Los tubérculos constituían el 69 % de la canasta alimentaria en el imperio incaico, probablemente, porque estos productos se conservaban durante buen tiempo debajo de la tierra, lo que no ocurría y ocurre, por ejemplo, con los cereales que por estar expuestos a la intemperie corren el riesgo de ser afectados por la lluvia, las heladas, intensos solazos.
Uno de los tubérculos que se consumía en el antiguo Perú era la mashua o izaño (Tropaeolum tuberosum), milenario cultivo ecológico de los Andes, que tiene propiedades funcionales o nutracéuticas, es decir, nutritivas y medicinales. Es rica fuente de carbohidratos, minerales, vitamina C y proteínas y en el caso de la variedad negra, gran cantidad de antocianina.
Tanto en características fenotípicas y genotípicas, el izaño es parecido a la oca, por lo que se podría decir que son primos cercanos. Sin embargo, en sabor, a diferencia de la oca, la mashua tiene un sabor acre y algo picante, debido a un compuesto bioactivo denominado isotiocianato, también presentes en el rabanito, el brócoli crudo.
Rica en vitamina C
De acuerdo con el libro “Alimentos del Perú: Propiedades nutritivas y farmacológicas”, del Dr. Elmo León Canales, la mashua lidera la lista en vitamina C, entre todos los tubérculos, así como en carotenos, en este caso, la variedad amarilla.
Mejor antioxidante
De acuerdo con la misma publicación, en la mashua negra se han hallado 11 diferentes antocianinas y diversos tipos de fenoles, principalmente, quercitina, un fitonutriente que se encuentra también en la cebolla, las uvas, las manzanas, los cítricos, el brócoli, la col rizada, el tomate o el vino tinto, entre otros. Este componente es un potente antioxidante y actúa protegiendo al organismo de los radicales libres que desencadenan enfermedades y aceleran el envejecimiento. Tiene un poder antioxidante superior al de las vitaminas C y E.
Previene la prostatitis
Asimismo, contiene elementos que inhiben la producción de hormonas masculinas, que provoca la disminución del apetito sexual, por lo cual, en el incanato se les alimentaba con este tubérculo a los soldados que iban a las guerras o estaban alejados de sus parejas.
Asimismo, en la medicina tradicional la mashua negra es empleada para prevenir y/o tratar cuadros de prostatitis.
Antibacterial y antifúngico
Muchos no lo sabían, pero este tubérculo tiene un componente que actúa como antibacteriano e inhibe a Cándida albicans, hongo que provoca comúnmente infecciones vaginales.
Más allá de ello, la mashua, especialmente la variedad negra, no solo retarda el envejecimiento prematuro del consumidor, sino también sirve para prevenir y/o tratar afecciones coronarias, ciertos tipos de cáncer, cuadros inflamatorios, como la artritis; diabetes y alergias; así como para mejorar la visión, enfermedades hepáticas y renales (anticálculos) e infecciones génito-urinarias, además de combatir a la anemia.
En razón de lo reseñado, los especialistas recomiendan un consumo moderado de este tubérculo, ya sea sancochada, en jugos, ensaladas.

