Ante el incremento del tráfico marítimo y los riesgos que este representa para la fauna marina, el Ministerio del Ambiente (Minam) y la Dirección General de Capitanías y Guardacostas del Perú (Dicapi) impulsan una estrategia para la protección de las ballenas jorobadas, una especie emblemática que cada año migra hacia las costas del norte del Perú, con el objetivo de reducir las colisiones con embarcaciones comerciales y avanzar hacia un océano más seguro y sostenible.
Esta intervención responde a una problemática creciente en el Pacífico Oriental, donde las rutas migratorias de estos cetáceos coinciden con importantes corredores marítimos, lo que incrementa el riesgo de accidentes que afectan la supervivencia de la especie y el equilibrio de los ecosistemas marinos.
En ese contexto, la campaña ‘Perú por las Ballenas’ busca sensibilizar a la ciudadanía y a los actores del sector marítimo sobre la necesidad de adoptar prácticas responsables y promover rutas de navegación más seguras, que permitan una mejor convivencia entre las actividades humanas y la vida silvestre marina.
Entre las acciones planteadas se consideran medidas concretas para la organización de las rutas marítimas, a nivel nacional e internacional, con el fin de alejar o evitar el tránsito por áreas clave de descanso y reproducción de las ballenas.
En el ámbito nacional, se ha elaborado una propuesta técnica para implementar una medida de organización del tráfico marítimo en la costa norte del país, la cual fue presentada ante la Organización Marítima Internacional (OMI) para su proceso de evaluación y socialización.
Asimismo, a nivel internacional, la mejora de la propuesta y su presentación ante la OMI forman parte de un compromiso asumido por el Gobierno peruano en el marco de la Tercera Conferencia de los Océanos (UNOC 3), lo que refuerza el posicionamiento del país en el ámbito sudamericano.
La protección de las ballenas jorobadas es clave para la salud de los ecosistemas marinos y el desarrollo sostenible de las comunidades costeras, debido a su rol ecológico y al impulso de actividades como el turismo de avistamiento, que dinamiza la economía local y fortalece la conservación como eje de la política ambiental.
