Por: Rodolfo Ardiles Villamonte
En las alturas de la Cordillera Negra, una estructura ancestral demuestra la durabilidad de la ingeniería prehispánica frente al paso del tiempo y los terremotos en una de las regiones más sísmicas del planeta. La represa de Ricococha Alta, ubicada en el distrito de Pamparomas, provincia de Huaylas, originalmente construida por los Huaylas –una civilización preincaica que floreció en la sierra central de Áncash–, y mantenida por los Incas, ha resurgido gracias a la labor del arqueólogo anglo-argentino Kevin Lane.
Este investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Proyecto de Rehabilitación de Represas Andinas de Alta Montaña (HAARD), ha logrado recuperar la antigua estructura, beneficiando a las comunidades de Cajabamba Alta y Putaca, distrito de Pamparomás, las cuales han logrado mejorar 45 hectáreas de alfalfa para la ganadería lechera para la producción de quesos artesanales y proporcionando acceso al agua a 1.200 personas.

Ricococha Alta, con sus 30.000 metros cúbicos de capacidad, ahora riega 45 hectáreas de alfalfa para la ganadería lechera y la producción artesanal de quesos.
La rehabilitación de esta represa precolombina, que costó $120.000 y fue financiada por la Fundación alemana Gerda Henkel, resalta la eficiencia del enfoque de Lane. “Comparada con el costo de una represa moderna de cemento, que puede superar el millón de dólares, esta inversión es mínima. Con un millón de dólares podríamos recuperar varias represas prehispánicas y captar más agua. Debemos pensar estratégicamente, ya que la demanda de agua aumentará en el futuro. Un sistema híbrido que combine represas prehispánicas rehabilitadas y nuevas represas de cemento sería lo más conveniente”, explica Lane.
El investigador anglo-argentino subraya que muchas microrrepresas modernas se construyen sobre antiguos embalses, pero estas estructuras suelen tener una vida útil de apenas 40 o 50 años, siempre que se mantengan adecuadamente. “Desafortunadamente, las comunidades locales no siempre cuentan con la tecnología, el conocimiento o el financiamiento necesarios para su conservación”, añade.
Recuperar tecnologías y técnicas ancestrales
Su propuesta se basa en recuperar tecnologías y técnicas ancestrales que los lugareños aún utilizan en el mantenimiento de canales de riego. Estas técnicas, que emplean piedras, arcilla y relleno de grava en el núcleo central, pueden mejorarse con geomembranas modernas para optimizar el represamiento. “El mantenimiento debe ser una tarea anual integrada a las actividades comunitarias, similar a los canales de riego. Si se aplican las capas de arcilla en los tiempos correctos, estas represas podrían durar otros 500 años”, afirma.
Un viaje de redescubrimiento
El interés de Lane por la ingeniería hidráulica prehispánica comenzó hace 20 años, cuando se unió al equipo del arqueólogo Alex Herrera en un ambicioso proyecto que recorrió desde el Pacífico hasta el Amazonas, atravesando el Valle del Nepeña, el Callejón de Huaylas, Conchucos y el río Marañón, entre 1998 y 2001. “Me fascinó la tecnología hidráulica utilizada en altitudes de 2.500 a 5.000 metros sobre el nivel del mar. Mi objetivo era recuperar estos sistemas para uso moderno”, recuerda Lane.
El contexto actual, marcado por el cambio climático y la escasez de agua, ha cambiado drásticamente desde entonces. Lane destaca que el Perú encabeza la lista de países afectados por esta crisis, especialmente en regiones como la Cordillera Negra. Esto subraya la importancia de rehabilitar represas para sostener las actividades económicas de las comunidades andinas.
Más de 160 represas prehispánicas
Lane y su equipo han identificado alrededor de 165 represas prehispánicas en la Cordillera Negra, con la esperanza de descubrir más de 300. Estas estructuras eran vitales para las culturas antiguas, especialmente en áreas sin glaciares que dependían de las lluvias.
Política de Estado
El principal desafío para Lane y su equipo ha sido el trabajo con las comunidades y los gobiernos locales. “Aunque la parte técnica no fue complicada, la parte humana siempre es más compleja. Las comunidades pueden adoptar una represa temporalmente, pero luego pueden cambiar de opinión. Además, algunos gobiernos locales prefieren construir nuevas represas de cemento”, afirma Lane.
El investigador sugiere involucrar al gobierno central y los gobiernos regionales y locales para que la recuperación de represas prehispánicas se convierta en una política de Estado. “Es crucial reconsiderar el lenguaje que usamos. Al asumir que las construcciones de cemento son más nobles que las de piedra y arcilla, olvidamos que estas últimas pueden ser igual de efectivas. Este tipo de detalles explica por qué se han abandonado materiales tradicionales, como el techado de paja, en favor de alternativas más modernas”, concluye Lane.
