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cultivo de cacao Perú

Cuna del cacao: Estudio apunta a Perú y Ecuador como el origen de la domesticación

Una investigación en la que participaron 23 científicos de todo el mundo, entre ellos peruanos y ecuatorianos, muestra nuevos detalles sobre los orígenes de la domesticación del cacao; y señala que este no fue México ni Centroamérica, sino que este proceso se dio en los países andinos amazónicos como Perú, Ecuador y Colombia. La evidencia arqueológica de hace 5400 años muestra que el cacao se domesticó en la alta Amazonía.

La historia señala que en el siglo XVI, cuando el español Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán, el emperador azteca Moctezuma lo recibió con un brebaje afrodisíaco elaborada a base de cacao. «Cortés quiere escupirlo, pero estaba delante al rey y tiene que tragárselo», cuenta Quirino Olivera Núñez, arqueólogo peruano radicado en Jaén, la ciudad altoamazónica ubicada en la región Cajamarca.

Esta leyenda ha sido durante mucho tiempo la base simbólica, y también académica, de que el origen de la domesticación del árbol del cacao –es decir, de la intervención humana en el proceso de reproducción de la planta– se dio en México y en el resto de la antigua Mesoamérica. «En México, era una moneda», dice Olivera. «Era una especie sagrada que estaba destinada a la alta jerarquía. Estaba prohibido para el pueblo», explica en entrevista con OjoPúblico.

Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Scientific Reports demuestra que los orígenes de la domesticación del cacao no están en México o Centroamérica, como se pensaba, sino en países andino amazónicos como Ecuador, Perú y Colombia. Este hallazgo plantea nuevas hipótesis sobre las relaciones entre comunidades precolombinas de la Amazonía, los Andes y la costa del Pacífico y el valor del cacao en sus culturas.

«Siempre se pensó que Mesoamérica, México, Guatemala, Belice, eran los lugares donde se originaba el cacao, donde el cacao había sido domesticado», dice Francisco Valdez, investigador ecuatoriano del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés). «En la práctica, la evidencia arqueológica que tenemos nosotros en la alta Amazonía, es de 5500 años» de antigüedad, añade.

Los investigadores del Instituto para la mejora genética y adaptación de plantas mediterráneas y tropicales (Agap, por sus siglas en francés), de la Universidad de Montpellier, en Francia, identificaron rastros de compuestos de cacao en 352 vasijas y otras piezas arqueológicas que representan a 19 culturas antiguas de seis países, incluyendo a Ecuador, Perú, Colombia y países de América Central.

Las muestras más antiguas evaluadas para el estudio, que se publicó este mes, se encontraron en la Amazonía de Ecuador, con rastros que existieron hace unos 5300 años.

El arqueólogo Olivera Núñez asegura, por su parte, que a partir de los avances al otro lado de la frontera, en la Amazonía andina de Jaén, en Perú, él ha logrado encontrar y probar muestras de elementos arqueológicos aún más antiguos, llegando a los 5400 años antes de Cristo.

“La evidencia más temprana arqueológica que hay en México y en Guatemala es de … unos 2000 años antes de Cristo. Es decir, hay más de 1500 años diferencia entre la presencia del cacao en tierras sudamericanas que lo que hay en México o en Guatemala o en Belice”, dice Valdez.

El cacao en las culturas amazónicas

En medio de la investigación en torno a los orígenes de la domesticación del cacao está la cultura Mayo Chinchipe-Marañón, una cultura amazónica binacional que desde hace más de una década Valdez y Olivera han estudiado a ambos lados de la frontera. En Ecuador, se le conoce como la cultura Mayo Chinchipe y se distingue por el sitio Santa Ana-La Florida, un centro ceremonial de arquitectura en espiral de donde se originan muchas de las vasijas investigadas en el estudio.

«Las investigaciones que hemos realizado ahí demuestran una arquitectura bastante, bastante interesante», dice Valdez, quien ha estado estudiando el sitio desde el 2010. «El sitio Santa Ana-La Florida es probablemente el sitio en Ecuador donde hay la mayor cantidad de turquesa trabajada y bruta en términos arqueológicos. Es decir, estamos ante una tumba de un personaje o de personajes de élite que estaban representando lo más interesante que tenía la Amazonía para las otras culturas».

