Escribe: Ing. Agr. José Reynoso Campos
Cuando se habla de alcanzar el desarrollo del agro, normalmente se abordan temas como capacitación, asistencia técnica, acceso a crédito y mercado rentable para impulsar su crecimiento. Sin embargo, pocas veces se reconoce el papel fundamental del capital social en la estructura agraria. Este concepto engloba el conjunto de valores y normas que comparten los miembros de una organización (cooperativa, asociación), permitiendo que los productores trabajen de manera conjunta para fortalecer su desarrollo. La cooperación basada en comprensión, honestidad, tolerancia y reciprocidad se convierte en un pilar que potencia la capacidad de los productores para alcanzar el éxito.
El impacto del capital social en el sector agrario es innegable: las comunidades que logran organizarse sobre la base de la confianza y la transparencia obtienen mejores oportunidades económicas y sociales, que las que trabajan de manera individual.
Los principales elementos del capital social incluyen:
- Confianza y cooperación: Elementos esenciales para fortalecer la cohesión entre los productores.
- Normas y valores compartidos: Base para una gestión eficiente y sostenible.
- Redes de relaciones: Abren oportunidades para acceder a mercados y financiamiento.
- Participación y gobernanza democrática: Garantizan la distribución equitativa de los beneficios.
Clave del éxito en la producción cafetalera
Una de las organizaciones de productores que ha logrado consolidarse gracias al capital social es la Cooperativa Agraria Cafetalera San Ignacio de Loyola (Casil) Ltda., ubicada en San Ignacio, Cajamarca. Fundada hace 55 años, esta organización nació de la iniciativa de un grupo de productores que decidió unirse para fortalecer su poder de negociación, acceder a mejores precios por sus productos, optimizar la producción reduciendo costos y adoptar nuevas tecnologías.
El liderazgo de los Sres. Celedonio Solano Gonzales y Luis Guerrero Guerrero fue determinante en este proceso. Su transparencia, responsabilidad y honestidad le valieron la confianza de sus compañeros, quienes los eligieron como presidente y tesorero, respectivamente, de la cooperativa, cargos en el que fueron reelegidos en varias ocasiones. Bajo su dirección, esta organización consolidó un ambiente de unidad y colaboración, donde cada socio tenía voz en la toma de decisiones. Esta participación activa no solo fortaleció el sentido de pertenencia, sino que también impulsó el compromiso con el desarrollo del proyecto.
Uno de los pilares de su gestión fue la implementación de una rendición de cuentas clara y equitativa, garantizando que cada miembro recibiera su parte justa de las ganancias. Esta transparencia fue clave para evitar conflictos internos y fortalecer la confianza dentro de la organización.
Gracias al fortalecimiento del capital social, la cooperativa logró acceder a mercados con mejores condiciones comerciales y precios más justos. Además, adoptó prácticas agrícolas sostenibles y obtuvo certificaciones de calidad que incrementaron el valor y la competitividad de su café en el mercado.
Esta historia es un claro ejemplo de cómo el capital social puede marcar la diferencia en el éxito del sector agrario. Más allá de mejorar la productividad y la calidad de vida de los productores, fomenta el crecimiento económico de un determinado subsector. El gran reto ahora es replicar este modelo en otros lugares del país, apostando por un desarrollo basado en la confianza, la cooperación y la participación activa de los productores.
