El marchitamiento por Fusarium —conocido como mal de Panamá— es la mayor amenaza de la industria bananera mundial. Aunque su nombre remite a América, el hongo tiene origen en el sudeste asiático, donde atacó inicialmente a la variedad Gros Michel. Desde allí fue introducido al continente americano por las grandes compañías bananeras a inicios del siglo XX.
Ese primer brote corresponde a la raza 1 del patógeno, hoy distribuida globalmente y responsable de la destrucción de miles de hectáreas de banano en regiones tropicales y subtropicales. La crisis obligó a sustituir el Gros Michel por la variedad Cavendish (AAA), resistente a esa cepa. Sin embargo, la aparición del Fusarium Raza 4 Tropical (R4T), una enfermedad causada por el hongo Fusarium oxysporum f. sp. cubense (Foc R4T), ha reactivado la alarma mundial. Pues se trata de un patógeno que infecta los cultivos de banano y plátano, provocando el marchitamiento y la muerte de las plantas al obstruir su sistema vascular.

Presente desde el 2021
Según la guía de diagnóstico de la Comunidad Andina (CAN), Fusarium es uno de los géneros de hongos más relevantes a nivel científico y económico: recientemente fue catalogado entre los cinco patógenos vegetales más importantes. En el Perú, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) detectó el R4T por primera vez en 2021 y su propagación ha sido acelerada.
Área afectada
El Ing. Karlhos Quinde Rodríguez, gerente de proyectos de Cedepas Norte, señala que la falta de datos cuantitativos dificulta evaluar su impacto. “A diario aparecen nuevas plantaciones con síntomas. El Senasa estima entre 1.500 y 2.000 hectáreas severamente afectadas. En muchos casos, la pérdida de las plantaciones es casi total”, advierte.
Banano orgánico el más afectado
El Perú cuenta con cerca de 160.000 hectáreas de musáceas —familia que incluye plátano, banano y plátano bizcochito, baby banano u orito—, cultivos esenciales para la dieta nacional y concentrados principalmente en el nororiente, la sierra central y la zona norte. No obstante, el R4T golpea con mayor intensidad al banano orgánico de exportación producido en Piura.
“Se estima que unas 10.000 hectáreas presentan algún nivel de afectación, de las cuales entre 1.500 y 2.000 están en situación crítica. El hongo se desplaza por el suelo y en muchos casos los síntomas aparecen cuando el daño ya es irreversible”, explica Quinde.
El especialista advierte que el sistema de riego por inundación agrava la propagación del hongo. En el valle del Chira, Piura, donde se concentra la mayor producción de banano orgánico, las aguas procedentes del reservorio de Poechos arrastran el patógeno hacia las zonas bajas. “Estas condiciones permiten una dispersión descontrolada. Es probable que el hongo ya esté presente en la mayor parte del territorio bananero que depende de este riego”, afirma.

Estrategias para reducir riesgos
Investigaciones recientes muestran que la implementación de protocolos de bioseguridad, suelos de alta calidad y la aplicación de microorganismos benéficos pueden reducir la incidencia del Fusarium. “No todos los suelos responden igual. Cuando la estructura y la nutrición son adecuadas, las plantas mantienen mayor vigor y desarrollan resistencia natural”, precisa.
La CAN recuerda que Fusarium oxysporum no es un único hongo, sino un complejo de especies muy similares: algunas viven en el suelo sin causar daño y otras son patógenos agresivos, capaces de provocar pudrición de raíces o marchitez vascular en cientos de plantas, entre ellas el banano.
La búsqueda de variedades resistentes
Quinde lamenta que en el Perú haya poco avance científico en detección temprana y manejo del R4T. Aunque el hongo se estudia desde hace décadas, no existe una cura: la solución pasa por encontrar una variedad resistente.
“El mundo ya enfrentó una crisis similar en los años cincuenta y sesenta, cuando la raza 1 devastó el Gros Michel y obligó a reemplazarlo por la Cavendish. Ahora nos encontramos ante un escenario similar. La raza 1 mutó en la 2, luego en la 3, y hoy lidiamos con la 4, mucho más agresiva”, explica.
Diversos países están probando variedades con resistencia o tolerancia parcial al R4T. “Una variedad resistente no sucumbe al hongo bajo ninguna condición. Una tolerante resiste un tiempo, pero eventualmente debe ser reemplazada. Por ahora predominan las tolerantes”, detalla el gerente de proyectos de Cedepas Norte.
Híbridos y Cavendish
En alianza con el centro francés CIRAD, Agrofair —principal importador de banano orgánico peruano—, el INIA, el Senasa y Cedepas Norte —que fue reconocido como CITE por el Ministerio de la Producción en 2016— está investigando seis nuevas variedades de banano a las condiciones de Piura.
“Hemos traído seis nuevas variedades para evaluar su tolerancia o resistencia a las condiciones de Piura. Ya fueron estudiadas en Australia, Colombia, Guadalupe y Martinica, y ahora buscamos conocer su comportamiento frente a nuestro clima, suelo y humedad”, comenta Quinde.
Las variedades incluyen cuatro híbridos y dos Cavendish. Se instalaron 1.200 vitroplantas en zonas con alta presencia de Fusarium —como Salitral— y en áreas libres, para comparar resultados. Tras su cuarentena, las plantas muestran un crecimiento vigoroso y cero mortalidad. Hace dos semanas fueron sembradas en campo definitivo sin señales de marchitez.
Aunque aún es pronto para conclusiones, los primeros resultados son alentadores. Una misión reciente del CIRAD confirmó su buen desarrollo. El monitoreo continuará hasta la producción de los primeros racimos, momento en que se realizarán las evaluaciones poscosecha.
Además de medir tolerancia al hongo, se evaluarán cualidades organolépticas —sabor, color, textura— y niveles de aceptación del consumidor. “No buscamos replicar las variedades actuales, sino introducir material genético mejorado que pueda adaptarse al gusto del mercado”, concluye.