En el lado peruano, en Jaén, se le conoce como la cultura Marañón, por el río Marañón. Ahí es donde Olivera ha estado liderando los estudios del sitio de Montegrande, una huaca ceremonial parecida en estructura a la encontrada en el lado ecuatoriano.

«Yo pienso que a medida que vamos profundizando [en el sitio de Montegrande], la antigüedad va a ir retrocediendo más hacia atrás. Entonces cuando escarbemos la tumba, que está casi a dos metros más abajo, con seguridad vamos a ir por lo menos casi a 6000 años», asegura Olivera. «Nosotros tenemos todas las condiciones acá para tener una variedad genética y para ser centro de origen del cacao».

Para analizar la antigüedad del cacao, el equipo –liderado por Claire Lanaud, una genetista francesa– pudo secuenciar el ADN del cacao antiguo y analizar el ADN de 157 elementos arqueológicos para construir y secuenciar una biblioteca.

Entre las piezas de la cultura Mayo Chinchipe-Marañón que se encontraron en el sitio de Ecuador había botellas de cerámica que contenían restos de cacao y un mortero de piedra pulida en forma de mazorca de cacao, en el que se encontró restos de cacao en su interior.

Comunicación «permanente» con Mesoamérica

Ese análisis fue lo que permitió llegar a conclusiones sobre cómo es que el cacao amazónico llegó a América Central por vías terrestres y marítimas y de ahí exportarse a Europa. Según los investigadores, el cacao no solo era utilizado en ceremonias religiosas, sino que también tenía un valor económico para muchas culturas.

«Nos parece que el cacao tuvo un efecto de activar una transmisión en el cerebro, un neurotransmisor, que podría ser más potente que la ayahuasca, que el [cactus] San Pedro», explica Olivera. «Por eso era utilizado como una escalera para llegar al mundo espiritual …De aquí, se fue llevando, llegó a la costa y se fue a las costas de Guayaquil.

«La comunicación con Mesoamérica ha sido permanente en la época precolombina», dice.

Por su parte, Valdez cuenta que una de las cosas que más les ha llamado la atención dentro de la investigación del sitio Santa Ana-La Florida es el hallazgo de varios tipos de conchas de mar en una de las tumbas, a pesar de la distancia de la costa.

«Estamos en la alta Amazonía ecuatoriana. El sitio se encuentra a 1.040 metros sobre el nivel del mar. Jaén … está 700 metros sobre el nivel del mar», señala Valdez. «La interacción entre la costa del Pacífico y la alta Amazonía se convirtió en una realidad por las evidencias que se encontraron ahí».

El ADN antiguo del árbol del cacao, conocido por su nombre científico Theobroma cacao, también ayudó a identificar la diversidad genética antigua de las especies de plantas de cacao. Los investigadores aseguran que esto puede ayudar a entender mejor la historia de la domesticación de la planta y su adaptación para el futuro.

En Perú, tenemos todas las condiciones acá para tener una variedad genética y para ser centro de origen

«Los agricultores enfrentan actualmente muchas amenazas al cacao. Un mejor conocimiento de la compleja historia de la domesticación del cacao, que condujo a la adaptación de los árboles de cacao a sus nuevos entornos y a su mezcla genética, en la base de las poblaciones actuales de árboles de cacao, ayudará a mejorar nuestras estrategias de mejoramiento», dice el estudio.

La cuna del cacao

Las nuevas conclusiones sobre las relaciones entre la Amazonía, la costa y Mesoamérica a través del cacao abren la posibilidad de seguir encontrando evidencias de la importancia de esa planta en la región.

Olivera dice sentirse seguro de que más estudios en Montegrande mostrarán el rol del Perú como líder en la domesticación del cacao. Valdez, por su parte, asegura que más allá de qué país tiene derecho a llamarse la cuna del cacao, lo que se puede confirmar es el rol de la Amazonía en la domesticación de la planta.

«En una reunión, un mexicano … me dijo, ‘Discúlpeme, no le puedo permitir que nos quite el cacao. El cacao es el regalo de México al mundo’. Yo dije, nadie les está quitando. Si usted considera, pues en realidad, los amerindios les llevaron el cacao y le dieron el cacao unos años después de que ellos ya lo estaban utilizando acá».

«Lo que nadie le va a quitar a México es el chocolate», dijo Valdez.

 

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