Cada 3 de septiembre, el Perú celebra el Día Nacional del Tarwi con el propósito de resaltar su valor como un súperalimento andino ancestral, altamente nutritivo y proteico. Esta efeméride busca impulsar su consumo y, al mismo tiempo, fortalecer la producción de este cultivo, que constituye el sustento de más de 30 000 familias productoras.
El Día Nacional del Tarwi, instaurada a través de la Resolución Ministerial n.° 0104-2021-Midagri, tiene como propósito visibilizar y revalorar al tarwi (Lupinus mutabilis) como superalimento andino ancestral, impulsando su consumo, su posicionamiento comercial en el mundo y el fortalecimiento de la cadena productiva de este alimento, en especial de las familias dedicadas a su cultivo.
Asimismo, busca poner en valor al tarwi como alimento emblemático del Perú, generar oportunidades en mercados interesados en productos funcionales y sostenibles, y fortalecer la identidad cultural vinculada a la agricultura andina.
Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), las principales regiones productoras son La Libertad (28 %), Cusco (26 %), Apurímac (13 %), Huánuco (10 %), Junín (6 %), Puno (5 %) y Áncash (3 %).
En 2024 se cosecharon 22 000 hectáreas, que produjeron 13 000 toneladas métricas de tarwi. Ese mismo año, las exportaciones alcanzaron los 962 000 dólares, con Ecuador como principal destino, lo que confirma el potencial del tarwi en el mercado internacional.
“El tarwi, también conocido como chocho o lupino, no es un grano cualquiera. Es un regalo de nuestros antepasados y una solución del futuro. Con hasta 51 % de proteínas en harina, presencia natural de Omega 3, 6 y 9, y altos niveles de calcio, hierro y fibra. El tarwi es un alimento funcional, saludable y sostenible. Una herramienta clave para combatir la desnutrición y la anemia que aún afectan a millones de peruanos”, destacó el director de la Dirección General de Desarrollo Agrícola Y Agroecología del Midagri, Franklin Suárez.
Origen
En el Perú, se estima que el tarwi o chocho, fue domesticado hace 1500 años, como se evidencia a través de ceramios, textiles y pinturas estilizadas en vasos ceremoniales de la cultura Tiahuanaco (500-1000 d.C), así como en semillas halladas en las tumbas de la cultura Nasca (100-500 a.C).
En el Perú prehispánico los pobladores tomaban en ayunas la decocción de los granos del tarwi para eliminar parásitos, en virtud a su alto contenido de alcaloides, costumbre que aún se practica en algunas poblaciones andinas, productoras del grano.

Súper alimento ancestral
Entre las propiedades nutricionales del tarwi, resaltan su aporte entre 41 a 51 % de proteínas, 28.2 % de carbohidratos, 7.1% de fibra, 15 % de calcio y 10 % de hierro. También rico en aceites esenciales.
Además, posee péptidos contribuyen a reducir el riesgo de ciertas enfermedades crónicas, como la diabetes, hipertensión, entre otras.
Actualmente, los péptidos más conocidos son los obtenidos a partir de proteínas de la leche, sin embargo, las proteínas de origen vegetal, como las del tarwi, resultan en una fuente interesante para la obtención de los mismos.
Esta leguminosa tiene un alto contenido de triptófano, un aminoácido esencial para el buen funcionamiento de la glándula pineal que segrega melatonina, una hormona cerebral importante para generar la sensación de bienestar y dormir adecuadamente.
En el libro “Alimentos del Perú: Propiedades nutritivas y farmacológicas”, el Dr. Elmo León Canales, destaca al tarwi como un gran alimento funcional, que posee múltiples componentes bioactivos como lupanina, fenoles, taninos, saponinas y alcaloides. La lupanina tiene propiedades de regular el colesterol, efectos antibacterianos, antiarrítmicas e hipotensoras, además contiene alcaloides con efectos analgésico, antiinflamatorio y antiulceroso.
Aliado de la agricultura
La semilla del tarwi es reconocida por ser un excelente abono natural para preservar la fertilidad de los terrenos agrícolas y también por su adaptación y tolerancia a suelos pobres, afectados por sequías y heladas.
Desde una perspectiva ambiental, el tarwi y sus parientes silvestres se proyectan como recursos fundamentales para mejorar la fertilidad de los suelos. Su capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico no solo beneficia la producción agrícola, sino que también contribuye a reducir la proliferación de plagas, gracias a su contenido de alcaloides, según estudios como los de Blanco en 1991. La reintroducción del cultivo de tarwi en la rotación de cultivos andinos fortalece los sistemas de producción orgánica o ecológica, promoviendo la sostenibilidad.
Dato:
El tarwi posee alcaloides que le confieren un sabor amargo, por lo que antes de consumirlo debe pasar el proceso de desamargado. Recomiendan remojar los granos en agua por aproximadamente 2 horas para que se ablanden. Seguidamente, debes cocinarlos en diversas aguas para así eliminar el sabor amargo que lo caracteriza.

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