En el corazón de Chanchamayo, región Junín, donde la ciudad se entrelaza con el susurro constante de la selva que la rodea, se encuentra el zoocriadero Samani, un centro de cría que apuesta por el manejo responsable del majaz (Cuniculus paca) en cautiverio como una alternativa para atender su alta demanda y aliviar la presión sobre las poblaciones que habitan el bosque.
Allí, entre pasillos rodeados de plantas ornamentales, orquídeas y especies nativas que se elevan en jardines colgantes, el majaz encuentra ambientes acondicionados para su reproducción, alimentación y bienestar, aspectos fundamentales para su manejo y que son supervisados por el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor).
En Samani, cada detalle cuenta. Los recintos reflejan orden, limpieza y adaptación a las necesidades del majaz. La rutina diaria incluye alimentación controlada, monitoreo sanitario y registros permanentes. “El manejo no es complicado, pero sí exige constancia. No se trata solo de alimentar, sino de estar atentos a cada cambio, a cada comportamiento. Eso es lo que te enseña el día a día”, comenta Juan José Verde y Livia, titular del zoocriadero.

Samani alivia la presión sobre el majaz
Hace más de una década, el majaz formaba parte cotidiana del paisaje amazónico. Sin embargo, la caza indiscriminada y la pérdida de su hábitat comenzaron a reducir su presencia en el bosque. “El majaz siempre ha sido una especie muy demandada en el mercado. Cuando conversábamos con las personas que viven en el bosque, nos decían que cada vez había menos, porque la caza los estaba haciendo desaparecer”, cuenta Juan José mientras observa a los animales con atención.
La situación es evidente: entre la alta demanda y la disminución de su población, el majaz enfrenta una fuerte presión. Frente a ello, desde 2013, Samani se ha convertido en una alternativa sostenible mediante la reproducción y comercialización legal de la especie, contribuyendo así a disminuir la caza furtiva en los bosques.
Según la Ley Forestal y de Fauna Silvestre n.° 29763, un zoocriadero es un espacio donde se crían y manejan animales silvestres en condiciones controladas, garantizando su bienestar y reproducción sin afectar directamente a las poblaciones naturales. Un claro ejemplo de este tipo de establecimiento es Samani, que, a partir de su plantel reproductor, ha logrado obtener crías de majaz para venderlas vivas a otros zoocriaderos y a familias interesadas en la crianza de esta especie, evitando así la extracción de ejemplares del bosque.
Cada majaz criado en cautiverio representa una alternativa real frente a la caza y reduce directamente la presión sobre las poblaciones silvestres.
Este trabajo fue reconocido en 2025 mediante una constancia de cumplimiento de obligaciones, tras aprobar satisfactoriamente una supervisión del Osinfor. Durante esta evaluación se verificó el cumplimiento de lo establecido en su declaración de manejo de fauna silvestre, incluido el adecuado cuidado para garantizar el bienestar de los ejemplares.

Aprender haciendo: el camino hacia un manejo responsable
El origen del zoocriadero no estuvo planificado. Una coincidencia despertó una idea. Juan José recuerda que todo comenzó cuando un ejemplar de majaz llegó a sus manos como obsequio. Tiempo después consiguió otro ejemplar y, de manera inesperada, ocurrió el primer nacimiento.
“Fue algo que no teníamos previsto. Incluso dudábamos si era una cría o dos; al final nacieron gemelitos”, comenta. Lo más revelador fue que este proceso ocurrió sin las condiciones que antes se creían indispensables, lo que lo llevó a cuestionar ideas previas y comenzar a observar, registrar y aprender.
Cuando Samani empezó a funcionar, no existían referencias técnicas claras. “No había bibliografía, ni técnicos, ni especialistas que orientaran este proceso”, señala Juan José, quien resalta que el desafío no solo es criar, sino hacerlo correctamente.
A partir de la experiencia, el zoocriadero consolidó un manejo orientado a la reproducción en cautiverio. Los majaces comenzaron a adaptarse y a vivir más tiempo, llegando incluso a superar los 14 años de edad, lo que evidencia condiciones adecuadas de crianza. “Si no hubiéramos tenido ese cuidado en el manejo, no habrían llegado a esa edad. Verlos envejecer también es una satisfacción”, comenta.
Actualmente, el establecimiento cuenta con 53 ejemplares bajo manejo directo, destinados a la reproducción y comercialización en pie, demostrando que es posible desarrollar esta actividad de manera organizada y conforme a la normativa vigente. En este proceso, el acompañamiento técnico del Osinfor resultó clave para mejorar aspectos como la organización de los recintos, los registros de manejo, la alimentación y el monitoreo sanitario de los especímenes.
En Samani, los majaces descansan tranquilos en sus ambientes. Afuera, continúan enfrentando múltiples amenazas, pero aquí se construye una alternativa que apuesta por reducir la presión sobre esta especie y demostrar que sí es posible aprovechar la fauna silvestre sin poner en riesgo su permanencia en el bosque.
