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Hay que revertir la dependencia alimentaria

Escribe:  Ing. Agr. Alipio Canahua Murillo, profesor de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional del Altiplano, Puno, y especialista y consultor en sistemas agrícolas andinos   

Ing. Agr. Alipio Canahua Murillo, profesor de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional del Altiplano

Primero, fue la pandemia de la covid-19 y luego el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que han elevado los precios de los productos agroindustriales como la harina de trigo, la soya y el aceite, el arroz, la leche enlatada, el azúcar, pollo, licores, etc.; cuyos insumos y combustibles para producir y procesar, nuestro país importa en grandes cantidades para atender la demanda interna.

En materia de precios

Entretanto, nuestros productos, costeros andinos y amazónicos, mantienen sus precios estancados. No obstante, el incremento de los costos del transporte y los precios altos de diversos insumos y servicios. Dentro de los productos originarios tenemos: tubérculos: papas nativas frescas y procesadas en chuño, tunta, papa seca y  tocosh; oca y  mashua; fuentes principales de carbohidratos, minerales y vitaminas. Granos: quinua, kiwicha, kañiwa, tarwi o chocho, maíz amiláceo, frijoles, etc.; fuentes principales de proteínas con buen balance de aminoácidos esenciales, fibra para la buena digestión, minerales como el hierro para evita la anemia, vitaminas y carbohidratos (Tabla Nº 1). Raíces: arracacha, yacón, yuca, achira, chagos, ajipa y maca, también ricas fuentes vitaminas, minerales y antioxidantes. Frutales: aguaymanto, camu camu, sachatomate, palta, piña, papaya, tomate, tumbo, aguaje, cacao, cocona, sacha inchi, etc.; ricos en vitaminas, antioxidantes, azucares y laxantes. Carnes: de cuy, alpaca y llama, productos ricos en proteína, bajo contenido de grasas saturadas y colesterol.

Contenido nutricional de granos andinos, cereales y leguminosas

Según cifras oficiales de Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) e INEI, cerca del 80 % de estos productos provienen de la   agricultura y ganadería familiares y de sistemas agroecológicos, cuyo principio fundamental es la conservación del ambiente, de la agrobiodiversidad, uso mínimo de agroquímicos y predominancia de una cultura alimentaria tradicional; aspectos importantes para la resiliencia y desarrollo tecnológico, para las futuras generaciones, frente a amenazas latentes como el cambio climático, la desnutrición, la anemia y pandemias como el covid-19.

La pandemia ha desnudado la pobreza de los hábitos alimenticios urbanos, basados en alimentos agroindustriales, procesados, con predominancia de carbohidratos y con preservantes, colorantes y saborizantes no aptos para la salud, los cuales  predisponen al organismo al  sobrepeso, colesterol elevado, diabetes, infartos, entre otros.

Calidad de alimentos originarios

En las zonas rurales de los Andes y la Amazonía, hay evidencias muy objetivas de que, con una dieta alimentaria-nutricional, con base a productos locales, se fortalece el funcionamiento regular del organismo y al sistema inmunológico de los pobladores, por el aporte de elementos esenciales como proteínas vitaminas, minerales, antioxidantes, carbohidratos y anticuerpos neutralizadores.

Por ejemplo, los granos andinos contienen mayor cantidad de proteínas con un balance de aminoácidos esenciales como lisina, metionina, treonina y triptófano; hierro para prevenir la anemia y fibra para una mejor digestión (Tabla Nº 1). Según estudios biomédicos, se confirma que el consumo del tarwi disminuye los niveles de azúcar (glicemia) en pacientes con diabetes tipo 2, caso similar sucede con el yacón. Según investigaciones científicas recientes sobre covid-19, es altamente probable que, la carne y sangre de la llama y/o de la alpaca, producen anticuerpos neutralizadores para proteger y eliminar infecciones virales y bacterianas.

De manera que, con una dieta balanceada hacemos que, nuestro organismo, no sea vulnerable a enfermedades infecciosas y carenciales. Por lo que, según especialistas en nutrición humana, estos alimentos son considerados como alimentos nutraceúticos, es decir, que además de nutrir, tiene efectos terapéuticos.

La alimentación en el incanato

Sobre el particular, el científico peruano Santiago Erick Antúnez de Mayolo Rinning, en su libro “La nutrición en el Antiguo Perú”, afirma que, “Los conceptos y practicas nutricionales de los incas, exceden a lo requerido y recomendado por los más avanzados conocimientos científicos y tecnológicos contemporáneos”. Por otra parte, según fuentes históricas, las culturas prehispánicas como la Inca y Azteca, desde el siglo XVII, contribuyeron con sus productos para salvar a Europa y Asia de hambrunas y pandemias, con alimentos como la papa, frijoles, maíz, kiwicha, maní o cacahuate, tomates, paltas o aguacate, etc.

Y, en el contexto actual, donde las amenazas latentes globales son el cambio climático, la desnutrición y las pandemias, la agrobiodiversidad andina y amazónica es considerada como alternativa potencial para superarlas. En este entendido, recientemente, el Centro Internacional de la Papa (CIP) acaba de publicar el interesante libro “Los Andes y los 50 Alimentos del Futuro”.

Los migrantes cambian sus hábitos de consumo

Lamentablemente, los avances en el desarrollo agrícola y niveles de alimentación y nutrición que alcanzaron las culturas prehispánicas, fueron abandonadas con la invasión española. No obstante, en el medio rural, los conocimientos tradicionales del cultivo y crianzas andino-amazónicos; así como una cultura alimentaria y nutricional con base a los productos locales se transmitieron de generación a generación, los mismos que, en la actualidad son revalorados y reconocidos como patrimonio de la humanidad por la FAO.

Pero, primero con la transculturación y luego con la creciente migración del campo a la ciudad, la dieta alimentaria, están en un proceso de cambio, con la priorización del consumo de productos altamente procesados y quimificados que afectan a la salud.  Es así que, la tendencia del consumo per cápita de alimentos agroindustriales va en aumento, a diferencia de los alimentos andinos, con tendencia a la baja (Ver Tabla Nº 2).

Soberanía alimentaria

De manera que, con base a estos antecedentes y hechos, esta crisis, producto de la dependencia alimentaria y conflictos sociales, es una oportunidad histórica para que el Estado genere políticas, inversiones y acciones eficaces, en la perspectiva de una soberanía alimentaria-nutricional sostenida.

Reactivación del desarrollo agrario

Todo lo cual, debe traducirse en la reactivación del desarrollo agrario sustentable con generación de tecnologías apropiadas para incrementos reales de producción y productividad, en cada una de las regiones del país y, en forma simultánea, el consumo per cápita sostenido de nuestros productos costeros, andinos y amazónicos, con base a una política de Educación Alimentaria – Nutricional, con identidad cultural y autoestima; desde los niveles inicial hasta superior.

Tengamos esperanza, en el surgimiento de líderes políticos, con visión de estadista, para revertir la dependencia alimentaria y conflictos, convirtiéndola en una Soberanía Alimentaria y Nutricional, como base del desarrollo humano y paz.

 

 

 

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