La ganadería lechera peruana enfrenta una recuperación desigual tras el impacto de la pandemia, la guerra en Ucrania y la fuerte volatilidad del mercado internacional. Mientras el sistema intensivo de la costa muestra señales de estabilidad gracias a la mejora de precios y la caída de los costos de los granos, los ganaderos de los Andes atraviesan una situación crítica por la presión a la baja sobre los precios de la leche, la competencia de importaciones y la debilidad de las cadenas de acopio y comercialización.
En esta entrevista, el Ing. Zoot. Carlos Enrique Lozada García, presidente de la Asociación de Ganaderos Lecheros del Perú (Agalep), explica las distorsiones estructurales del sector, el rol clave de los programas sociales y las medidas necesarias para construir una ganadería lechera más sostenible y competitiva.

─ Tras el impacto de la pandemia y la crisis internacional derivada de la guerra en Ucrania, ¿en qué situación se encuentra hoy la ganadería vacuna lechera en el Perú? ¿Se observan signos de recuperación?
─ Lo primero que hay que señalar es que la ganadería lechera peruana no es homogénea. Existen sistemas productivos muy diversos y, por tanto, los impactos y los procesos de recuperación han sido distintos. A grandes rasgos, podemos identificar dos grandes modelos: el sistema intensivo de la costa y el sistema de pastoreo semiestabulado de la sierra, cada uno con dinámicas propias. En la costa predomina un modelo intensivo, altamente dependiente del uso de granos y concentrados, cuya producción se destina principalmente a la gran industria. En la sierra, en cambio, el sistema se basa en el pastoreo semiestabulado, con un uso mínimo de concentrados, y la mayor parte de la leche se transforma en queso a través de queserías locales.
─ ¿Estas diferencias influyeron en la manera en que cada sistema enfrentó las crisis externas?
─ Sin duda. La pandemia afectó gravemente los flujos logísticos internacionales y, posteriormente, la guerra en Ucrania disparó los precios de los granos. Esto golpeó con especial fuerza al sistema intensivo de la costa: se estima que cerca de dos tercios de los establos que abastecían a la gran industria desaparecieron durante ese periodo. En los Andes, el impacto fue distinto. El encarecimiento de los granos con los que se prepara alimento balanceado no tuvo el mismo efecto, pero sí se produjeron serias dificultades de acceso a los mercados debido a las restricciones de movilidad impuestas durante la pandemia. A ello se sumó, entre el 2022 y el 2023, un déficit hídrico afectó severamente la disponibilidad de pastos en varias zonas del país.
─ ¿Cómo evalúa la coyuntura actual del sector?
─ En los últimos años hemos tenido una disponibilidad relativamente regular de pastos y forrajes, con precipitaciones cercanas a la normalidad. En este contexto, el sistema intensivo de la costa atraviesa un momento favorable, impulsado por la recuperación de los precios al productor y la caída de los precios internacionales de los granos. Sin embargo, la situación es muy distinta para los productores que venden a queserías, principalmente en la sierra. Allí se observa una fuerte presión a la baja sobre los precios de la leche.

─ ¿A qué se debe esa presión?
─ Hay varios factores. Por un lado, la estacionalidad: con la llegada de las lluvias aumenta la disponibilidad de pastos y, en consecuencia, la producción de leche. Al mismo tiempo, durante el verano disminuye el consumo, en parte porque los escolares dejan de asistir a clases, lo que reduce la demanda asociada a los programas de alimentación. Esta situación se ha visto agravada por la caída del precio internacional de la leche, lo que ha incrementado la importación de quesos y leche en polvo. Incluso existen casos de queserías que están utilizando leche en polvo en sus procesos productivos, lo que ejerce una presión directa sobre los productores primarios, que hoy son el eslabón más afectado de la cadena.
─ ¿Por qué está cayendo el precio internacional de la leche?
─ Se trata, en gran medida, de un ajuste del mercado. Tras el fuerte aumento de los precios de los granos, la leche también se encareció. Ahora que los precios de los granos han comenzado a descender, se ha generado un incentivo para aumentar la producción. Esto ha derivado en una sobreoferta en los principales países productores, lo que explica la caída de los precios internacionales.
─ ¿Esta experiencia confirma que el Perú no está preparado para enfrentar crisis de este tipo desde una perspectiva de seguridad alimentaria?
─ Lamentablemente, sí. El Perú enfrenta serios problemas de desnutrición infantil y la leche debería cumplir un rol central en la estrategia de seguridad alimentaria. Sin embargo, nuestro consumo per cápita es bajo en comparación con el de países vecinos. Además, el mercado internacional de la leche es extremadamente volátil. En la última década hemos visto precios que se han triplicado, pasando de $2000 a casi $6000 por tonelada de leche en polvo. Es imposible desarrollar una ganadería sostenible con oscilaciones de esa magnitud. Esta volatilidad se explica porque la mayoría de países se autoabastecen y solo colocan sus excedentes en el mercado internacional. Por ello, muchos países protegen a sus productores de las caídas abruptas de precios. Eso es justamente lo que el Perú debería hacer.
─ ¿Qué medidas debería adoptar el país en este escenario?
─ El Perú cuenta con una herramienta eficaz: el sistema de franja de precios, aprobado hace unos 25 años. Este mecanismo toma como referencia el promedio de los precios internacionales de los últimos cinco años y establece un rango de variación. Cuando el precio cae por debajo de ese rango, se aplica un arancel compensatorio. Es un sistema inteligente porque no desconecta al país del mercado internacional, pero sí lo protege frente a caídas bruscas. Funcionó bien hasta que fue restringido a mediados de la década pasada y luego enfrentó limitaciones adicionales por el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que impide aplicar la franja a las importaciones provenientes de ese país.

