Las anomalías climáticas y el aumento de las temperaturas asociados al fenómeno El Niño plantean un desafío para la industria alimentaria y agroexportadora en el Perú. En un contexto en el que el calor extremo puede acelerar el deterioro de alimentos altamente perecibles, como arándanos, uvas, paltas, mangos, espárragos, pescado fresco y productos avícolas, la cadena de frío deja de ser únicamente un servicio operativo y adquiere un papel estratégico para la seguridad alimentaria.
De acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la FAO, en América Latina y el Caribe se pierde o desperdicia alrededor del 11,6 % de la producción de alimentos, equivalente a aproximadamente 220 millones de toneladas al año. De estas pérdidas, cerca del 21 % ocurre durante las etapas de manejo y almacenamiento.
A nivel global, un informe conjunto de la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que la falta de infraestructura de refrigeración adecuada contribuye a la pérdida de aproximadamente 526 millones de toneladas de alimentos al año. Asimismo, se estima que la implementación de cadenas de frío adecuadas en los países en desarrollo permitiría recuperar hasta 144 millones de toneladas de alimentos anualmente.
Frente a este escenario, Emergent Cold LatAm, proveedor de soluciones logísticas a temperatura controlada, comparte una serie de recomendaciones bajo su enfoque de Cold Economics (Economía del Frío) para contribuir a la protección de la cadena de suministro nacional:
- Aplicar tecnologías de ultracongelación especializadas
Para preservar la calidad de los alimentos, es importante utilizar tecnologías de ultracongelación adaptadas a las características de cada producto. En frutas y hortalizas destaca el IQF (Congelamiento Rápido Individual), que congela cada pieza de manera independiente y permite conservar sus características de textura y calidad.
En el caso de proteínas como pescado, pollo y pavo, el Blast Freezing (congelamiento rápido) permite reducir rápidamente la temperatura del producto y contribuir a mantener su inocuidad y calidad.
- Exigir trazabilidad digital y monitoreo
Exportadores y productores deben trabajar con operadores logísticos que cuenten con sistemas de monitoreo continuo y trazabilidad térmica en tiempo real. Estas herramientas permiten detectar variaciones de temperatura y adoptar medidas oportunas para reducir riesgos durante el almacenamiento y transporte.
- Descentralizar inventarios y utilizar centros logísticos estratégicos
Las lluvias intensas y los huaicos pueden afectar el transporte terrestre y generar interrupciones en el abastecimiento. Por ello, las empresas pueden evaluar la distribución de inventarios en centros logísticos estratégicos, ubicados cerca de los principales puertos, como el Callao, y de las zonas de consumo.
Esta estrategia permite contar con alternativas ante eventuales interrupciones de las rutas de distribución y reducir el riesgo de desabastecimiento.
- Utilizar infraestructura ecoeficiente
El incremento de las temperaturas ambientales puede elevar el consumo energético de las cámaras frigoríficas necesarias para mantener condiciones estables de conservación. En ese contexto, contar con infraestructura eficiente y sistemas de respaldo energético contribuye a reducir riesgos operativos.
Entre las alternativas se encuentran el uso de paneles solares y tecnologías orientadas a mejorar la eficiencia energética de las instalaciones.
- Contar con certificaciones internacionales de calidad
En escenarios de disrupción climática, disponer de instalaciones que cumplan estándares internacionales de seguridad e inocuidad alimentaria puede contribuir a mantener la calidad de los productos y la continuidad de las operaciones.
Entre las certificaciones y esquemas mencionados se encuentran BASC y HACCP, así como estándares de construcción sostenible como EDGE Advanced y Zero Carbon.
Lars Reyes, gerente general de Emergent Cold LatAm en Perú, destacó que la cadena de frío debe ser considerada una inversión estratégica para la continuidad de las operaciones y la protección de los alimentos.
“La cadena de frío no es solo tecnología para conservar alimentos; es la infraestructura invisible que sostiene la economía peruana en momentos de emergencia climática. Contar con el aval de certificaciones internacionales o sellos de sostenibilidad no es solo un trámite, es el respaldo que demuestra que nuestras plantas operan con estándares globales. Al evitar la merma, protegemos los márgenes del productor, aseguramos la competitividad de las agroexportaciones y garantizamos que los alimentos sigan llegando sanos, frescos y seguros a las mesas de las familias peruanas”, señaló.
