. como ejecutivo de cuentas para el sector agroexportador, por más de tres años. Luego pasé a trabajar a una empresa para ese momento suiza también, Syngenta Perú S.A. Después de un año de alejamiento, me llamaron de SGS del Perú y en agosto del 2008 regresé para ocupar la jefatura de las áreas agrícolas y de certificaciones agro alimentarias.
— Prosiga, por favor
— Cinco años después, fui promovido a la casa matriz de SGS en Ginebra, Suiza, donde se me dio la oportunidad de implementar y adaptar diversos proyectos relacionados a la agroexportación, que iniciamos en el Perú, por haber sido nuestro país pionero en agroexportación, para ejecutarse en países como Portugal y España, en Europa; Marruecos, Túnez y Egipto en el norte de África; Turquía en el medio oriente; y, China, entre otros países.
— ¿Cuál fue la clave de su meteórico ascenso laboral en SGS y cuál es su puesto actual?
— Creo que el hecho de disfrutar lo que haces, ser apasionado de tu carrera y creer en tus proyectos te asegura gran parte del éxito. La innovación y la constante búsqueda de nuevos servicios que requieren varios sectores, generan una visibilidad importante. Otro aspecto, pero que debe ser parte integral del desarrollo, debe ser buscar siempre un ambiente adecuado donde puedas desarrollarte laboralmente y que las personas tengan confianza y se sientan motivadas de hacer lo que hace y con quiénes lo hacen. La combinación de ese espacio de bienestar y felicidad, combinada con pasión, entrega e innovación, aseguran el camino al éxito. Mi puesto actual es gerente global de negocios para el área de Bienestar y Nutrición, área de las que dependen las sub unidades agrícolas y de alimentos como parte de nutrición y, ciencias de salud, cosméticos e higiene.
— Actualmente, ¿qué países tienes a su cargo?
— Tengo a mi cargo todos los países de Latinoamérica para las mencionadas unidades y mantengo trabajo directo con otros países para temas netamente agronómicos como Marruecos, Portugal, España, Egipto, Turquía, entre otros.
— ¿Qué fortalezas encuentra en la agricultura peruana frente a las de otros países?
— Nuestra fortaleza es la variedad de microclimas, pisos ecológicos y productos, que nos permite producir todo el año y con condiciones envidiables, empezando por la costa. En esta región tenemos aún un potencial por terminar de desarrollar; y está por explotar todo el potencial de la sierra; y explorar todo que tiene la selva. En resumen, mucho se está haciendo, pero hay un espacio aún mayor para crecer, todo ello combinado con tecnología de punta que incorporó la agroexportación.
— ¿Qué mensaje quisiera trasmitir a las nuevas generaciones de profesionales del sector?
— Como agrónomo que trabajo en la costa, pero con raíces andinas, podemos aportar al desarrollo del sector, aprovechando todas las potencialidades con las que cuentan las tres regiones naturales de nuestro país. Se trata de regiones con grandes oportunidades pero también con grandes necesidades de generar espacios de producción sostenibles y rentables para sus poblaciones y, lo aprendido en los desiertos y valles costeros debería hacer que la rueda del desarrollo inclusivo y sostenible ruede en la sierra y selva.
Huancavelicano de corazón
En paralelo a sus actividades para la matriz de SGS en Ginebra, Suiza, el Ing. Jorge Bazo se da tiempo para mantener un trabajo constante en su fundo en San Juan de Pillo, distrito de Pampas, provincia de Tayacaja, región Huancavelica, donde ha puesto en marcha un proyecto forestal y agroturístico.
Ese proyecto le ha permitido rescatar la casa hacienda de la familia, que está próxima a cumplir 300 años, y generar alrededor de ella una serie de actividades por el bienestar no solo de la agricultura y forestería local, sino especialmente de la población. Al mismo tiempo, le ha permitido poner a Huancavelica en vitrina para el Perú y el mundo.
“Mi trabajo transcurre entre la agitada agenda de viajes internacionales y corporaciones multinacionales y, la tranquilidad y el espacio oxigenado que dan los terrenos huancavelicanos, pampinos, de producción a más de 3,300 metros sobre el nivel del mar”, sostiene.