Realidades distintas
─ Muchos establos cerraron durante la pandemia. ¿Cómo se encuentra hoy el sector?
─ Nuevamente, hay que distinguir. La ganadería intensiva de la costa está en una situación favorable. En cambio, los ganaderos de los Andes enfrentan mayores dificultades, ya que dependen casi exclusivamente de las queserías como canal de comercialización. Hablamos de unas 10 000 queserías a nivel nacional que colocan en los mercados urbanos un queso de calidad media, presentado como un commodity, que hoy compite directamente con quesos importados de características similares, pero con una calidad promedio superior. Esto debería ser una señal de alerta: es indispensable mejorar la calidad del producto nacional, lo que pasa necesariamente por mejorar las condiciones de trabajo de las queserías y la calidad de la leche que reciben.
─ ¿La leche producida en el Perú no es de buena calidad?
─ La leche producida en los Andes es excelente en su origen. El problema no está en la vaca, sino en el manejo posterior. La calidad se deteriora durante el transporte y el acopio, debido a deficiencias en infraestructura, tiempo y temperatura. Tenemos mucho por mejorar: caminos rurales, redes de acopio, sistemas de enfriamiento, envases adecuados. Son tareas pendientes que requieren una intervención integral.
No hay “precio justo”
─ ¿Qué estrategia permitiría mejorar estas redes de acopio?
─ La intervención debe darse en varios niveles: mejora de la infraestructura vial, ampliación del acceso a energía eléctrica en zonas rurales, creación de centros de acopio y enfriamiento, y promoción de inversiones en agroindustria, ya sean privadas, asociativas o incluso públicas. En muchas zonas de la sierra, un modelo de inversión público-privada podría ser una alternativa viable.
─ ¿Cuánto se paga hoy por litro de leche y cuál sería un precio rentable?
─ No existe un “precio justo” universal, porque los costos de producción varían mucho entre productores. Hoy existe una gran dispersión de precios. En la sierra, los valores pueden ir desde S/0.90 hasta S/1.60 por litro, dependiendo de la temporada y del mercado. En épocas de menor producción, como entre agosto y octubre, los precios suelen subir. Entre enero y marzo, cuando la producción se duplica, los precios tienden a bajar. Algunas queserías mantienen precios estables para cuidar a sus proveedores, pero en el mercado de excedentes el precio puede caer a niveles críticos.
─ ¿Cuáles son las principales distorsiones del mercado lechero peruano?
─ Una distorsión estructural importante es la concentración de la gran industria: compra cerca del 40 % de la producción nacional y, dentro de ese grupo, una sola empresa concentra aproximadamente el 75 %. La solución pasa por promover la competencia y, sobre todo, por hacer crecer la demanda, incentivando el consumo y ofreciendo productos de calidad que resulten atractivos para el consumidor.
Consumo de leche en colegios en retroceso
─ ¿Qué rol cumplen los programas sociales?
─ Si los programas sociales cumplieran efectivamente con el mandato legal de priorizar la compra de alimentos de origen nacional, el impacto en la economía de los ganaderos sería significativo, ya que se generaría una demanda estable, se fortalecería la producción local y se reduciría la vulnerabilidad del sector frente a las fluctuaciones del mercado internacional. Si cada escolar consumiera un vaso de leche al día, se podrían destinar más de 200 000 toneladas de leche al año. Sin embargo, el consumo estatal ha caído drásticamente: de 50 000 toneladas en 2019 a apenas 12 000 el año pasado. Además, existe la paradoja de que la leche producida en las regiones muchas veces se envía a Lima para su procesamiento y luego regresa para alimentar a los hijos de los mismos ganaderos, mientras en esas zonas los productores no encuentran a quién vender su leche.
Desarrollar agroindustrias
─ Finalmente, ¿cuáles son las principales alternativas para mejorar la rentabilidad del sector?
─ Promover el consumo de leche es fundamental. Es un alimento de alto valor nutricional, bajo costo y alta aceptación. También es indispensable desarrollar la agroindustria, especialmente en la sierra, fortalecer la sanidad pecuaria y mejorar las cadenas de acopio. Asimismo, debemos rehabilitar sanitariamente a las queserías para que puedan abastecer a los programas sociales y asegurar mercados estables para la producción local. Sin estas medidas, será muy difícil lograr una ganadería lechera sostenible y competitiva.
