Más de 120 hectáreas en las regiones de Ayacucho, Lambayeque, La Libertad y el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) han incrementado su productividad agraria en un 33 % mediante la aplicación de técnicas basadas en microorganismos benéficos, valorización de residuos, biochar, abonos verdes y análisis de suelo, desarrolladas por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).
Con la aplicación de estas tecnologías orgánicas, el INIA ha permitido que, a lo largo de cuatro años, se reduzca en un 30 % el uso de fertilizantes sintéticos, generando un incremento significativo en la fertilidad biológica del suelo. Esto ha fortalecido la calidad y competitividad de cultivos como maíz morado, quinua, papa, arroz, cacao y maíz amarillo duro, mejorando la rentabilidad de los productores.

Mediante el uso de biofertilizantes microbianos caracterizados por el INIA, se ha logrado reducir la aplicación de urea en cultivos como maíz y arroz, favoreciendo procesos como la fijación biológica de nitrógeno —que permite aprovechar el nitrógeno del aire— y optimizando la absorción de nutrientes mediante su solubilización o la estimulación del crecimiento vegetal.
A través de la valorización de residuos agrícolas, se ha fortalecido el uso de Trichoderma, un hongo capaz de degradar materiales duros como hojas, tallos y rastrojos, generando un bioinsumo sólido estable. Asimismo, se emplean bacterias del género Bacillus, que transforman residuos blandos y ricos en azúcares. Ambos procesos reducen la necesidad de fertilizantes sintéticos y evitan la quema de residuos, contribuyendo a la conservación del medio ambiente.
La aplicación de biochar, una enmienda de carbono obtenida mediante la pirólisis de residuos agroindustriales como cáscara de arroz, café o cacao, ha permitido mejorar la retención de agua en el suelo y la captura de carbono. En tanto, el uso de abonos verdes con leguminosas aporta hasta 60 kilos de nitrógeno, mejorando la estructura del suelo agrario y reduciendo la presencia de malezas y enfermedades.

Para el análisis de la fertilidad del suelo, el INIA ha implementado la Red Nacional de 16 laboratorios de Suelos, Agua y Foliares (LABSAF), acreditados por el Instituto Nacional de Calidad (Inacal), con capacidad para procesar más de 200 000 muestras al año. Esta infraestructura permite identificar nutrientes limitantes, características físicas y químicas del suelo, niveles de acidez, presencia de metales pesados, entre otros parámetros clave para definir estrategias de manejo y conservación.
El INIA promueve el uso de insumos orgánicos como alternativa a la urea, cuyo precio en el mercado internacional ha mostrado un incremento sostenido, afectando a pequeños y medianos agricultores dedicados a cultivos prioritarios como arroz, papa y maíz. En este contexto, los microorganismos y las enmiendas orgánicas se posicionan como herramientas clave para mejorar la fertilidad del suelo y la economía del productor.
En esa línea, el INIA ha lanzado la “Jornada de capacitaciones: Rumbo a la soberanía con abonos orgánicos”, un ciclo de 34 sesiones prácticas y gratuitas dirigidas a productores, técnicos y extensionistas. Estas jornadas constituyen espacios de transferencia tecnológica activa, donde los participantes aprenden a elaborar y aplicar compost, biochar, bioles, inoculantes microbianos, abonos verdes, entre otros, siguiendo protocolos validados por la institución.
