En las montañas de Ayacucho, donde la neblina despierta antes que el sol y el aire huele a tierra húmeda, una mujer siembra el futuro de su familia. A más de 2800 metros sobre el nivel del mar, en la comunidad campesina de Chiquintirca, vive Nilda Ircañaupa Yaranga, caficultora que ha convertido el trabajo diario en un acto de fe. Por su dedicación, fue reconocida como la mejor productora de café del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) en los Premios Summum 2025.
Hace dos décadas decidió cambiar la papa, las habas y el maíz por el grano que hoy llena de aroma su casa y su comunidad. En sus tres hectáreas, donde crecen variedades como Geisha y Limaní, Nilda encuentra la inspiración para seguir adelante cada mañana.
“Con el café hemos cambiado nuestra vida”, dice con voz serena. Madre de siete hijos, sabe que cada planta cultivada ha sido también un ladrillo en el camino de la educación. El mayor, de 25 años, logró convertirse en profesional; los demás siguen sus pasos. El más pequeño, de apenas 6, crece rodeado de cafetales que son, a la vez, herencia y promesa.
Ella, de 42 años, solo llegó hasta cuarto de secundaria. En el Perú, apenas una minoría de caficultores alcanza la universidad; la mayoría se queda en secundaria o primaria. Por eso, cuando ve a sus hijos estudiar, siente que el café les abrió un futuro que a ella le fue negado.
Cada jornada comienza a las siete y media de la mañana. Junto a su esposo, se dedica a la cosecha. El esfuerzo constante se refleja en sus cafés, que alcanzan hasta 89 puntos, un orgullo que la ha llevado a conquistar mercados internacionales gracias a la Asociación de Productores Agroindustriales Piwcac – Ccajadela.
Su café ha llegado a Europa y a los Estados Unidos. Sin embargo, Nilda guarda un anhelo cercano: “Quiero que nuestro café llegue a Lima, que la gente lo conozca y lo valore”.
“El café no me quita el sueño, me da vida”, comenta con una sonrisa, mientras recuerda que sus padres también dedicaron su vida a la tierra.
Su esposo es su gran compañero y quien la motiva a seguir mejorando. Para ella, el café es mucho más que un cultivo: es el futuro.
