A sus 37 años, Carmen Ayala Hilario ha logrado posicionar su emprendimiento acuícola más allá del distrito de Pichari, en la región Cusco, llevando su producción de paco a nuevos mercados a nivel nacional. Actualmente, produce más de siete toneladas de este pez al año y, recientemente, concretó su ingreso a mercados de la región Apurímac, consolidando más de una década de trabajo en esta actividad.
Inspirada por el legado de su padre, piscicultor con amplia experiencia en la zona, inició su emprendimiento con un solo estanque. Con disciplina y aprendizaje constante, logró expandir progresivamente su producción hasta contar hoy con 12 estanques en funcionamiento, fortaleciendo sus capacidades en el manejo acuícola y mejorando la calidad y el rendimiento de su producción.

El acompañamiento de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) fue fundamental en este proceso, mediante la entrega de insumos, materiales y asistencia técnica especializada que permitieron optimizar su actividad productiva. Este trabajo se enmarca en la implementación de la Política Nacional contra las Drogas al 2030, que promueve el desarrollo alternativo como una estrategia para generar ingresos lícitos y sostenibles en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem).
Como resultado, Carmen pasó de vender en ferias y mercados locales a comercializar al por mayor en mercados de Ayacucho, Lima, Ica y, recientemente, Apurímac. Asimismo, forma parte del programa nacional “A Comer Pescado” del Ministerio de la Producción, lo que le permite ampliar sus oportunidades de comercialización y posicionar su producto en nuevos mercados. Este avance es posible gracias al acompañamiento de Devida, que fortalece la articulación comercial y facilita su acceso a nuevos espacios de venta.

Para Carmen, la acuicultura no solo representa una fuente de ingresos, sino también una oportunidad para fortalecer su entorno familiar. Madre de dos hijos, destaca que esta actividad le permite compartir más tiempo con ellos y transmitirles conocimientos y valores. “La acuicultura es mi mundo, me permite estar con mis hijos y salir adelante”, afirma.
Con una visión de futuro clara, proyecta tecnificar su producción e incursionar en la comercialización de pescado procesado orientado a nuevos canales, como los supermercados. Su historia refleja cómo el desarrollo alternativo en el Vraem permite transformar iniciativas familiares en negocios sostenibles, generando oportunidades reales de crecimiento económico y bienestar para las familias del valle.
