Por: Rodolfo Oswaldo Ardiles Villamonte
El 6 enero del 2021, a través de la Ley Nº 31111, que amplía la moratoria al ingreso y producción de Organismos Vivos Modificados (OVM) al territorio nacional, hasta el 31 de diciembre del 2035, es decir, 14 años adicionales a los que establecía la Ley madre-Ley Nº 29811. Sin embargo, esta última norma no tiene Reglamento desde hace un año. Y allí está el riesgo.
Cultivos transgénicos en el país
Aprovechando ese vacío legal, cualquier empresa o persona puede importar productos transgénicos para su cultivo, como lo han hecho ciertos protransgénicos que se han ingeniado para introducir y sembrar OVM en el país, poniendo en riesgo a la megabiodiversidad del Perú.
La Ley de Moratoria prohíbe la siembra de transgénicos, sin embargo, en el 2018, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) detectó, por primera vez en el Perú, transgénicos en 25 campos de cultivo de maíz amarillo duro, en la zona de Huamanchacate, distrito y provincia de Santa, región política de Ancash, y en el valle del Medio y Bajo Piura, entre los distritos de La Unión, Vice y Bernal, en Piura. Quienes sembraron maíz transgénico habrían utilizado como semillas los granos que están destinados para la alimentación animal, que igual que para el consumo humano, no están cubiertos por la moratoria. Igualmente, hay reportes que dan cuenta de la existencia de soya transgénica en Ayacucho.
En albores del 2021, el Ministerio del Ambiente publicó y puso en consulta pública la propuesta de reglamento de la Ley Nº 31111. A pesar de ello, el proyecto no fue aprobado debido a que las comunidades nativas han pedido que se realice una consulta previa pues consideran que podría afectar sus derechos colectivos.
La erosión genética
El Dr. Laureano del Castillo Pinto, director ejecutivo del Centro Peruano de Estudios Sociales (Cepes), opina que la demora en la aprobación del reglamento ha generado un vacío legal, porque aprovechando esa situación, podrían ingresar transgénicos para cultivo a nuestro país.
“Nuestra megabiodiversidad está en peligro porque los transgénicos pueden desplazarla y producir una erosión genética. Así, por ejemplo, en vez de tener la gran variedad de papas nativas se podría comenzar a producir una sola variedad, si es que el mercado así lo prefiere, con lo cual perdemos biodiversidad. Además, hay que recordar que también se han dado casos de piratería de nuestros productos, como ocurrió con la maca y el yacón”, sostiene.
Agrega que otro tema que preocupa a muchos científicos es la contaminación que se puede producir con la liberación de éstos OVM en campos vecinos donde no se usan transgénicos, pero que eventualmente se vean afectados por estos productos.
Puede afectar a los orgánicos
Por su parte, el Ing. Agr. Luis Gomero Osorio, presidente del Consorcio Agroecológico Peruano, sostiene que la contaminación genética expone al país al riesgo de sufrir rechazos si se detecta transgénicos dentro de los envíos de productos que se exportan como orgánicos. Esto está establecido dentro de los Tratados de Libre Comercio (TLC).
“La contaminación genética es una amenaza para los productores orgánicos, por ello los transgénicos están absolutamente prohibidos dentro de su estructura de producción. La prevención contra los OVM es necesaria en un país como el Perú, debido a su megabiodiversidad y porque somos centro de origen de algunos cultivos y crianzas. Además, el Protocolo de Cartagena establece políticas precautorias, razón por la cual los países pueden establecer normas específicas para proteger sus recursos y biodiversidad”, explica.
Agrega que los OVM o transgénicos están asociados a un paquete tecnológico que depende de grandes capitales y empresas internacionales. Cuando se opta por la producción de OVM, esto supone la compra de todo ese paquete tecnológico; lo que no solo implica perder biodiversidad sino también soberanía, especialmente soberanía alimentaria.
Impacto negativo en algodón
Asimismo, el Ing. Gomero advierte que en países como Colombia donde ya se autorizó el ingreso de algodón transgénico se ha constatado un impacto negativo a nivel social, económico y laboral.
“Los cultivos transgénicos comerciales responden a commodities que se mueven en función a los precios internacionales. Por ejemplo, tenemos el caso del maíz amarillo o la soya que son controlados por las grandes empresas que se dedican al comercio de esas semillas y a la producción de esos monocultivos”, explica.
El Ing. Gomero concluye que en el Perú los efectos de los transgénicos serían evidentes pues somos un país de pequeños productores, con aproximadamente dos millones doscientas mil unidades agropecuarias que manejan pequeñas parcelas; muy diferentes a Brasil, Argentina o Colombia. Pues en nuestro país no tenemos grandes fincas ni latifundios, con lo cual no se puede trabajar sistemas de producción de monocultivos.
La concentración de la propiedad
Finalmente, el Dr. Laureano Del Castillo comenta que “los monocultivos, además de empobrecer la biodiversidad, favorecen el uso de hidrocarburos contaminantes, así como la concentración de la propiedad y el sometimiento de los agricultores a un sistema que no pueden controlar”.
Proteger la megadiversidad
La aprobación del reglamento de la Ley Nº 31111 es una necesidad apremiante, porque se trata de proteger a nuestra vasta biodiversidad, ese prodigioso megaconjunto de plantas, animales y microorganismos que coexisten en el país. Incluso porque nuestra megadiversidad es un patrimonio socialmente compartido y potencialmente inagotable, como ningún otro, y nos posibilita un festival de sabores, olores y aromas y constituye un arma de desarrollo, tal como lo ha demostrado el “boom” de la gastronomía nacional y nuestras agroexportaciones orgánicas.
