Los Premios Summum 2025 reconocieron como mejor productor agrícola al arequipeño John Percy Luján Monge, quien cultiva algo más que olivos en el distrito de Acarí, provincia de Caravelí, región Arequipa: cultiva paciencia. Desde hace más de quince años, sus manos conocen el lenguaje de los olivos, árboles que tardan cinco años en dar fruto y toda una vida en hacerse parte de quien los cuida.
“Es una pasión, un trabajo hermoso, que requiere mucha espera y que hago con orgullo”, dice. En cada poda, en cada riego, sabe que está cuidando una herencia que quiere dejar intacta para sus hijos. Entre marzo y junio, la cosecha marca el pulso de sus días. Primero, la aceituna verde, destinada a rellenos y presentaciones gourmet; luego, la negra, que madura despacio hasta que el sol la oscurece y el tiempo le da carácter. Cada fruto pasa tres meses en reposo, sumergido en agua y sal, para que la amargura se rinda y deje paso al sabor.
John, de 48 años, dirige Mi Vallemol, una marca que viaja a Ica, Lima y Arequipa, llevando no solo aceitunas, sino también aceite de oliva, hecho con una máquina que procesa 200 kilos por hora. Sueña con una más grande, que le permita atender la demanda de la temporada y abrir la puerta a nuevos mercados.
En su trabajo, la inversión nunca termina: envases, presentaciones, mezclas con ajo, pimiento o hierbas. Cada innovación es un desafío y una oportunidad. Pero no está solo. Rosa, su esposa, y sus tres hijos, le dan manos, ideas y esperanza.
Quiere llegar a las ferias agrocampesinas de Lima, donde sus hijas Taina y Johana, quienes venden, puedan mostrar el sabor de Acarí al Perú entero. Porque John no ve en cada aceituna solo un fruto: ve la historia de su tierra, el eco de las raíces, la paciencia del campo y el orgullo de un oficio que se mide en estaciones, pero se recuerda por generaciones. En cada frasco y cada botella viaja un pedazo de su vida. Y mientras haya olivos en pie, su historia seguirá oliendo a tierra, sol y mar.
