El acaí, de fruto redondo, de color púrpura, que crece en racimos de palmera Euterpe oleracea, siempre ha formado parte de la dieta amazónica. La fama de sus beneficios nutricionales, como el hecho de tener gran cantidad de antioxidantes, fibra y alto valor energético, conquistó rápidamente a los consumidores de la región sudeste de Brasil.
Con el mundo globalizado en el que vivimos, la fruta amazónica no tardó en llegar también al mercado internacional. Según datos de la Federación de Industrias del Estado de Pará (FIEPA), en los últimos diez años hubo un aumento significativo en las exportaciones de acaí.
Hace una década se vendían al exterior algo más de 40 toneladas. El año pasado, este número pasó a 5937 toneladas. Solo entre 2019 y 2020, el sector saltó un 51 %.
Pará es el mayor consumidor nacional y también el mayor exportador de la fruta (en forma de pulpa congelada): el 95 % de la producción brasileña proviene de este estado. Y para atender la gigantesca demanda interna y externa, el área sembrada, tanto en tierra firme como bajo manejo de llanuras aluviales, pasó de 77 mil a 188 mil hectáreas en diez años.
Sin embargo, toda esta demanda tuvo serios impactos en los bosques de ribera donde se cultiva el acaí, según reveló un artículo científico divulgado en la publicación Biological Conservation (https://bit.ly/2ZKrsux)
El estudio analizó 47 áreas de llanuras aluviales en la región de la desembocadura del río Amazonas, en Pará, donde el manejo del acaí se lleva a cabo.
La investigación señala que, con la tala de árboles nativos en los bosques de ribera para expandir el cultivo de acaí, hubo una reducción en el número de especies y funciones en este ecosistema amazónico, caracterizado por bosques que crecen en las márgenes de ríos fangosos.
“Notamos la ausencia de especies típicas de árboles de llanura de inundación en ambientes con monocultivos, principalmente plantas de sombra, que ayudan en el ciclo de nutrientes y albergan especies de fauna como aves e insectos”, sostiene el biólogo Madson Freitas, autor principal de la investigación.
El investigador explica que la palmera del acaí es una planta acostumbrada a mucho sol y agua, ya que crece en las llanuras aluviales, que sufren inundaciones cada seis horas. Sus raíces son superficiales y necesitan una gran cantidad de nutrientes, garantizados precisamente por la diversidad de especies del bosque y por el ir y venir del río, que trae materia orgánica a la tierra.
“Al eliminar la vegetación alrededor de las palmeras, los ribereños impactan la productividad del bosque. Y sin él, por ejemplo, el número de insectos polinizadores, imprescindibles para la producción de acaí, también disminuye, como ya se ha comprobado en otro estudio, de 2018 (https://bit.ly/3xHpIie), añade el biólogo.
Lo que se hace evidente para los investigadores es la relación causal entre el aumento del manejo para satisfacer la demanda del mercado y el cambio florístico y estructural en el bosque de ribera.
“Los productores comenzaron a ignorar la biodiversidad local. Otras plantas de la llanura aluvial desaparecieron y esto compromete la funcionalidad del bosque en su conjunto. En algunas zonas se tiene prácticamente un monocultivo de acaí, cuando lo normal sería tener hasta 70 especies diferentes de árboles y palmeras por hectárea”, explica Ima Vieira, investigadora del Museo Emilio Goeldi de Pará, doctora en Ecología y especialista en estudios de resiliencia de la Selva Amazónica a la deforestación.
Fuente: Mongabay Latam.
