Hoy (3 de setiembre), celebramos el “Día Nacional del Tarwi”, a fin de promover la realización de festivales, concursos, celebraciones, ferias y encuentros alusivos a la fecha, a nivel nacional, regional y local, así como impulsar su exportación, para dinamizar la economía de las más de 30 000 familias que generan sus ingresos con este cultivo.
El tarwi o chocho (Lupinus mutabilis) es una especie específicamente de la región andina, cuyo cultivo en el Perú data desde la época precolombina; teniendo evidencias arqueológicas en la cultura Tiahuanaco que indican que se conocía este cultivo desde épocas antiguas. Es uno de los súper alimentos que nos han regalado los Andes, donde se consume desde épocas pre incas.

Este es un cultivo con alta resiliencia ante problemas climáticos, crisis económicas, pandemias y desastres naturales. Este cultivo tiene un enfoque en el sistema alimentario inclusivo, eficiente, y que aporta en una nutrición adecuada. Al ser una leguminosa mejora los suelos, además es un cultivo de rotación que disminuye los nematodos en el suelo.
La fecha se instauró también para fortalecer la actividad comunitaria en el entorno rural, la innovación gastronómica, el reconocimiento de la importancia del factor cultural como eje del desarrollo económico local, el consumo sostenible, el cuidado de la biodiversidad y la alimentación saludable, así como fortalecimiento del posicionamiento comercial nacional e internacional del tarwi como producto de agroexportación.
En el año 2020 se cosecharon 11 000 hectáreas, de las que se obtuvieron 15 000 toneladas. En los últimos 7 años, la producción se ha mantenido constante alrededor de las 11 000 toneladas en 2011 y 15 000 toneladas en el 2020; siendo los departamentos de mayor producción: La Libertad, Cusco y Puno.

En el 2020, las exportaciones de tarwi alcanzaron la cifra de $ 1.2 millones con destino principalmente a Ecuador. El chocho al ser un producto de agroexportación emergente y con crecimiento sostenido, necesita diversas acciones de impulso y mejora de la productividad, a través del desarrollo de variedades comerciales, provisión de semillas certificadas y mejoras en los sistemas de conducción del cultivo.
Así como con estrategias de promoción comercial del producto para que los beneficios repercutan positivamente en los agricultores y sus familias, siendo un cultivo en los andes con mayor resiliencia ante problemas climáticos, crisis económicas, pandemias y desastres naturales; con un enfoque en el sistema alimentario inclusivo, eficiente, y que aporta en una nutrición adecuada.
